“La importancia de la mirada del adulto, para  conocerse y conocer el mundo”

El bebé se siente valorado, cuando se lo valora por lo que es. Cuando el adulto detecta los crecimientos, logros, desarrollos  de su bebé y se los hace notar con alegría, se sentirá valorado por sus padres  y valorado por si mismo.  La importancia de reflejar lo que el niño va descubriendo, lo que va pudiendo, inventando, las cosas que va transformando en su juego, sus propias creaciones, iniciativas hace que usted este construyendo su valoración.

El adulto es un espejo, cuando sonríe frente a un logro del pequeño, lo ayuda, refuerza  su  confianza, lo habilita a que viva sus experiencias las que le permitirán alcanzar nuevos aprendizajes.  Los mensajes parten a partir de observar y respetar las iniciativas del bebé. El simple hecho de estar atentos, acompañar, revelar sus logros, brindándole reconocimientos de sus capacidades de hacer, tiene un poder muy importante para el niño que confirma que es y que es reconocido. Se siente considerado, seguro de sus posibilidades, y se despierta en él un espíritu aventurero. Crear un ambiente para que él desarrolle sus propias iniciativas, es darle la oportunidad de  acumular vivencias y experiencias, algunas sobre el mundo y otras sobre si mismo.
” Los arboles no crecen tirando de las hojas”. J. Miguel Hoffman

Día del Pediatra

Las profesionales de Crianza Feliz queremos saludar a todos los pediatras que desde su valioso rol, asisten, contienen y acompañan a los padres durante el desarrollo de sus hijos, cuidando y velando por la salud y bienestar de su pequeños pacientes.

Los Abuelos

Los abuelos suelen estar cargados de experiencias y sabiduría. El arte de ser abuelo aporta amor, valores, trasmite cultura. Oralmente dan a conocer mitos, leyendas, los juegos que ellos jugaban cuando fueron niños. Trasmiten valores culturales y familiares, base fundamental en la formación de los niños, lo que, a su vez, representa una gran soporte funcional para los individuos y para la sociedad. Cuando los abuelos le cuentan a sus nietos una historia del pasado, les estan brindando una nueva dimensión, permitiéndoles dar rienda suelta a la fantasía, a soñar, conocer nuevas palabras o ampliar el vocabulario, viajar … La continuidad de la tradición está vinculada con las historias que solo los abuelos pueden contar. Se aprenden de ellos canciones, adivinanzas, oraciones, rimas, al mismo tiempo valores sobre la religión, valores a la Patria, al prójimo, el respeto por la vida, la tolerancia, el respeto por el otro, etc. Cuentan muchas veces, con el tiempo suficiente para contar sus vivencias, aventuras, las historias que escucharon de sus antepasados, como era la ciudad cuando fueron niños y jóvenes, la forma de trabajar, que se comía, como se vestían o divertían.

La responsabilidad de la crianza de los niños no es del abuelo o la abuela, es de los padres: los abuelos son excelentes acompañantes en la crianza.

Los abuelos pueden proporcionar a los padres oportunidades para salir sin los niños, con la tranquilidad que el proceso de crianza continuará como ellos lo han delineado.

Entre abuelos y nietos hay una fuerza intergeneracional maravillosa, vale la pena aprovecharla, sacarle el jugo; es una fuerza que les permite cumplir su principal función, la de respaldar a los padres en el proceso de crianza.

Invitemos y propiciemos el espacio para que los abuelos cumplan su función y desplieguen su amor.

Día Mundial del Cáncer de Mama

En el día mundial del cáncer de mama, nuestro reconocimiento a todas las mujeres que con fuerza, optimismo y valentía se enfrentan día a día a esta enfermedad sobreponiéndose a momentos de grandes incertidumbres con entereza, luchando por superar este obstáculo, entregándose al tratamiento indicado, apostando a la vida. Con el fin de hacer eco de las campañas de lucha contra esta enfermedad, en Crianza Feliz queremos reforzar la importancia de la prevención realizándose los controles indicados y necesarios. Desde nuestro rol, sentimos un profundo orgullo y admiración por aquellas mujeres que atravesaron la enfermedad y luego apostaron con esperanza a la maternidad y a la lactancia; así como a aquellas mujeres a las que la vida sorprendió teniendo que encarar un destete intempestivo con la aparición de la enfermedad pero siguieron nutriendo con el corazón.

Enseñarás

Enseñarás a volar…pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar…pero no soñarán tus sueños.
Enseñarás a vivir…pero no vivirán tu vida.
Enseñarás a cantar…pero no cantarán tu canción.
Enseñarás a pensar…pero no pensarán como tú.
Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, sueñen,vivan, canten y piensen…
¡Estará en ellos la semilla del camino enseñado y aprendido!

Madre Teresa de Calcuta

Los sentidos. El Tacto.

El conocimiento científico que hoy tenemos sobre la vida intrauterina es tan amplio que nos permite preguntarnos todo lo que podemos hacer por ese niño aún mucho antes de nacer. Hoy en día ya no hay duda que el bebé en el útero es un ser humano consciente que reacciona y lleva una activa vida emocional. Puede ver, oír, experimentar, degustar y, de manera primitiva, incluso aprender in utero. Lo más importante es que puede sentir.[1]

El bebé en el útero está inmerso en un mundo de sensaciones. La piel es el primer órgano que se desarrolla en el feto y el tacto, el único sentido sin el cual no podemos sobrevivir.

