Los 100 días de oscuridad y niebla tras el nacimiento de tu bebé

Hace tiempo leí que los primeros tres meses de tu bebé son como si una densa niebla se instalara sobre tu cabeza.

Se les conoce como los 100 días de oscuridad tras un nuevo bebé y me pareció una atinada manera de nombrar a este período ya que engloba todo lo que pasa en esos días:

– el cansancio extremo y los días llenos de niebla y confusión que dejaban las noches seguidas sin dormir
– el dolor de pezones y el estrés de no saber si lo estaba alimentando bien, si estaba creciendo o si a lo mejor estaba desnutrido por mi culpa.
– el desequilibrio que vivieron mis hormonas y que me hacía pasar de estados de ansiedad, tristeza, felicidad extrema y enojo en segundos
– los cambios y peleas en mi relación de pareja porque nos costó trabajo adaptarnos a la llegada de un nuevo integrante
– la indescriptible soledad que de repente sentía a las 4 de la mañana
– el terror que se instaló en mi interior de ahora ser la responsable de mantener con vida a este pequeñísimo y frágil ser humano
– el miedo de entender que tu vida acaba de cambiar para siempre, ya nunca será igual.
– el no poder comer tranquila y hacerlo a deshoras, no poder bañarse, ver la tele o darme un tiempo porque a veces parecía que mi bebé lloraba todo el tiempo

Porque pareciera que nuestro bebé nunca va a dejar de llorar.

Pero ahora la pregunta importante:

¿Cómo sobreviví a esos 100 días de oscuridad tras la llegada de mi bebé?

1. Definitivamente sentir a mi bebé, oler su cabecita y esas primeras sonrisas son gasolina para el alma en esos días.
2. Numerosas tazas de café
3. Guardar momentos para ver series de comedia en Netflix que me hacían no olvidar el sonido de mi risa
4. Aceptar toda la ayuda que se me ofreciera inclusive hablarle a mis familiares a pedirle que me cuidaran el bebé mientras yo dormía dos horas más
5. Hablar, desahogarme y hasta tener mini crisis nerviosas para que luego mi mamá o mi esposo me mimen.
6. Y sobre todo entender que va a pasar. Que esto no va a ser eterno y que se hará más fácil. Mi bebé comerá, dormirá y crecerá.

Quizás no en el día 101, pero las cosas se van a hacer más fáciles, les prometo…

Fuente: www.naranxadul.com

 

Actualidad: Amamantar, un derecho casi reconquistado

El hombre, como único ser que tiene la capacidad de modificar el entorno en su propio beneficio, ha intentado alimentar a sus crías con leches de otros animales. Cuando las civilizaciones empezaron a asentarse y a domesticar a los animales, era más cómodo ordeñar una cabra que ir a cazarla. Puede que así empezara a alimentarse con leche de otras especies, pero tuvieron que pasar muchos más años hasta la llegada de la industrialización y la edad moderna para que surgiera el mayor declive de la lactancia, poniendo en peligro la única posibilidad que nuestras antepasadas tenían para asegurar la supervivencia de la especie.

En España en 1797 un eclesiástico anónimo, con sus mejores intenciones trajo de París una fórmula, por llamarla de alguna manera, que evitara muertes a niños por falta de alimento. Un litro de leche de cabra cocida, con una cucharada de flor de harina, azúcar y dos yemas de huevo.

Los niños engordaban demasiado y se estreñían, había que mejorarla. Ahora sigue ocurriendo y también siguen mejorando las fórmulas.

Posteriormente, en 1860 Henri Nestlé, ayudante de boticario, invento la primera fórmula para bebés reconocida en el mundo. Combinó azúcar y harina de trigo con leche de vaca, (¡qué simple!). Actualmente nadie con una pizca de sentido común se atrevería a dar a un recién nacido semejante alimento.

Nestlé la anunciaba como la fórmula científica correcta, «las madres harán publicidad por mí». Empezaba el siglo XX con el mayor experimento nutricional a gran escala sin control previo. Hoy es una poderosa industria, que recibe ganancias por cada niño que no es amamantado.

Una serie de circunstancias acontecieron para que la leche de fórmula fuese tan bien recibida. Entre las más destacadas, los movimientos feministas que consideraban la lactancia materna una forma de esclavitud de la mujer. El biberón era una liberación para la mujer porque le permitía desarrollarse como persona en la sociedad con su incorporación al trabajo remunerado.

Como mujer quiero decidir, pero eso no equivale entre elegir entre lo malo y lo peor, deseo ser independiente económicamente sin que ello implique un inconveniente para mi salud, la de mi descendencia y en consecuencia para la sociedad.

Si lo más saludable, según las recomendaciones de las sociedades científicas actuales, es la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y junto con la alimentación hasta los dos años o más, ¿por qué no se protege a la mujer que lacta?

El sector médico también contribuyó al declive de la lactancia materna. Defendió la leche artificial como más científica, más fácil de controlar porque se podía estar seguro de cuánto comía el bebé. Así, se convirtió en un rehén de la industria y las madres en prisioneras de ambos.

