Por qué el embarazo se cuenta en semanas

Además de contar el embarazo en meses, también es muy común que se cuente en semanas, lo cual puede ser realmente complicado para algunos. Esto ha generado mucha confusión ya que muchos no tienen una idea clara de cómo se debe ir contando el tiempo en el embarazo ni bajo qué parámetros se hace este conteo. Incluso las madres, que son quienes lo viven en primera persona y de forma más intensa, muchas veces no saben ni comprenden el propósito de un conteo en semanas.

Las mismas mujeres no van midiendo el desarrollo de su embarazo en meses, sino en semanas. Lo cierto es que, antes de llegar al embarazo, muchas mujeres no sabrían explicar el porqué de este uso del tiempo sin haberlo experimentado primero. La razones por las que muchas mujeres y profesionales de la salud han decidido medir el desarrollo de la gestación se semanas y no de otra forma sin muy diversas y vamos a explicar algunas de ellas a continuación.

La relación del conteo en semanas y el desarrollo del bebé

Una de las posibles razones por las que algunas embarazadas y doctores se basan en el conteo por semanas es porque, de este modo, es mucho más sencillo saber cómo está desarrollándose el bebé, de qué forma está llevándose a cabo su crecimiento y a qué velocidad lo hace. Es cierto que, en muchas ocasiones, no se tiene la certeza real de cuándo se ha ovulado ni en qué momento se ha llevado a cabo la concepción, por lo cual, no siempre es fácil hacer un cálculo del tiempo del embarazo desde que este inició.

Es por esta imposibilidad de calcular el embarazo tomando en cuenta su inicio que muchos doctores han optado por hacer los cálculos en base a la última menstruación de la madre. Esta práctica se ha generalizado y estas fechas son las que han determinado cuándo se ha producido el embarazo según la opinión de los especialistas. El problema con esto es que la madre está obligada a recordar lo mejor que pueda cuándo fue la última vez que menstruó porque es así como se dictamina cuando se va a producir el nacimiento.

Si tomamos en consideración que el ciclo menstrual en una mujer suele durar unos 28 días y que el proceso de ovulación se produce unos 14 días antes de que vuelva a generarse el próximo ciclo, es posible realizar el cálculo cuando la mujer tiene un mes y medio de haber quedado embarazada. Lo que se está queriendo decir es que la concepción se dio hace cuatro semanas y no seis. Si nos basamos en todo esto, entonces el embarazo como tal solo tiene una duración de 38 semanas y no 40 como siempre hemos pensado.

Conclusión

Para concluir, podemos afirmar que no se puede dictaminar de forma veraz el momento exacto en el que una mujer ha quedado embarazada, y mucho menos aún si esta tiene pareja estable. Es por esta razón que siempre la mejor alternativa será basarse en la medida estándar que es la que se calculará desde la última menstruación.

 

Piel con piel en los nacimientos por cesárea

El Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría ha publicado el documento “Contacto piel con piel en las cesáreas. Aspectos prácticos para la puesta en marcha”, donde se explica el método de actuación y las principales dificultades para realizarlo. Los beneficios del contacto piel con piel entre la madre y el recién nacido están ampliamente demostrados:

  • favorece la transición y la adaptación del bebé a vivir fuera del útero
  • mejora el vínculo afectivo entre la madre y el niño
  • fomenta la lactancia materna
  • aumenta la secreción de una hormona, la oxitocina, que estimula la salida de calostro (la primera leche que producen las mamas) y las contracciones uterinas

La realización del contacto piel con piel precoz se recomienda tras los partos vaginales y también en las cesáreas, siempre que las condiciones de la madre y del bebé lo permitan.

El procedimiento propuesto comienza antes de entrar en el quirófano e incluye la adaptación del quirófano, de manera que quede espacio suficiente para que la madre pueda acoger al niño durante la intervención.

