Helados de leche materna, lo mejor que puede hacer una madre para calmar las molestias dentales

Son rápidos, fáciles de hacer y muy necesarios para sus dolores.

Los helados de leche materna son muy saludables y nutritivos cuando las madres tienen buena salud. Es por esto que se convierten en una excelente alternativa para los bebés que disfrutan de algo diferente, pero por si no sabías tienen otras cualidades.

La leche materna es conocida como oro líquido y tiene componentes potentes que estimulan el sistema inmune y además, atiende a las necesidades de los bebés, pero si la conviertes en helado hará que tú pequeño sienta alivio de los dolores dentales.

Es que sabemos que aquel problema donde se desesperan por su dolor hace que los padres recurran a diversos inventos para poder calmar un poco esto. Así que los helados maternales son una excelente idea porque aliviaran la comezón de las encías y lo afiebrada que la zona pueda estar.

Así que cuando a tu bebé le comiencen a salir sus primeros dientes puedes tomar tus propios recursos naturales para hacer que se sientan mejor. Lo mejor para aliviar es algo frío y nada mejor que si tiene componentes nutricionales que lo mantendrán sano.

Talsa Blackwell, publicó a través de Facebook esta idea y todos la han amado porque calma sus dolores de una manera natural, maravillosa y sin poner en riesgo al bebé. Además, hacer estos cubos de helados es muy fácil, rápido y sencillo.

Para hacer estos aliviadores debes tomar algún molde de cubeta de helados, poner la leche dentro de los recipientes, congelarlos y listo. ¡Son sencillos, rápidos y harán todo más fácil para tu bebé!

Fuente: Upsocl. Daniela Poblete

 

Carlos González: «Jamás hay que obligar a comer a un niño»

El prestigioso pediatra ofrece en esta entrevista algunas claves sobre la relación de los padres con sus hijos. Carlos González es uno de los pediatras de moda. Quizá porque sus ideas resuman mucho sentido común.

– A los padres les habla, entre otros asuntos, de alimentación infantil. ¿Qué les aconseja?
– Pues por ejemplo que los niños comen mucho menos de lo que la gente imagina, es algo normal. Jamás de los jamases hay que obligar a comer al niño por ningún concepto, de ninguna manera y con ningún método. Ya tenemos en España un 30% de niños con obesidad, solo faltaría que comieran más todavía. Te puedes ahorrar muchos problemas si desde el primer momento, es decir, desde los seis meses, en vez de darle a tu hijo purés y papillas especialmente preparados y en vez de metérselos tú con la cuchara y además distrayéndole con los «Teletubbies» pues le das comida normal y corriente, la misma que comes tú, y le dejas que la tome con la mano y se la lleve a la boca para que coma lo que quiera y lo que no quiera, no.

– Pero en nuestra cultura, madres y abuelas han sido siempre propensas a «embutir» a los niños.
– Las abuelas no tanto. Por ejemplo, no hacían purés. Yo recuerdo cuando mi madre se compró un «minipimer», antes no había y los niños comíamos comida cortada en cachitos. Y ahora niños de tres años están comiendo purés y si encuentran un trocito que quedó sin triturar les dan arcadas y entonces ya no comen en todo el día. Eso ocurre por haberles dado purés mucho tiempo y llega un momento en que al niño se le pasa la edad de empezar a probar. 

– ¿Tenemos que hacer caso al niño cuando dice quiero más o no quiero más?
– Sin el menor género de dudas. El niño es el único que sabe lo que necesita comer, como cualquier ser vivo. Un mosquito, cuando tiene hambre, pica. Y tiene cerebro de mosquito. Entonces, tu hijo claro que sabe comer, si hasta los mejillones comen.

– ¿Y cómo hacemos para que coman pescado?
– A la mayoría de los niños el pescado no es lo que más les gusta. Pero no pasa nada. Los niños pasan por etapas bastante típicas: durante los primeros meses lo prueban todo, de hecho comen papel de periódico o van gateando y le quitan las galletas al perro. Un niño que es capaz de comer papel de periódico también es capaz de comer lechuga. A partir del año o año y medio, según el niño, típicamente empiezan a decir «esto no me gusta», «no quiero» y llegan al menú infantil. Si mañana llega a comer a tu casa un niño de ocho años ¿qué preparas?, ¿acelgas?

– Creo que no.
– No, harás macarrones, porque sabes que los niños de ocho años comen macarrones, pollo, patatas fritas, flan. Y bueno, alguno habrá que pruebe las acelgas, la lechuga o el pescado, aunque no muy entusiasmados. Y luego vuelven a cambiar y hacia la adolescencia o un poco después vuelven a comer de todo. Si a un niño le dejan en paz y no le presionan, comerá muchos más macarrones que verdura, mucho más pollo que pescado, pero la mayoría comen un poquito de verdura y pescado. Si insistes, lo que consigues es que lo aborrezcan para siempre.