“Ahora bien, la capacidad sensorial de la piel es, de por si, tan extraordinaria que resulta enteramente innecesario exagerar sus virtudes. Todos poseemos cierta capacidad estereognóstica – es decir, la facultad de percibir objetos o formas mediante el tacto – y, en sentido metafórico, la mayoría de los seres humanos llegan casi a “ver” la forma del objeto que están tocando. Las yemas de los dedos son las regiones del cuerpo dotadas de mayor sensibilidad para “leer” la forma de los objetos.”[2]

“La estimulación táctil de carácter afectuoso es, a todas luces, una necesidad primaria, cuya satisfacción representa un requisito ineludible para que el recién nacido llegue a convertirse en un adulto sano.”[3]

Teniendo todos estos conceptos en mente, concluimos que “el contacto es nutritivo” relaja, alivia, estimula, sostiene, contiene, acompaña al bebé y ayuda a la maduración de todos sus sistemas vitales, como el gastro intestinal, el sistema inmunológico, el tono muscular, la respiración. Estimula la circulación sanguínea, el lenguaje, la comunicación. También le da seguridad y le proporciona bienestar tanto al bebé como a su mamá. Es un momento íntimo que favorece el vínculo y el apego, así como la conducta materna.

“Con las experiencias de Klaus y Kennel, quedó debidamente demostrada la importancia que el contacto prolongado con su hijo apenas nacido juega en el desarrollo de este vínculo de apego materno. Este particular vínculo se produce dentro del lapso llamado “período sensible”, entre los primeros minutos y horas de vida. Para un bebé conductas de apego son aquellas que tienden a mantener la proximidad de la madre, tales como el llanto, el chupeteo, la sonrisa, el aferramiento, el contacto ojo a ojo y el seguimiento visual. De ese mutuo apego dependerá la naturaleza del vínculo simbiótico normal e indispensable que se desarrollará entre ambos en los primeros meses de vida.”[4]

Aprender a tocar a su bebé es una herramienta que empodera a la madre, le da seguridad y le permite ahondar en ese vínculo único e íntimo que existe con su bebé.

[1] Dr. Thomas Verny y John Kelly. “La Vida Secreta del Niño Antes de Nacer”.

[2] Ashley Montagu. “El Sentido del Tacto. Comunicación Humana a través de la Piel”.

[3] Ashley Montagu. “El Sentido del Tacto. Comunicación Humana a través de la Piel”.

[4] Dr. Guillermo Rinaldi. “El lactante y su entorno: Vicisitudes del vínculo. Estudio, abordaje y prevención”.

Por qué es buena la lactancia materna (y no sólo para el bebé)

Http iframes are not shown in https pages in many major browsers. Please read this post for details.

Cómo educar niños y niñas felices y seguros

¿Cómo se educan niños felices y seguros? ¿Qué debemos hacer los adultos para que los niños y niñas crezcan felices y seguros? Después de algunas consideraciones la respuesta es: mirar, escuchar, respetar, ofrecer seguridad y dar al juego el lugar que le corresponde.

Mirar, con una mirada verdadera y profunda, viendo no solo lo que hace el niño/a, sino todo aquello que quiere decirnos con sus acciones, gestos y palabras. Mirar más allá de lo evidente y verlo a él o a ella en su conjunto, íntegramente, como un ser único, con unas necesidades y capacidades que no tienen por que ser las nuestras o las de cualquier otro niño/a.

Escuchar más allá de las palabras, sus palabras, conteniendo la necesidad de responder, de ofrecer inmediatamente soluciones. Los niños y niñas (y los no tan niños) necesitan poder expresarse, expresar sus emociones, comunicarse y para que esto suceda es necesario que sientan que se les escucha.

Respetar al niño/a, algo que parece tan obvio ¿verdad? Parémonos un momento a pensar si el respeto que sentimos por los niños y niñas es el mismo que sentimos hacia los adultos. El niño, la niña, tiene pleno derecho a ser protagonista de su desarrollo, como ser activo, como actor y no sólo actuado por otro, como sujeto, y no como objeto, en desarrollo, competente a su nivel, con iniciativas, deseos, aptitudes y proyectos propios. No podemos cargarle con nuestras inseguridades y miedos o con nuestros deseos y expectativas, él/ella debe escribir su historia propia y nosotros debemos permitírselo.

“Muchas veces demandamos el respeto del niño hacia al adulto, pero el respeto debe ser mutuo y el adulto debe dar ejemplo”

El respeto y la empatía deberían conformar nuestro día a día con los más pequeños, deberíamos recordar que son personas, con una historia propia de la que nosotros formamos parte, pero la cual no nos pertenece. Sería muy injusto para ellos negarles su individualidad, su originalidad, la elección de su propio camino.

Ofrecer seguridad física sí, pero también emocional (de esta nos olvidamos la mayoría de las veces, si no siempre). Debemos ayudar al niño/a a poner palabras a sus emociones, contener y acompañar favoreciendo su autonomía y la comprensión del mundo que le rodea. Debemos ofrecerle límites que estructuren, que contengan, límites claros y con sentido, no límites para castigar o “para que aprenda”. El niño, la niña, debe sentirse seguro, confiar en sí mismo y en su entorno.

Y por supuesto, situar en el lugar que le corresponde al Juego, ya que el juego es la manera que tienen los niños de situarse en la vida, de relacionarse, de vivir, de ir asimilando conceptos para después, a su debido momento, situarse en el mundo de los adultos.

“El niño no juega para aprender, sino que aprende porque juega” 

Muchos piensan que se deben realizar puntualmente actividades de juego para desarrollar esta o la otra capacidad, pero lo cierto es que el juego es la forma en la que los niños/as están, son; los niños y niñas necesitan, deben poder, crear y jugar libremente.

El juego es en sí mismo la herramienta de comunicación y expresión que tienen los niños y niñas y la mejor, y única, forma de aprender, porque a través del juego favorecen el desarrollo social, emocional y cognitivo, expresan sus emociones, descubren, comparten y crean.