El contacto piel con piel en las cesáreas es una práctica beneficiosa y segura. Un protocolo consensuado entre los servicios implicados favorece su aplicación habitual, para conseguir un entorno similar al que se produce tras un parto vaginal, pero sin olvidar que se trata de una intervención quirúrgica. La implicación del personal es imprescindible.

Actualidad: La moda de desmitificar la maternidad

Últimamente, parece que es ya una tendencia el desmitificar la maternidad. Se comenta a menudo lo equivocadas que están muchas mujeres, antes del parto, respecto a lo que supone tener un bebé. Yo no me sentí estafada cuando llegó mi primera hija, al menos no por las mismas razones que he leído o escuchado. Supongo que tener dos sobrinos mayores que mi niña, y unos padres que durante años relataron lo duro que fue criarnos a mí y a mis hermanos, me creó una estampa poco dulcificada de la maternidad. Pero tengo que reconocer que jamás me hice realmente una imagen mental de que lo que iba a suceder después del parto.

En el año 2002, cuando me quedé embarazada por primera vez, aún no se usaba Google de manera masiva, y eso creo que me mantuvo al margen de esas imágenes idílicas de bebés sonrosados y mamás sonrientes y perfectas que abundan en internet. Por entonces, leía libros sobre maternidad, de cierta calidad, y revistas. Sabía que iba a ser duro, me habían hablado del parto en las clases pertinentes, sabía que ya no iba a dormir mis ocho horas de rigor, que me iban a doler los pechos, que mi cuerpo iba a cambiar. Alguna otra molestia física hubo que desconocía, pero que acepté, ya que fue más o menos pasajera, y no me traumatizó.

La vergüenza de ser madre

Sin embargo, estoy de acuerdo en que hay que dejar claras las cosas, y que hay que presentar la vida de las madres tal y como es, no por elevar una queja sin más, sino por tratar de crear una imagen más ajustada a la realidad, al menos a la de un porcentaje considerable de madres. No quiero ser una aguafiestas, no todas las madres viven el parto y la lactancia de la misma manera, las experiencias son tan diversas como las mujeres que pasan por ello.

Para mí la gran diferencia entre tener hijos y no tenerlos es la responsabilidad que esto conlleva y el cambio tan grande que supone en el estilo de vida de una pareja. Cuando como pareja decidís tener un bebé, tenéis que ser conscientes de que nunca más volveréis a ser solo dos. Parece de perogrullo, pero no lo es. Vuestras prioridades cambiarán, vuestro tiempo de ocio, vuestra vida social, la relación de pareja, el reparto de tareas en casa, la evolución de vuestras carreras profesionales, la economía de vuestro hogar, las vacaciones, la relación con vuestras familias, con vuestros amigos: todo se ve afectado por el paso de ser dos a ser tres, cuatro, cinco, o los que lleguéis a ser. No es que sea malo, pero hay que adaptarse a un nuevo estilo de vida y esto es cosa de los dos, así que es necesaria mucha unión y fuerza para afrontar esta nueva etapa.

Uno de los cambios que más me costó encajar personalmente tras la maternidad fue el hecho de tener a una personita dependiente de mí en todo momento. Ser madre es un trabajo de 24 horas al día por siete días a la semana por 365 días al año para el resto de tu vida. Saber que eres su sustento, su consuelo, que te necesita a más no poder, que es un ser indefenso y que eres responsable de su salud, su bienestar, su desarrollo emocional, su crecimiento y su educación es abrumador. Esa sensación de responsabilidad infinita no la había tenido nunca antes.

Al ser madre creo que se produjo en mí una especie de pérdida de identidad. La mujer que era pasó a ser otra persona nueva, no completamente distinta, pero en constante evolución, en adaptación eterna, en un estado de búsqueda de un nuevo lugar en el mundo, de mi nuevo papel. Necesitaba saber cómo encajar todo aquello con mi vida anterior, sin perderme en el nuevo estado al que acababa de transitar.