– Ha hablado también de la autoridad de padres y madres. ¿Cuál es su punto de vista?
– Hay que comprender que todos los padres y madres tenemos autoridad sobre los niños que es natural, inevitable y proviene del hecho de que somos más altos, más fuertes, más viejos y tenemos más experiencia para saber lo que hay que hacer. Y sobre todo proviene de que nuestros hijos nos quieren muchísimo y están deseando obedecer. Los niños nos obedecen casi continuamente, pero hay que ser consciente de que la obediencia al 100% no se puede conseguir, es imposible.

– ¿Y cómo actuar?
– Tienes que comprender que hay cosas más importantes y otras menos importantes. Las cosas realmente importantes todo el mundo sabe hacerlas. ¿Vas a dejar que tu hijo beba lavandina, se tire por la ventana o le pegue a otro niño? No. Pero nadie tiene dudas sobre esto. No hay ningún padre que se plantee comprarse un libro sobre cómo poner límites a los niños porque cuando va a beber lavandina no sepa qué hacer. ¿Cómo es posible que haya gente planteándose cómo aprendo a poner límites? Porque no estás hablando de los límites normales, que ya los sabías poner, sino de límites que no son lógicos, razonables, sino que son solo para demostrar quién manda aquí. Esto se hace por santas narices mías.

– Pero a veces los padres también están presionados.
– Les marean mucho con ese concepto de que una vez que le has dado a un niño una orden es importante no ceder, no echarte atrás porque te toma el pelo, tiene superioridad. Eso son chorradas. El que no cedía era Franco, los gobiernos democráticos sí que ceden, tanto los de derechas como los de izquierdas.

– ¿Y no hemos pasado de un modelo en exceso autoritario a otro demasiado laxo, que el niño haga lo que quiera?
– Puede haber alguno, pero realmente hay muy pocos padres que dejen al niño que haga lo que quiera. Y muchas veces en realidad eso no es permisividad, eso es pasotismo. Es decir, es más fácil dejar que el niño vea la televisión durante horas que apagarla y ponerme a jugar con mi hijo, contarle un cuento o llevarle al parque a pasear. Cuando ves padres que dejan ver al niño la televisión durante horas o que les regalan mucho dinero, les compran muchos juguetes carísimos a los que el niño no hace ni caso o les compran muchos dulces hay gente que dice, «le están consintiendo al niño y luego sale un niño malcriado». Pero no le están consintiendo, están ignorando al niño. Los que en realidad están consintiendo al niño, es decir, dándole lo que necesita son los que apagan la tele aunque se tenga que perder el partido de copa y se llevan al niño a las hamacas. Y eso no malcría al niño ni le produce ningún problema, sino que demuestra cariño y respeto hacia el niño. No podemos confundir las dos cosas porque luego hay padres a los que tienen atemorizados: «No le hagas upa porque se malcriará». A ver, puedes hacerle upa a tu hijo todo lo que quieras, eso no hace ningún daño.

Autor: Carlos Gil. Publicado en el Diario de Ibiza

 

Baby Led Weaning: Los pediatras lo aconsejan: no le des solo puré a tu bebé de seis meses, atrévete con los trozos

Los expertos recomiendan ambas cosas para alimentar a tu hijo. Su aplicación incrementa la duración de la lactancia materna y fomenta señales de hambre y saciedad del niño

La Asociación Española de Pediatría (AEP), acaba de publicar una guía de recomendaciones para padres y familiares sobre la alimentación complementaria que han elaborado a partir de la evidencia científica al respecto. Dicha organización define la alimentación complementaria (AC) como “el proceso por el cual se ofrecen a los lactantes alimentos sólidos o líquidos distintos a la lactancia materna”. “Es un protocolo totalmente flexible, una guía que pretende resolver las dudas de los padres acerca de los métodos AC que existen. No se dogmatiza sobre ninguna”, explica por teléfono el doctor José Manuel Moreno, coordinador del Comité de Nutrición de la AEP.

Eso sí, la recomendación general es que la introducción de alimentos se haga a partir de los seis meses; antes, se desaconseja para los bebés nada que no sea la lactancia materna. Lo más novedoso de estos consejos es la parte del Baby Led Weaning (BLW), un método a través del cual el bebé participa activamente en su alimentación y su abordaje como parte de la comida en familia. “Se trata de una técnica cada vez más utilizada. Los padres deciden la alimentación que dan al bebé, permitiéndole escoger por sí mismo la comida y la cantidad que desean. Hay que recalcar que este método no aporta más beneficios nutricionales que otros. La filosofía que debe estar detrás de cómo ofrecer los alimentos a los lactantes es la alimentación perceptiva, que interpreta las claves que los bebés transmiten a la hora de comer y que hace que la alimentación se adecue de forma individualizada a cada uno de ellos”.