A día de hoy, han cambiado las condiciones sociales y laborales, pero la lactancia artificial aún está mantenida, en parte, por la fuerte propaganda comercial.

Más de una generación de mujeres no ha amamantado, se perdió la cultura de la lactancia transmitida de madre a hija.

Resulta paradójico que en las últimas décadas se hayan acumulado numerosas evidencias científicas que demuestran la superioridad de la leche humana y los peligros de las leches artificiales. Desde las instituciones se reconoce a la lactancia materna como una prioridad de salud pública, y a pesar de ello, ¿por qué, la prevalencia de la lactancia materna sigue siendo baja?

La formación de algunos profesionales es inadecuada. Todos promocionan la lactancia materna, pero no todos saben apoyar a la madre con problemas al amamantar, que se enfrenta a una carrera de obstáculos. La publicidad de sucedáneos esta por todas partes, la baja maternal es demasiado corta, se hace difícil conciliar trabajo y lactancia, las prácticas en algunas maternidades no apoyan a la lactancia desde el inicio (los biberones salen desde la planta de maternidad, la separación de la madre hijo tras el parto…)

Queda mucho por hacer, pero reivindicar el valor y el prestigio de amamantar como mujer y como profesional de la salud es, en mi opinión, un derecho y una obligación.

Si se dispusiera de una nueva vacuna que pudiera prevenir un millón de muertes al año, además fuera segura, se administrara oral y no requiriera de la cadena de frío, su aplicación pasaría a ser de inmediato un imperativo de salud pública.

La lactancia materna puede hacer esto y más, pero requiere de su propia «cadena cálida» (Lancet, 1994) para que las madres se sientan seguras de que pueden amamantar y que les proteja de todas las prácticas que ponen en peligro la lactancia. Si esta «cadena cálida» se ha perdido en la cultura, deben ser los profesionales sanitarios quienes proporcionen el apoyo.

Cintia Borja, Valencia

Nota publicada en www.larazon.es el viernes 12 de mayo, 2017

Lactancia Materna: Cómo sobrevivir a la crisis de los dos años

Crisis de los dos años… ¡Socorro!

“La duración de la lactancia materna no es “hasta los dos años”, sino, a partir de los dos años, tanto tiempo como madre e hijo quieran”. “Jamás pensé (dijo una madre)  que llegaríamos hasta aquí, y no porque no sea posible llegar, sino porque me he pasado gran parte de este tiempo pensando en plazos: “a ver si llegamos a los 6 meses”, “a ver si llegamos al año”…

Nuestro camino comenzó con algunas grietas sin importancia, algo de desconfianza y con varias “crisis de crecimiento”. Atrás quedaron los miedos e inseguridades y a medida que Vera fue creciendo, y la lactancia se fue consolidando, yo también fui aprendiendo de ella(s). Pero cuando creíamos que todo era perfecto, absolutamente normal, y que éramos grandes expertas en esto de la teta… Zas! Llegamos a los dos años Vera con 22 meses demandaba teta como si fuera un bebé de semanas.

¿Qué es la crisis de los dos años?

Vera  comenzó a pedir teta como si tuviera semanas y sólo quería estar en mis brazos, algo que me produzco cierto desconcierto y muchísimo agotamiento. La crisis de los dos años.

“A los dos años viven su primera “adolescencia”. Son muy independientes y hacen muchas cosas solitos pero a la vez todo les da miedo. El mundo es enorme y la teta es su refugio, algo así como su salvavidas, el lugar donde encontrar paz. Y todo el día están de aventuras por lo que todo el día, o gran parte de él, están pidiendo teta”, explica Alba Padró, consultora IBCLC y asesora de lactancia materna.

El asunto no acabo ahí. Junto a ese aumento exponencial de la demanda de pecho, Cuenta la mama que su hijita comenzó a pedirlo con urgencia, diría que con enfado: “Mamá teta aquí, teta aquí”, repetía a gritos una y otra vez en cuanto intentaba bajarla al suelo o correteaba durante un rato. ¿La explicación? Alba Padró: “Su sed de independencia se junta con el tema de su reafirmación y la etapa del “no” por lo que cuando tardas en darles la teta, o lo quieres aplazar, se lo toman muy mal. A los dos años el lema es: ¡teta, aquí y ahora! Y como se te ocurra no darles la teta se enfadan mucho, que por otro lado aunque sorprendente es lo que toca y lo que deben hacer. Las madres se suelen sorprender mucho porque su dulce bebé pasa una temporada de enanito gruñón. Y no es que la teta les haga gruñones o maleducados o, peor aún, tiranos. Es, simplemente, un proceso natural que tiene principio y fin. Si les recibimos de la manera más amorosa posible cuando piden de manera poco adecuada, les damos pecho en la medida que podamos o les expliquemos que por lo que sea no podemos en ese momento van a ir aprendiendo poco a poco a pedirlo de otra manera.” Y todo pasa.  Es una etapa que se necesita aun más los brazos de mamá.