Durante los primeros meses después de que naciera mi hija mayor, recuerdo haber perdido la noción del tiempo, estaba tan enganchada a mi bebé y ella a mí que no teníamos horarios, pasábamos tantas horas solas las dos que parecía que solo nos teníamos la una a la otra. No es tan sencillo romper el vínculo de los meses de embarazo, la llegada al mundo no acaba de convertir al bebé en un ser independiente de su madre, el vínculo continúa, y creo que es complicado estar preparada para aceptarlo.

Otro de los sentimientos que recuerdo era la angustia de perderla, de que dejara de respirar. Me parecía tan frágil que apenas dormía, pendiente de que estuviera bien, de que no se atragantara al regurgitar, de que no pasara frío, calor, o hambre. Para mí, lo más duro de esos meses fue no ser capaz de disfrutar de ella, sentir una melancolía constante, salir a dar un paseo y pensar que las otras madres con sus bebés no se veían ni la mitad de agotadas que yo, incluso algunas que no eran primerizas lidiaban con dos niños sin acalorarse, al menos desde mi punto de vista.

Está claro que no estaba preparada emocionalmente. Lo que me habían contado, lo que había leído, se centró más en los cambios físicos y en las molestias que en las emociones. No sé si sufrí una depresión posparto, o si simplemente estaba extenuada de amamantar, pasar 11 horas al día sola con ella y dormir en tramos de dos horas. Deseaba que llegara mi marido de trabajar para tener compañía, para recuperar un poco mi vida anterior, para darme una ducha larga, sin vigilar por el rabillo del ojo al bebé, para volver a ser yo.

No volví a sentirme así después de los otros dos partos, aunque el paso de uno a dos hijos y de dos a tres es un cambio muy importante también. Cuando ya tienes un hijo mayor, este marca unos horarios y unas necesidades que te impiden vivir solo para el bebé recién nacido, así que la llegada del segundo, a pesar de ser prematuro, fue más llevadera. Afortunadamente disfruté la baja por maternidad de él y de la tercera, pude disfrutar de ellos como bebés, y sí que fui capaz de organizar mi vida con tres niños pequeños, algo que en los primeros meses después del primer parto me parecía del todo imposible. Pero con esto no quiero decir ni mucho menos que la experiencia de otras madres vaya a ser como la mía, no pretendo dar consejos ni generar sentimientos de culpa, miedo o incapacidad, simplemente quiero contar una experiencia más.

Pienso que a las madres nos toca reinventarnos constantemente. Al principio te adaptas a tu hijo bebé, después a tu hijo que ya camina, al que va al colegio, al que va al instituto, al adolescente y a lo que aún esté por venir. Conoces a tus hijos casi como a ti misma, sabes si algo les está yendo mal, les está preocupando, si necesitan un respiro, si les exiges demasiado o demasiado poco.

Desmitificar la maternidad puede estar bien, pero tampoco creo que nada de lo que nos cuenten vaya a ser tan importante y significativo como nuestra propia experiencia. Y sobre todo ¿qué época de la maternidad desmitificamos? Porque estoy segura de que nuestras madres, algunas ya abuelas, aún viven experiencias como madres que no son como ellas creían que serían.