Las cinco claves generales de este tipo de AC son:

  1. Se adapta la alimentación a cada niño: a su ritmo, a su desarrollo.
  2. Respeta la cultura de la familia -por ejemplo, si son veganos, vegetarianos, etc.- “siempre y cuando la alimentación sea equilibrada”. La AC se asegura de que se le está ofreciendo al niño la misma alimentación que al resto, aunque siempre en trozos pequeños y blandos.
  3. La participación en las comidas de toda la familia. El niño se sienta a la mesa.
  4. El bebé se alimenta por sí solo desde el principio, empezando con las manos y siguiendo por los cubiertos. Aprende síntomas fisiológicos relacionados con la comida como la saciedad o el hambre.
  5. Desarrolla habilidades motoras como la masticación.

Uno de las preocupaciones sobre el BLW de los padres son los posibles atragantamientos. “Lo fundamental es que cuando se aplique haya siempre un adulto presente y que los alimentos tengan la textura sugerida para cada edad”, explica. Por ejemplo, en el recuadro informativo que adjuntan a la guía no se recomienda que los niños menores de tres años tomen frutas y verduras duras como la zanahoria. “Se debe sobre todo a que estos alimentos no se disuelven fácilmente por la saliva, por lo que hay riesgo de que queden trozos en la boca. Aunque cada niño es diferente, y los padres conocen lo que puede o no tomar su hijo”.

El mejor método de alimentación complementaria

Algunos padres optan por lo que se conoce como Baby Led Introduction of Solids (BLISS) y que se refiere a que “por un BLW mixto mediante el que se permite que el bebé experimente por sí mismo con la comida, pero a la vez se le da algún puré o papilla en alguna de las comidas”, añade el experto. La guía menciona algunas ventajas de su aplicación como el incremento de la duración de la lactancia materna o el fomento de la alimentación perceptiva, basada en señales de hambre y saciedad del niño.

“Quiero recalcar que durante el primer año”, continúa Moreno, “la leche materna debe ser el alimento principal. Y que el Baby Led Weaning solo es una forma de comenzar a introducir alimentos sólidos”. Según se cita en las recomendaciones, existe evidencia de que aquellos padres que comienzan con alimentos triturados sobre los cuatro meses, “puede provocar cierto riesgo a que esos pequeños abandonen la lactancia materna”, argumenta el experto. Lo mejor, para introducir poco a poco los alimentos sólidos, según recomiendan, son los seis meses, en este dato el consenso es total.

Autora: Carolina García. www.elpais.com

Qué comer y beber en Navidad si estás dando el pecho a tu bebé

La Navidad es un período del año que se caracteriza por los encuentros familiares y la celebración de comidas y cenas sin cesar. Tantos festejos alrededor de la mesa pueden suponer un inconveniente durante el embarazo, pero también si das el pecho al bebé. Circulan muchos mitos sobre alimentación durante la lactancia, así que vamos a dejarlos de lado y ver qué es exactamente lo que puedes comer y beber y lo que debes evitar durante estos días de fiestas y celebraciones.

Pautas sobre alimentación durante la lactancia

1. No hay alimentos prohibidos

Aunque es verdad que ciertos alimentos pueden modificar levemente el sabor de la leche materna, como el ajo o los picantes, no existen alimentos prohibidos. Lo explica Padró: “Todos los alimentos modifican el sabor de la leche materna, pero no pasa nada. Es bueno que el bebé se vaya acostumbrando a los distintos sabores, le vendrá bien cuando deje la lactancia en exclusiva y empiece a tomar otros alimentos”.

2. Apostar por una dieta saludable

La regla que se debe seguir durante las fiestas navideñas es la misma que prevalece todo el año: se debe comer saludable, pero sin obsesionarse por ello. Ello implica consumir frutas, verduras y legumbres, evitando alimentos precocinados. Sin embargo, es importante saber que la dieta que se sigue en Navidad no modifica la calidad de la leche. Lo explica la doctora Benassi: “Sabemos que en casos de madres con desnutrición o, más frecuente en nuestro medio, la hiponutrición como en pacientes con trastornos alimentarios, la lactancia materna mantiene su calidad nutritiva para el lactante“.

