Estimular vs interactuar: distintas miradas sobre el movimiento en los bebés

En general se habla de estimular tempranamente a los bebés cuando están aprendiendo a gatear y a moverse, pero pocos conocen la otra corriente, la del acompañamiento y juego libre.

Solemos escuchar que la estimulación es la mejor manera de ayudar a los bebés en su crecimiento. Sin embargo, hay estudiosos que sugieren que es exactamente al revés. Es el caso de Emmi Pikler , una pediatra formada en Viena que ejerció en Budapest en 1930, promoviendo el desarrollo motor autónomo. Su mirada considera a los niños como seres activos con iniciativa propia, dotados con una programación genética que hace que el aprendizaje se produzca de manera perfecta.

El pensamiento consensuado se centra en resultados visibles, conla idea de que cuanto más estimulado sea un niño más expandirá su potencial. Y muchas veces ocurre lo contrario.

Consecuencias negativas de sobreestimular

* Los niños estimulados muchas veces empiezan a centrarse en lo que el adulto espera de ellos; lo que los lleva a perder su propio eje.

* La exigencia se transforma en un estado permanente de alerta, porque a partir de ese momento estarán siempre preguntándose si hacen las cosas bien o no, y si serán aprobados o no.

* Es importante recordar que en todo proceso vital está en juego el afecto; el bebé, entre otras cosas, hará lo que sea para sentirse amado y aceptado.

* Los procesos son lo más importante y, si están bien llevados a cabo, los resultados vendrán solos. Si los forzamos, a veces redunda en lo contrario.

Criar según «modas»

La cultura, las modas, recomiendan formatos y estímulos. Antiguamente, era envolver a los bebés como momias; ahora estas prácticas son menos invasivas, como poner al bebé boca abajo o sentarlo entre almohadones. Anticipan un proceso cuyo resultado se dará de todas maneras de forma espontánea.

El error de lectura es que cuando el niño lo hace, el adulto cree que fue gracias a sus intervenciones. Y verdaderamente fue a pesar de éstas. Lo peligroso es que al interrumpir el proceso del desarrollo -la motricidad autónoma- los niños que, por ejemplo, fueron sentados de manera anticipada, rara vez logran gatear.

El gateo es una fase muy importante del despliegue de la motricidad autónoma, porque son los movimientos precursores de la marcha que a su vez se integran en el cerebro para intervenir en otros procesos como en el lenguaje. Al inhibir la posibilidad de que el niño gatee, entonces también se dificultan otros procesos de adquisición de habilidades.

Otra consecuencia perjudicial de la intervención es la frustración que experimenta un niño por no poder hacer lo que hacen otros. También la sensación de necesitar ayuda porque «estando solo no me sale». Y, por último, la instalación de un patrón de exigencia constante de tener que brindar un resultado para satisfacer a mamá en lugar de respetar tiempos y necesidades propias.

Gatear, estar acostado, rolar

Las prácticas adecuadas para posibilitar un desenvolvimiento óptimo, en este caso de la motricidad (pero que tiene impactos en otras áreas), son: dejar al bebé acostado en una colchoneta en posición boca arriba, sin medias y sin guantes, porque los pies y las manos en este momento del desarrollo tienen exactamente la misma capacidad sensorial y motriz.

Si si el adulto cree que el bebé siente frío por los pies, es en realidad el mismo frío que siente por las manos. Los bebés pequeños no caminan y no están apoyados en el suelo frío, por lo tanto, si las manos no necesitan protección, tampoco lo necesitan los pies, dado que están a la misma altura del cuerpo, a la misma distancia del corazón y a la misma exposición.

De hecho, tanto en los pies como en las manos, durante el primer año de vida, hay innumerables terminaciones nerviosas que se ocupan no solamente de la sensorialidad sino del sentido de la propiocepción. La propiocepción nos permite registrar al cuerpo por dentro, el esquema corporal tiene que ver con él y no solamente a nivel de la postura sino de la capacidad de acción, de los movimientos. Por lo tanto, tener los pies cubiertos resulta perjudicial porque inhibe la capacidad fisiológica que necesitan desarrollar para llevar a cabo otras acciones como el sostén, el equilibrio, la coordinación del gateo y, más adelante, la marcha, con efectividad.

Y un dato más: está comprobado que si los pies no pueden ejercer este empuje y sostén, son las manos las que se encargarán de complementar dichas acciones. Pero las manos tienen otras tareas, como la de captar elementos, y permitir al niño conocerlos, investigarlos y desarrollar habilidades cognitivas como el pensamiento, el razonamiento, las deducciones, etc. Si las manos deben ocuparse de lo que le corresponde a los pies, entonces se impide su verdadero potencial con su consecuente impacto en el cerebro y, en este caso, la inteligencia.

Cuanto más rico es el desarrollo motriz inicial, mayor es el impacto en la motricidad fina y gruesa, cuyas funciones son totalmente distintas y apuestas. La fina se orienta a la manipulación de los elementos cotidianos -comer con cubiertos, vestirse, manipular objetos complicados, tocar un instrumento-. Mientras que a la motricidad gruesa se deben las posturas, los cambios en el espacio y los desplazamientos, que son el resultado final de millones de ensayos y errores que hicimos para lograr una optimización de los resultados.

Si los niños desarrollan estas destrezas de manera no competitiva, es fuente de gran satisfacción.

Entonces, volviendo a lo que decíamos, desde la posición horizontal, el bebé logrará ir rolando y cambiando de posición; boca arriba – boca abajo, cuando sienta que domina el peso de su cabeza en la transición, y lo hará solo. La cabeza no solo es sostenida por el cuello sino por toda la columna. Y desde esta posición boca abajo es que logrará reptar, luego gatear y finalmente sentarse.

¿Interacción o estimulación?

Lo que este enfoque propone es interactuar en lugar deestimular. No forzar posturas en el bebé o niño, sino hacer las cosas en forma conjunta. Que haya un diálogo, un contacto visual, un relato por parte del adulto de lo que hace y hará con él -medidas anticipatorias que le permiten prepararse emocional y físicamente-.

En este marco también se encuadra el juego libre, y de ahí su importancia. Porque es un espacio en el que el niño puede desplegarse en libertad, conocerse a sí mismo y vincularse con los demás y el entorno.

Autora: Melina Bronfmanespecialista en desarrollo infantil, crianza respetuosa y fisiológica, musicoterapeuta y eutonista. Ofrece espacios de juego libre para familias en su Centro Materpater.

 

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