Autora: Eva Bailén

Publicado en www.elpais.com

ASÍ ES CÓMO SE ALIMENTA TU BEBÉ DESDE EL VIENTRE MATERNO 

La placenta es un órgano muy complejo que alimenta al feto, libera hormonas y enzimas, cuenta con un espacio con vellosidades donde se realizan funciones metabólicas endocrinas y depende casi completamente de la sangre de la madre.
La placenta se encarga de transportar los alimentos y el oxígeno del sistema circulatorio de la madre hacia el feto y el bebé envía productos de eliminación hacia la placenta. De este modo se produce un intercambio entre la madre y el feto, la circulación sanguínea de la madre y el feto son totalmente independientes.
La comida que tu ingieres va directamente desde tu boca al cordón umbilical, y cuando los alimentos pasan a través de tu aparato digestivo, los nutrientes son absorbidos por el estómago y estos se traspasan hacia el feto al igual que el agua y el oxígeno por el torrente sanguíneo de la madre.
La placenta es un filtro muy eficiente que rechaza elementos nocivos como las bacterias que pueden dañar a tu bebé, sin embargo, el alcohol y la cafeína pueden atravesarla. Por eso es muy importante cuidar tu alimentación.
La comida desciende por el esófago.  En el estómago la comida se descompondrá en glucosa, grasa y proteína. Después de la digestión la comida es absorbida por la sangre. Y pasará de la madre al hijo a través de la placenta. Un filtro muy eficiente, que rechaza elementos dañinos como las bacterias que pueden afectar al feto.
Elementos muy pequeños pueden traspasar la barrera: oxigeno, proteinas, minerales, glucosa, cafeína, vitaminas y alcohol.
Después de pasar al torrente sanguíneo estos elementos van al feto a través del cordón umbilical.
Así es la alimentación de un bebé en el vientre materno.

Fuente: W news Español

Actualidad: La importancia de los relatos de parto

Por Dra. Ibone Olza

Cuando una mujer se queda embarazada, una de las primeras cosas que hace es acudir a la sección de maternidad de una librería en busca de libros sobre el embarazo y el parto. Algunos de ellos transmiten una visión normal y fisiológica del mismo, mientras que otros transmiten una visión medicalizada. Pero en general no suelen recoger algo muy importante: la experiencia de las madres.

Contar el propio parto una y otra vez es una necesidad de las madres recientes (¡y muchos padres!), como lo es escuchar o leer los relatos de otras madres. Es una necesidad universal, de todas las mujeres que han dado a luz recientemente, que se da siempre y en todos los lugares del planeta. La enfermera estadounidense Lynn Callister ha viajado por todos los continentes para investigar por que las mujeres tienen la necesidad de contar sus partos, y ha escuchado y recogido con detalle los relatos de mujeres de distintas culturas y etnias, desde las indígenas guatemaltecas hasta las mujeres jordanas o las campesinas chinas. Su investigación ha demostrado que la necesidad de contar el parto repetidamente en las semanas que siguen al nacimiento es universal: es decir, se da en todas las mujeres independientemente de su cultura, país de origen o religión. 

En la actualidad en la sociedad industrializada, con familias pequeñas, geográficamente dispersas y pocos hijos, a veces hay poco espacio para dar rienda suelta a esa necesidad.  También para escuchar o leer los relatos de otras madres, que a menudo es la única forma de conocer lo que es un parto desde el punto de la experiencia de la mujer y de la psicología del parto  (no solo desde un punto de vista médico o de la fisiología).


Por qué es importante

Las madres recientes tienen la necesidad de contar su parto a otras mujeres, no una sino muchas veces. Esto es así por varios motivos.

madresEl más importante es que contar el propio parto una y otra vez permite ir integrando la experiencia, completar las piezas del puzzle. El parto conlleva un característico estado alterado de consciencia, en el que los sentidos están a flor de piel, se altera la percepción del tiempo, se agudiza la percepción de ciertos estímulos y disminuye la sensibilidad hacia otros. El hecho es que es bastante habitual que no se recuerden claramente algunas partes, y al revivir la historia y contarla, los recuerdos se van ordenando, y cuando es posible contrastando, por ejemplo con la pareja, si él también estuvo presente en el parto, o con los profesionales, si hay la oportunidad de continuar la relación con ellos. Al contar a diferentes personas y en distintos momentos la historia del parto, la secuencia temporal se ordena, se completan detalles olvidados y la historia se va completando.