3. El alcohol, mejor evitarlo

Es una de las grandes dudas de las mamás lactantes, pero los médicos aconsejan evitarlo. “La respuesta sencilla es que no es bueno para nadie, ni cuando la persona amamanta ni cuando no lo hace; así que si se puede evitar tomar alcohol, mejor“, explica Padró. Sí que se puede, en cambio, beber ocasionalmente una copa de vino o una cerveza. Pero en este caso también es necesario tomar medidas de precaución: “Es recomendable esperar unas horas para amamantar al bebé. Esto es muy complicado de generalizar porque el tiempo necesario para eliminar alcohol de la leche y de la sangre depende del peso de la madre y de la cantidad de alcohol ingerido. Por tanto, durante la lactancia es recomendable no consumir alcohol”, afirma la doctora Benassi.

4. Las gaseosas, con moderación

Sí es posible consumir otras bebidas, como gaseosas, durante el período de lactancia, pero es aconsejable, según los expertos, hacerlo con moderación por el alto contenido en azúcar de estas bebidas. También el café debe consumirse con moderación. “La cafeína es un estimulante claro y puede irritar y desvelar al lactante. Si este es el caso, cada madre ha de observar y, si es necesario, disminuir su consumo”, concluye la doctora Benassi en el suplemento Bueno Vida.

 

Actualidad: Siguen apareciendo casos de alergia a la proteína de la leche de vaca por culpa del “biberón pirata”

Durante muchos años, en la maternidad de muchos hospitales se ha llevado a cabo una peligrosa medida para “ayudar” a las madres a que sus hijos estén más tranquilos: darles un biberón mientras la madre no tiene la bajada de leche.

A menudo se ha instado a las madres a aceptarlo: “Dale un biberón, mujer, que así está más tranquilo y luego, cuando te baje la leche, ya lo amamantas”; pero a menudo se ha hecho también a espaldas de sus madres.

A este segundo biberón se le conoce como “biberón pirata”, y es el culpable (junto con el otro, el que se da con el consentimiento de la madre), de muchos casos de alergia a la proteína de la leche de vaca.

 ¿De verdad dan biberones porque no ha bajado la leche?

Estaba haciendo el método canguro con mi hijo mediano en el hospital, en la unidad de neonatos, por haber nacido prematuro, cuando a mi lado pusieron a una mujer que acababa de ser madre cuyo bebé necesitaba atención especializada.

Le preguntaron si quería darle el pecho, y respondió que sí, así que le ayudaron a que lo amamantara. Tras un rato, la enfermera se le acercó con un biberón y le dijo: “Vale, muy bien. Ahora, como todavía no tienes leche, le tienes que dar este biberón para que vaya comiendo”.

Yo me quedé muy sorprendido por dos razones: una, que las mujeres no tienen leche nada más parir, pero tienen calostro (que es mucho mejor que darle ninguna leche), y dos, que los bebés que toman biberón para luego ser amamantados tienen más riesgo de alergia a la proteína de la leche de vaca.

¿De verdad dan biberones sin que la madre se entere?

Sí, de verdad. Espero que sea una práctica en desuso, pero son muchas las mujeres que explican que se llevaron a sus bebés y que se dieron cuenta de que les habían dado ese biberón.

Algunas explican que fue directamente allí donde estaba el bebé y las pilló dándole un biberón, y otras cuentan que les devolvieron al bebé tan tranquilo y relajado, que al ir a darle el pecho lo rechazaba y que, al preguntar, confesaban haberlo hecho.

¿Y por qué es peligroso?

Porque la leche de vaca, como muchos otros alimentos, no tiene especificidad de especie y no se puede considerar que sea un alimento que los humanos aceptemos naturalmente porque sí. No venimos predispuestos a tolerarla (sus proteínas son extrañas para nosotros), así que nos tenemos que acostumbrar a ella desde el momento en que la ingerimos por primera vez. Y algunos nos acostumbramos, pero otros no.

Cómo se produce la tolerancia oral

El sistema inmune intestinal tiene la misión de defendernos de aquellas sustancias que son peligrosas o ajenas, así que cuando consumimos algo, se pone en marcha para analizar lo que le llega y valorar si hay algún peligro y debe activar o no la respuesta inmunológica.

Cuando un alimento llega por primera vez, con sus proteínas y microorganismos desconocidos, el intestino decide qué hacer. Si considera esos antígenos como “amigos”, a pesar de ser extraños, se dice que se ha producido una tolerancia oral (el bebé consume los antígenos, esas sustancias que no forman parte del cuerpo y le son extrañas, pero el intestino las acepta).

Esta tolerancia se basa en múltiples factores difíciles de explicar, porque aún no se sabe muy bien a qué responde. Se habla de que la tolerancia depende de la predisposición genética, de la naturaleza del antígeno, de la cantidad de antígeno que recibe el bebé, de la frecuencia con que se administra, de la edad al consumirlo por primera vez, del estado inmunológico del bebé (si está con gastroenteritis), si la madre consumía ese alimento embarazada, si lo consume mientras amamanta, etc.