El estado ampliado de consciencia propio del parto es un efecto de las hormonas del parto: la oxitocina, también llamada la hormona del amor y la confianza, por sus efectos sobre el comportamiento; y las endorfinas, que tienen el efecto de aliviar el dolor y generar bienestar y placer. Son las responsables de que algunas mujeres puedan incluso dormitar entre contracciones. Pero estas hormonas pueden alterar la percepción del tiempo, la memoria y los recuerdos, haciendo que el parto se recuerden como más corto y menos doloroso de lo que fué, y que el dolor se olvide en cuanto termina el parto. En el bebé, las hormonas que se producen de forma intensa al atravesar el canal del parto dan lugar a un estado de alerta especial único en la vida: si los recién nacidos están con su mamá y se sienten seguros, pasan las dos primeras horas de vida en estado de alerta tranquila, muy atentos a su madre, transitando de forma suave a la nueva situación. Este estado se llamada periodo sensitivo, y es esencial para el establecimiento del vínculo. Para las madres, las memorias de esos primeros momentos quedan firmemente grabadas y con todo detalle (aunque los fármacos anestésicos o analgésicos pueden interferir bastante en todo ese proceso).

Según revelan los trabajos de Lynn Callister, en el parto son bastante frecuentes las vivencias espirituales o místicas; las madres afirman sentirse conectadas con la Madre Tierra, con sus antepasadas, con un ser superior, o con todas las mujeres que estaban dando a luz en ese momento … El primer cruce de miradas con el bebé es igualmente vivido como un momento trascendental para muchas madres, de conexión con algo superior difícil de explicar racionalmente. Las mujeres que han vivido un buen parto casi siempre se sienten más poderosas y con mayor autoestima.

Otro efecto de contar el parto a otras mujeres de la familia (madre, tías, hermanas, abuelas) es que se incrementa el sentimiento de pertenencia a la comunidad familiar, de ser el último eslabón de un linaje familiar femenino, de formar parte del colectivo universal de madres. Es normal que cuando una madre reciente cuanta su parto con todo lujo de detalles, las que están escuchando también tengan historias que compartir de sus partos o los de otras mujeres de la familia. El resultado de este compartir relatos es que se teje un saber colectivo que beneficia a todas, especialmente a las más jóvenes, las niñas y las que no han sido madres todavía.

Ibone Olza
Psiquiatra perinatal

Actualidad: Fumar en el embarazo afectaría la fertilidad por dos generaciones

Así lo sugiere un estudio que acaba de ser publicado. El alcance del daño del cigarrillo en la fertilidad femenina no se limitaría a ocasionar dificultades para concebir en una pareja, sino que llegaría inclusive a las nietas de la mujer fumadora.

Mucho se ha estudiado en las últimas décadas sobre el impacto negativo del cigarrillo en la salud en general y en la fertilidad, tanto masculina como femenina. Ahora, una investigación que acaba de ser publicada fue más allá y sugiere que si la mujer fuma durante el embarazo, estaría afectando las chances de concebir, inclusive, de sus nietas.

El estudio, liderado por el Dr. N. J. Camlin y publicado en la revista Human Reproduction, arrojó que fumar durante el embarazo aumentaba el tiempo que lleva lograr la concepción y el tiempo entre los embarazos. Fue un modelo experimental y una investigación realizada en ratones, por lo que se precisa mucha más evidencia para poder afirmar fehacientemente las conclusiones a las que este análisis arribó.

“Lo novedoso es que relaciona el efecto que el humo de cigarrillo genera a nivel celular con los cuadros de subfertilidad en otras generaciones. El daño se daría sobre las células germinales, en este caso, los óvulos del feto femenino en gestación. Se observó que el efecto incidía en los fetos femeninos de la siguiente generación. Es decir, que una abuela que ha sido fumadora podría marcar a nivel celular a su nieta y ésta podría padecer trastornos en su fertilidad. Resulta un campo de investigación interesante, pero que sin dudas necesita ser profundizado y estudiado de alguna manera en humanos”, subrayó la doctora Ester Polak de Fried, médica especialista en Endocrinología Reproductiva y Fertilidad.

Fumar y exponerse al humo de segunda mano aumenta el riesgo de impotencia sexual en el hombre y de alteraciones en la composición de sus espermatozoides. En la mujer, puede ocasionar una disminución en la generación de folículos y en la calidad de los óvulos; puede modificar la función de las trompas de Falopio, la velocidad del flujo sanguíneo en el útero, la actividad del músculo uterino y el desarrollo del embrión antes de que se implante en el útero, perjudicando las chances de lograr un embarazo que llegue a término.

La doctora Ester Polak de Fried, quien además es directora médica del Centro Especializado en Reproducción (CER), aseguró que “es frecuente escuchar que los futuros padres dicen ‘cuando nazca mi hijo, dejo de fumar’, lo cual sin dudas es recomendable. Sin embargo, lo ideal sería que lo dejaran inclusive antes de concebir”.

Junto con la alimentación equilibrada, la realización de actividad física, evitar situaciones de estrés y llevar una vida saludable, no fumar es una de las medidas al alcance de las parejas que buscan un hijo para aumentar sus posibilidades de concebir. No es sencillo, pero se puede.

En ocasiones, se genera un círculo vicioso: si una pareja busca un embarazo y no lo consigue luego de varios meses de intentos, empiezan a aparecer sensaciones de ansiedad difíciles de manejar. En este contexto, la Dra. Polak reconoció que “la sugerencia de dejar de fumar se debe hacer dentro de un contexto, con una adecuada contención y acompañamiento terapéutico, para poder interrumpir ese círculo vicioso en forma efectiva”.

Lo que se aconseja es tratar de modificar algunas conductas para llevar un estilo de vida más saludable y, en parejas jóvenes sin antecedentes que incidan sobre la fertilidad, realizar una consulta con el profesional después de un año de intentar lograr la concepción sin éxito.

La especialista refirió que “entre las parejas que consultan por infertilidad, un porcentaje considerable conseguirá el embarazo simplemente con la modificación de ciertos hábitos de vida. Por eso, siempre recomendamos a los pacientes que dejen de fumar. Claramente, eso representaría una mejora en su estado de salud en general, pero además es uno de los factores modificables para contar con mayores posibilidades de conseguir el embarazo y de que el hijo no padezca ninguna patología”.

Asimismo, el tabaquismo se asoció a fallas de implantación y de abortos a repetición. Fumar durante el embarazo puede obstaculizar directamente el crecimiento fetal y la función placentaria, poniendo en riesgo la salud fetal y produciendo partos de niños con bajo peso o partos prematuros, entre otras complicaciones.

Sin embargo, concluyó la Dra. Polak, “dejando de fumar, muchos de los efectos pueden ser revertidos con el tiempo, lo que brinda esperanzas a aquellas parejas que estén buscando ser padres. Por esta razón, recomendamos hacer todo lo posible para abandonar el cigarrillo cuanto antes, tanto por la propia salud como por la de los futuros hijos”.

Asesoró la doctora Ester Polak de Fried.

Nota publicada en 5/5/17 en Clarin.com / Entre Mujeres / Hogar y Familia / Embarazo

Sabías que?

De acuerdo a investigaciones recientes, se ha descubierto que es el bebé quien activa el parto. Muchos piensan que los síntomas que experimenta la madre que le anuncian el parto, nacen en ella.
La señal que activa el trabajo de parto viene de los pulmones del bebé. En los pulmones del bebé se encuentra el botón que inicia el parto. Los especialistas del Southwestern Medical Center de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, han realizado este hallazgo.
Cuando cae una manzana? Cuando está madura. Por esto los bebés necesitan que éste órgano esté maduro para poder permanecer en el exterior.
A las personas pueden fallarnos otros sistemas y sobrevivir de todas maneras. Sin embargo, si falla el sistema respiratorio entramos en crisis y corremos peligro. Es por ello que el bebé necesita que sus pulmones estén maduros para nacer.
De acuerdo a investigaciones científicas, se considera que los pulmones están maduros cuando están completos los niveles de surfactante pulmonar. El surfactante es un elemento presente en todos los humanos dentro de los alvéolos, su función es la de hacer posible la respiración. Esta sustancia evita que los pulmones se queden totalmente sin aire cuando se vacían al respirar.
Explican los investigadores, que en el útero hay una sensibilidad al incremento de éstas sustancias por lo cual se genera una respuesta. Bien, los pulmones del bebé se llenan de surfactante, en consecuencia aumenta la cantidad presente en el líquido amniótico. Como respuesta, el útero de la madre se inflama y entra en fase de parto.