Cómo se produce la intolerancia o alergia

Pues bien, en ocasiones, todos estos factores hacen que en vez de que se produzca la tolerancia, aparezca la situación contraria: que el cuerpo, al recibir ciertas sustancias que no conoce, las considere enemigas y actúe contra ellas. Es cuando se segrega la inmunoglobilina IgE y aparecen los síntomas de alergia. Cuando hablamos de la leche, hablamos de Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV).

¿Pero por qué el intestino de esos bebés decide que no acepta las proteínas de la leche de vaca? Pues entre otros factores (de los comentados), porque la cantidad de leche que consumen es suficiente para provocar una respuesta, pero insuficiente para que haya tolerancia.

Se sabe que las personas, los bebés, pueden clasificarse en dos tipos en base a su herencia genética, en lo que a alergias se refiere: los atópicos y los no atópicos.

Los no atópicos serían los niños con poca predisposición a padecer una alergia, y los atópicos serían aquellos que tienen más riesgo de padecer cualquier alergia, probablemente porque el padre y/o la madre son alérgicos a algo (no tiene por qué ser a la leche).

Los atópicos son los bebés también conocidos como “altorrespondedores”, que quiere decir que tienen un sistema intestinal inmune que responde actuando contra un alimento si no lo recibe en cantidad más o menos elevada. ¿Cuánto de elevada? Depende. Depende del umbral de cada bebé, pero los bebés atópicos tienen un umbral elevado en comparación con los bebés no atópicos, que con poca cantidad ya toleran un alimento.

Así, cuando un recién nacido recibe por primera vez leche de vaca a través de la fórmula para lactantes en un biberón, se produce una inducción de anticuerpos IgE; y en una segunda exposición se produce la diferencia: los “bajorrespondedores” aceptan el alimento aunque lo tomen en poca cantidad y los “altorrespondedores”, o atópicos, empiezan a rechazarlo, porque su intestino segrega aún más cantidad de IgE.

¿Y esto es lo del biberón pirata?

Así es. El biberón pirata y los biberones como suplemento de los primeros días, cuando el bebé come muy poca cantidad, no provocan ningún problema en los bebés no atópicos, pero pueden inducir la alergia en los bebés atópicos porque su administración no es continuada: el bebé recibe poco, una cantidad inferior a su umbral de tolerancia, y en vez de aceptar la leche, la rechaza.

Si desde el principio se les da biberón y cada vez que tienen hambre se les da otro, y así sucesivamente, a demanda, durante todo el día, la cantidad de leche es elevada y es mucho más difícil que el bebé desarrolle alergia a pesar de ser “altorrespondedor”.

Pero si solo se le da algún biberón de vez en cuando y la mayoría del alimento es la leche materna, o si se le da algún biberón los primeros días y luego dejan de tomarlos porque son amamantados, el riesgo es mucho mayor.

Así que ya es hora de que se elimine el “biberón pirata” de las maternidades, que se elimine el biberón por protocolo después de cesárea (también hay hospitales que dan un biberón tras la cesárea por la separación entre madre y bebé) y que solo se haga uso de la leche de fórmula, si el bebé será amamantado, cuando se tenga muy claro que su uso es necesario (si ha perdido peso porque la lactancia no es eficaz y hay que nutrir al bebé cuanto antes).

Autor: Armando Bastida

 

El sabor de los alimentos en la leche humana

La composición de la leche materna varía nutricionalmente adaptándose a las necesidades del bebé, también experimenta diferentes sabores y nuevas sensaciones. Todo ello ayudará al bebé a formar sus preferencias alimentarias.

Aunque todos los bebés comienzan este aprendizaje en el útero materno, solo aquellos que son amamantados reciben un refuerzo adicional y el aprendizaje del sabor que proporcionan la exposición contínua a un amplio abanico de sabores durante la lactancia.
Nacemos con una predisposición biológica de preferencia hacia lo dulce y evitamos aquello que nos proporciona un sabor amargo. Ciertas hipótesis plantean que esto es así por mera supervivencia, pues de esta forma preferimos alimentos con mayor densidad energética.
Muchos son los estudios que sugieren que desde antes del nacimiento del bebé, se brindan muchas oportunidades para que aprendan a disfrutar de aquellos sabores que nos aportan los alimentos saludables.
En cuanto a las crucíferas (coles, brócoli o coliflor) evitarlas en la dieta es un error. Primero se trata de hortalizas, alimentos que conviene tenerlos presente en la dieta, segundo contienen sustancias como los glucosinolatos con beneficios para la salud, sumado que aportan vitaminas y minerales como el calcio. Si!  El calcio de origen vegetal también cuenta.
El consumir alimentos de origen vegetal hará que el bebé acepte cuanto antes este tipo de alimentos, pues su sabor no hará que el bebé rechace la leche materna. Este tipo de alimentos son importantes para la salud de tu hijo y la tuya.

ASÍ ES CÓMO SE ALIMENTA TU BEBÉ DESDE EL VIENTRE MATERNO 

La placenta es un órgano muy complejo que alimenta al feto, libera hormonas y enzimas, cuenta con un espacio con vellosidades donde se realizan funciones metabólicas endocrinas y depende casi completamente de la sangre de la madre.
La placenta se encarga de transportar los alimentos y el oxígeno del sistema circulatorio de la madre hacia el feto y el bebé envía productos de eliminación hacia la placenta. De este modo se produce un intercambio entre la madre y el feto, la circulación sanguínea de la madre y el feto son totalmente independientes.
La comida que tu ingieres va directamente desde tu boca al cordón umbilical, y cuando los alimentos pasan a través de tu aparato digestivo, los nutrientes son absorbidos por el estómago y estos se traspasan hacia el feto al igual que el agua y el oxígeno por el torrente sanguíneo de la madre.
La placenta es un filtro muy eficiente que rechaza elementos nocivos como las bacterias que pueden dañar a tu bebé, sin embargo, el alcohol y la cafeína pueden atravesarla. Por eso es muy importante cuidar tu alimentación.
La comida desciende por el esófago.  En el estómago la comida se descompondrá en glucosa, grasa y proteína. Después de la digestión la comida es absorbida por la sangre. Y pasará de la madre al hijo a través de la placenta. Un filtro muy eficiente, que rechaza elementos dañinos como las bacterias que pueden afectar al feto.
Elementos muy pequeños pueden traspasar la barrera: oxigeno, proteinas, minerales, glucosa, cafeína, vitaminas y alcohol.
Después de pasar al torrente sanguíneo estos elementos van al feto a través del cordón umbilical.
Así es la alimentación de un bebé en el vientre materno.

Fuente: W news Español

Crianza: Peso y salud

″¡Qué lindo es y qué gordito está!″.

Seguro que has oído esta frase más de una vez cuando alguien está elogiando a un bebé. Un bebé ″gordito″ en nuestra cultura se ve a menudo como un bebé sano y hermoso. Es más, se considera que una mamá que tiene un bebé gordito, es una mamá que está haciendo un buen trabajo.

Cuando el pediatra mide al bebé en las tablas de crecimiento y nos da el percentil en el que se encuentra, saber que está por encima de la media suele ser motivo de satisfacción y que está por debajo motivo de preocupación, aunque el bebé esté igual de sano en los dos casos.

Peso y salud

El hecho de que un bebé sano se haya asociado durante mucho tiempo en nuestra cultura con un bebé que se ve ″gordito″ tiene su lógica. Las generaciones anteriores no lo tuvieron fácil para criar bebés. Por un lado, no existían las vacunas que tenemos hoy en día a nuestra disposición, ni los antibióticos o tratamientos para la mayoría de las enfermedades que ahora se pueden prevenir o tratar y antes podían acabar con la vida de un bebé. A esto hay que añadir la hambruna y la malnutrición que, en algunos países, también estaban presentes en muchas familias.

Un bebé gordito tenía más posibilidades de sobrevivir un problema de salud que uno que no estuviera bien alimentado. De ahí viene en parte el valor que le dan muchas culturas, incluida la nuestra, a un bebé con exceso de peso.

Sin embargo, las cosas han cambiado mucho en las últimas décadas. Hoy en día, la obesidad infantil es un problema grave y, en muchos casos, este problema inicia en la infancia. Los niños no ganan sobrepeso de la noche a la mañana, es un proceso gradual que se desarrolla a lo largo de meses o incluso años.

Las repercusiones que la obesidad infantil tiene en un niño pueden ser muy graves. Por ello es muy importante saber cuál es la mejor alimentación que le puedes dar a tu bebé, desde que es chiquito, para que mantenga un peso saludable.

Niños gorditos antes y ahora

Hay otro factor a tener en cuenta cuando hablamos de niños gorditos. Antes, en la generación de nuestras madres o abuelas, el hecho de que un niño pequeño tuviera unos kilos de más no era un gran motivo de preocupación porque, a medida que el niño crecía, este exceso de peso solía desaparecer gradualmente.

Pero la vida que se hacía antes era bastante diferente de la que se hace ahora. Los niños hacían mucho más ejercicio jugando en la calle y la alimentación no contenía una cantidad tan grande de azúcares y grasas como tiene ahora.

Hoy en día los niños hacen mucho menos ejercicio. La televisión y los videojuegos han pasado a convertirse en pasatiempos favoritos, en lugar de los partidos de fútbol y los juegos de correr y pillar que antes eran sus diversiones habituales.