Hijos de la heroína: los bebés que nacen con síndrome de abstinencia

“El Embarazo: una oportunidad para informarse”

Todos los padres y madres tienen una historia y una vida anterior a la paternidad y la maternidad. Quieren repetir las experiencias favorables. No quieren repetir lo que les hizo daño y les dolió. Ninguna será una madre perfecta, ninguno será un padre perfecto, pero todos pueden trabajar para ser los mejores padres posibles para su hijo. Tener hijos los enfrenta a experiencias nuevas en infinitos sentidos.[1]

Muchos son los beneficios del amamantamiento para el bebé, para su mamá, su familia… para la sociedad en general.

Es importante que durante el embarazo la futura mamá reciba información sobre el cuidado de los pechos, que pueda reconocer el tipo de pezón que tiene: plano, retráctil, umbilicado….

Se habla de la importancia del contacto precoz entre la mamá y su bebé. Estar informada y conocer tus derechos (Ley 25929) te permitirá dialogar con tu médico obstetra para expresarle tus deseos y los de tu pareja en cuanto a tus expectativas en el momento del nacimiento de tu bebé.

Tener una entrevista prenatal con el pediatra y con la puericultora, te ahorrará tiempo y esfuerzo en el momento del alta hospitalaria. Poder conocer a los profesionales que te asistirán y controlarán la salud de tu bebé o te asesorarán en temas de lactancia y crianza, será beneficioso para la vuelta a casa con tu hijo. Esta organización permitirá que Uds., los papás, estén más atentos a los cuidados y necesidades del bebé. Saber quien va a atender a tu bebé les permitirá sentirse contenidos, acompañados, seguros, disfrutando así de un momento único.

Entender sobre la importancia del amamantamiento frecuente, a demanda, informarse sobre el amamantamiento por señales, son puntos de suma importancia para lograr una lactancia satisfactoria. También lo será el conocer el funcionamiento de las glándulas mamarias, de tus pechos, conocer las posiciones para amamantar. Poder diferenciar una adecuada prendida, comprender que el dolor a la hora de amamantar es una señal de alarma, que requerirá de asistencia profesional.

La importancia de evitar el chupete los primeros días para que no interfiera en la lactancia.

Recibir información sobre tu alimentación, descanso, comportamiento esperable de tu hijo, que varíará en especial durante los primeros días.

Estar informada desde el embarazo, te permitirá poder tomar decisiones, evitando alarmarte cuando no fuera necesario y enfocar tu atención en responder a las necesidades de tu hijo.

Considerar la importancia de organizar la dinámica familiar durante la internación materna cuando hay otros hijos, la necesidad de pedir ayuda los primeros días.

Estos y otros son los temas que frecuentemente preocupan a las embarazadas y es por eso que “Crianza Feliz” quiere acompañarte en esta nueva etapa.

[1] Mucho, Poquito, Nada? Guía Sobre Pauta de Crianza. Unicef

El bebé dentro del útero.

La relación con el bebé empieza antes de su nacimiento: cuando la mamá piensa en él o ella, cuando le habla o canta, cuando lo toca a través de la panza, cuando la mamá cuida su salud y renuncia a cosas que le hacen mal a su bebé y a ella también (fumar, beber alcohol, consumir drogas), cuando su pareja la apoya sintiéndose parte de esta experiencia, cuando le hacen un lugar en su casa y en sus vidas.[1]

Durante la gestación se produce un desarrollo, un crecimiento como el hombre ya nunca tendrá. A las 3 semanas el bebé mide 3 cm y pesa 0,94g y sin embargo ya se han desarrollado casi todas sus estructuras, y algunas están funcionando.