Además, debido a la falta de tiempo, las familias de hoy utilizan a menudo alimentos ya preparados, comidas precocinadas o comidas rápidas. Estos alimentos suelen tener una proporción más alta de azúcares y grasas que los alimentos naturales. Y las sodas, que son tan comunes hoy en día, se tomaban antes de forma ocasional y excepcional en una fiesta de cumpleaños o celebración, no formaban parte de la dieta diaria como sucede en la actualidad.

El exceso de calorías, unido a una falta de ejercicio, tiene como consecuencia el exceso de peso.

¿Qué hacer?

Los niños latinos se están viendo especialmente afectados por la epidemia de obesidad infantil en los Estados Unidos y cuanto antes comienza un niño a tener exceso de peso, más posibilidades hay de que sea obeso en la edad adulta.

Sin embargo, aunque tu pediatra te diga que tu niño pesa más de lo que debería, puede ser difícil aceptarlo, especialmente si tu mamá o tu abuelita te insisten, con buenas intenciones, en que tienes que darle de comer más a tu bebé, o que no está engordando lo suficiente. Pero fíate de tu pediatra. Si te dice que tu hijo tiene sobrepeso, sigue sus recomendaciones para llevarlo al peso adecuado para su etapa de crecimiento. Y si considera que tu bebé está sano y que su peso está bien, aunque la abuelita opine lo contrario, estate tranquila.

Dejar de darle el pecho a un bebé chiquito y pasar a la fórmula para ver si ″engorda″ o añadirle cereales al biberón no son buenas estrategias porque una alimentación excesiva en la infancia frecuentemente es causante de problemas de obesidad en el futuro.

Revisado por el Dr. Alberto Gedissman

 

Actualidad: La clave de la alergia a la leche de vaca está en cómo nacemos

Los bebés que nacen por cesárea tienen doble riesgo de padecer esta afección relacionada a la proteína láctea.

Los bebés nacidos por cesárea tienen dos veces más riesgo de ser alérgicos a la proteína de leche de vaca (APLV) que los que nacen por parto natural, afirmaron especialistas y precisaron que en el país padecen esa reacción unos 50 mil chicos menores de tres años.

La conclusión surge del estudio “¿Es el parto por cesárea un factor de riesgo para el desarrollo de APLV en lactantes argentinos?“, realizado por el pediatra gastroenterólogo Christian Boggio Marzet junto a las doctoras María Anabel Tilli y María Teresa Basaldúa, del grupo de trabajo en Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Pirovano.

Entre 2010 y 2014 el grupo relevó 238 pacientes de alrededor de siete meses y con un peso promedio de 3.149 gramos que tenían signos aparentes de APLV, de los cuales el 56.3% había nacido por cesárea y un 43.7% por parto natural.

“La conclusión principal es que aquellos niños que no transitan el canal vaginal tienen el doble de riesgo de desarrollar ese tipo de alergia y también reacciones tardías como reflujo gastroesofágico y cólicos, aunque no es el único factor que condiciona”, dijo a Télam el profesional que dirigió la investigación, recientemente publicada en el Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition.

Boggio Marzet explicó que la flora intestinal, técnicamente llamada “microbiota“, está colonizada por millones de bacterias que “determinan gran parte de la inmunidad del individuo”.

“El bebé recibe de su madre esos primeros gérmenes beneficiosos por nariz y boca durante su paso por el canal vaginal y se alojan en su intestino. En contrapartida, los primeros gérmenes que reciben aquellos que nacen por cesárea son los que circulan en la sala de parto, que no lo ayudarán en el desarrollo de su sistema inmunológico en el intestino”, detalló Boggio Marzet.

La situación empeora, apuntó, cuando la mamá recibe antibióticos por alguna infección durante el embarazo o aún durante el propio parto, cuando el nene es prematuro o cuando desde muy temprano no recibe lactancia materna. “Promoviendo el parto vaginal siempre que sea posible y fomentando la lactancia materna contribuiremos a la formación de una microbiota más protectora, que sin dudas ayudará a la formación del sistema inmunológico del intestino y lo fortalecerá frente a agresiones como las alergias a la leche de vaca”, completó el especialista.

Por su parte Claudio Parisi, presidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica, señaló que la APLV “se manifiesta mediante síntomas inespecíficos que pueden incluir sangrado en la materia fecal, erupciones cutáneas, cólicos y retraso en el crecimiento, por lo que muchas veces se demora varios meses en llegar al diagnóstico”.

“Si bien hay varios tipos de APLV, el tratamiento se inicia con la ‘dieta de exclusión’: la supresión inmediata en la dieta de la mamá del alimento sospechado, en este caso la leche de vaca y sus derivados, mientras que cuando ya no se amamanta o el bebé recibe alimentación complementaria, la supresión también debe alcanzar al niño”, dijo Parisi a Télam durante el 6to Congreso Argentino de Gastroenterología Pediátrica, que se realizó en la ciudad de Buenos Aires.

En esos casos y como complemento de la leche de vaca, que el niño no puede ingerir, “se recomienda incorporar leches de fórmula especiales bajo indicación del médico tratante“, comentó Boggio Marzet. “Por lo general y si las manifestaciones son leves se indican fórmulas especiales que tienen la proteína de leche ‘rota’ o fragmentada, lo que disminuye su capacidad de generar alergia. Si los síntomas son más severos, se recomiendan las fórmulas a base de aminoácidos, donde la proteína está fragmentada al 100 por ciento y su capacidad de generar alergia es prácticamente nula”, detalló.

El especialista recordó además que la cobertura de esas fórmulas “está garantizada por la ley de leches medicamentosas, que entró en vigencia en febrero“. “Afortunadamente, la mayoría de los cuadros de APLV, cualquiera sea su origen, suelen revertir por sí solos antes de los tres años. Sin embargo, en niños pequeños representa un problema serio que debe atenderse, ya que se corre el riesgo de que se presente un cuadro severo de desnutrición y complicaciones como problemas serios en el crecimiento”, completó Parisi.

 

Actualidad: La alteración de la flora intestinal, clave en las patologías infantiles

El aumento de patologías como alergias, dermatitis atópica o asma en niños parece estar íntimamente relacionado con la alteración de la flora intestinal debido, entre otros factores, a una mala alimentación durante la infancia e, incluso, de la madre durante el embarazo.

Así lo ha advertido el dietista, nutricionista, investigador y docente del departamento de Pediatría, Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Valencia, Jesús Sanchís, quien durante el mes de julio ha participado en un curso de verano de la Universidad de Alicante “Rafael Altamira” sobre nutrición infantil avanzada, concretamente sobre la microbiota intestinal (microorganismos de los intestinos).

En una entrevista concedida a Efe, este experto ha explicado que la microbiota intestinal empieza a programarse desde la gestación, por lo que resulta trascendental que los progenitores cuiden su alimentación incluso antes del nacimiento.

La “disbiosis” de la microbiota (así se denomina a la alteración) también puede estar relacionada con futuras enfermedades autoinmunes o metabólicas, como por ejemplo la obesidad o la resistencia a la insulina, cada vez más presentes entre la población infantil.

Entre los factores que pueden contribuir a dicha variación negativa se encuentra la toma de antibióticos o fármacos en general, como el extendido omeprazol; también el parto por cesárea o la lactancia artificial, que contribuyen a una microbiota “diferente y peor”, tal y como ha indicado Sanchís.

La falta de ejercicio físico y el desarrollo de los pequeños en ciudades alejadas de la naturaleza son otros componentes que debilitan su sistema inmunológico.

“Es muy importante que los niños estén en contacto con la naturaleza, pues son numerosos los estudios que revelan que los pequeños que crecen en entornos rurales tienen índices de alergia y asma significativamente menores que aquellos que lo hacen en entornos urbanos”, ha incidido.

Sin embargo, a pesar de todos estos factores, quizá el más importante termina siendo, por evidente, la alimentación.

A una edad temprana, Sanchís ha recomendado una dieta basada, principalmente, en frutas, hortalizas y tubérculos, evitando productos “altamente procesados” como los alimentos envasados para bebés o los panificados industriales.

El motivo es que suelen contener cantidades importantes de azúcares, edulcorantes artificiales, grasas perjudiciales, emulsionantes y otros aditivos que perjudican a la microbiota y, por tanto, a la salud.

Esta recomendación se extiende más allá de la infancia, puesto que es imprescindible para que los adultos también dispongan de una microbiota intestinal sana y se muestren coherentes con el mensaje que trasladan a los niños.

En cuanto a los bebés, “no hay nada mejor que la leche materna” ya que contiene probióticos (microorganismos vivos procedentes del intestino de la madre) y prebióticos (el alimento de los probióticos) que son claves para una salud intestinal idónea.

Sanchís ha explicado lo que se denomina “eje microbiota-intestino-cerebro”, el cual certifica que cualquier alteración de una de estas partes afecta, invariablemente, a las otras dos.

“Uno de los grandes problemas actuales es la mala gestión del estrés y las emociones, porque terminan por alterar la microbiota de la madre y, por ende, la de los bebés”, ha especificado.

¿Hasta cuándo es recomendable la lactancia materna? Para Sanchís es una decisión de dos partes: la madre y su hijo: “Siempre que se pueda, debe ser exclusiva hasta aproximadamente los seis meses y extenderla hasta que la madre y el niño quieran”, ha opinado.

Fuente: www.eldiario.es