Al tercer mes, con un tamaño no mayor que el dedo pulgar de su padre ya es una persona con rasgos y características propias. Antes de que la madre lo perciba el bebé lleva una vida muy activa: mueve el tórax como si respirara, rota la cabeza, patea, mueve sus manos. El bebé flota en una cápsula sin sensación de gravedad, conectado a la placenta a través del cordón umbilical. La placenta y el cordón representan la fuente de la vida.

La vida intrauterina es distinta a la que llevará una vez nacido: está en movimiento casi constante, tiene mucho espacio en el útero, tiene temperatura constante (no sufre frío ni calor), no siente hambre, es alimentado directamente por la placenta por vía endovenosa, a libre demanda.

Las impresiones iniciales que recibimos como seres vivos, al flotar acurrucados dentro del acolchado cálido del interior del útero, son sensaciones de intimidad extraordinarias y únicas. Adquieren esencial importancia para poder comprender los vínculos primarios, la intimidad del niño y su posterior proyección e influencia sobre la vida amorosa de los adultos.

El bebé está lleno de vida y de actividad. El movimiento de sus músculos y articulaciones permite el desarrollo y flexibilidad de su cuerpo que son fundamentales para su vida extrauterina. Cuando no se mueve, duerme. Cuando está despierto explora su pequeño mundo, un mundo que no es oscuro ni silencioso. Este bebé es acunado por los movimientos de su madre.

Dentro del útero hay cantidad y variedad de sonidos. El latido del corazón, el retumbar de los ruidos gastrointestinales, que producen estruendos durante la digestión. El sonido más familiar es el acompasado y rítmico latir del corazón. Luego de nacido el bebé se calma al ser tomado en brazos y ser colocado sobre el pecho materno, escucha el sonido que es para él tranquilizador.

El bebé no necesita la boca para alimentarse, aprende mucho acerca de ella. Manos y cara son zonas de gran sensibilidad, succiona sus dedos, introduce parte de sus manos en la boca, se familiariza con su cara, con sus dedos, con su boca.

Ejercita sus músculos respiratorios, aunque no necesita respirar. Hace movimientos respiratorios con su caja torácica, breves y poco amplios, pero similares a los que realizará al nacer.

Los estados emocionales de su madre contribuyen a su desarrollo. La emoción maternal afecta al feto pero éste es único, tiene individualidad, no son un único cerebro, está protegido, aislado. El feto toma o no las emociones de la mamá, es individual y trae su propio impulso genético para protegerse. Si no existiera esta individualidad los gemelos idénticos serían realmente idénticos en todo sentido. Pero no es así, cada uno tiene sus propias experiencias y sus temperamentos diferentes, la posición dentro del útero es diferente e interactuan entre ellos de diferente manera.[2]

También los sentimientos paternos contribuyen al éxito del embarazo, al sostén, y es un elemento vital de la ecuación del embarazo. El útero es el ambiente donde comienzan los aprendizajes. El bebé una vez nacido no comprenderá las palabras, pero sí el tono de la voz de su madre.

La comunicación promueve el enamoramiento. El bebé escucha permanentemente la voz de su madre, esto le genera seguridad y cimenta su autoestima. Lo hacemos sentir amado, sostenido. El vínculo después de nacido es una continuidad de éste.

La más acabada expresión de la intimidad humana es el embarazo. Intimidad es unión y ésta se genera cuando los individuos establecen “contacto corporal”[3]

[1] Mucho, Poquito, Nada. Unicef

[2] Alessandra Piontelli

[3] Parir y Nacer en el Hospital, Videla M., Grieco, A. Cap. VI.