Agitación por el amamantamiento

 Alba Padró: ” se estima que el destete o fin de la lactancia en el ser humano se sitúa entre los dos años y medio y los siete”. En el tiempo que una madre amamanta se pueden sentir infinidad de sentimientos, muy diferentes unos de otros. Como  dicen: “ser madre es duro y las madres suelen tener las emociones a flor de piel, experimentado, a veces, una montaña rusa de sensaciones.”

La demanda excesiva  junto con los gritos, las rabietas y el agotamiento provocan en algunas madres que en muchas de las tomas sientan un rechazo brutal a seguir dando el pecho. Es un sentimiento raro, confuso, desagradable que hace sentir enormemente culpable.  “Aagitación por el amamantamiento” no es otra cosa que el rechazo hacia el niño/a cuando mama. Las madres que sienten esto en realidad necesitan que su hijo deje  de demandar de esa forma. A las mamás, no les es fácil decir abiertamente que ya no pueden seguir de esta forma, que tienen sentimientos y emociones arbitrarias.

Pero, todo pasa. Y todo ha vuelto a la normalidad. Por lo que cuenta Alba Padró,“se desconocen las razones por las que aparece el sentimiento de rechazo, pero se cree que quizá aparece por la necesidad inconsciente de acelerar el crecimiento de nuestros bebés. De la misma manera que las hembras de los pájaros animan a sus polluelos a salir del nido, las mamás en un determinado punto de la lactancia necesitan que se hagan mayores.

Para  superar la crisis de los dos años, se puede tener en cuenta;

Vivir una crisis de lactancia, y superarla, es algo agotador. A los tres meses vivimos la peor, yo diría que la crisis puede marcar el fin de tu lactancia si no dispones de la información (y de la paciencia) adecuada. Que conste que con esto no quiero decir ni que dar el pecho sea un sacrificio, ni que sea algo complicado o cosas similares. Simplemente creo que es importante saber que estas cosas pueden ocurrir para que, si suceden (que no tienen porqué), podamos enfrentarnos a ellas. – dijo

¿Qué puede servir para sobrevivir a la crisis de los dos años?

– Paciencia infinita. Esto creo que es algo fundamental para no desatar la tormenta. Sacar paciencia de dónde ya no había y comprender lo que estaba pasando  para controlar en cierto modo que la situación me superara.

– Hablar de ello. Cuando algo preocupa o afecta de algún modo negativo decirlo. El desahogo es necesario sea en la forma que sea: hablar, llorar, gritar…

 Buscar apoyo. Para mi esto es fundamental. Sólo con escucharse cómo te sientes ya ayuda muchísimo.

– Un cambio. A veces también es necesario un cambio aunque sea mínimo. Durante la crisis hay momentos en los que el cuerpo pide salir corriendo. ¿Qué hice? tomar un tiempo en soledad para resetear la mente. Aunque sólo fueran unos minutos, funciona.

Se ha leído que muchas madres ante una situación así necesitan destetar dice Pilar Martínez: “Si la agitación nos empuja a destetar a nuestro hijo tampoco debemos sentirnos mal por ello. La lactancia es una cosa de dos y tanto el bebé como la mamá deberían disfrutarlo”.

– Leer otras experiencias / información.

Quizás lo peor de la lactancia no sean estas crisis en sí mismas sino la poca empatía y desinformación del entorno ante ello. La famosa frase “ese niño lo que tiene es vicio” o “es muy mayor para tomar teta” comienza a resonar a partir de cierto momento de tu lactancia. Y, pese a que no son comentarios con maldad (o eso quiero pensar) molestan enormemente. Ante esto, paciencia y divulgación de información adecuada.

 

Comunicación Sociedad Argentina de Pediatría

Los niños y los medios de comunicación
La SAP ha manifestado de manera sistemática su preocupación por la exposición de niños y adolescentes a situaciones que no contribuyen a su saludable crecimiento y desarrollo.
En esta oportunidad, expresa su repudio a la manipulación de bebes, quienes en un programa de televisión “compiten “en una carrera de gateo.
La desvalorización de la imagen de los chicos, las mamas alentando con celulares y hasta tironeando de los brazos a sus niños, reflejan una relación asimétrica que linda con el terreno del abuso, sometiéndolos en un “entretenimiento de adultos” que persiguen un beneficio material o económico.
La responsabilidad por la protección de los niños/as y el pleno cumplimiento de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño involucra no solo a sus padres y/o cuidadores sino también a los medios de comunicación.
Reafirmamos los conceptos vertidos en el documento de SAP en relación a Los niños en y frente a los medios de comunicación disponible en:
Comisión Directiva SAP

Actualidad: Donar óvulos, un acto invisible de solidaridad y rodeado de prejuicios

Un estudio determinó que, a pesar de que las mujeres reciben dinero a cambio, las moviliza el ayudar a otras que no pueden ser madres. Historias de donantes.

Las mujeres que donan sus óvulos para que otras puedan intentar ser madres están acostumbradas a “poner el cuerpo”: fueron madres adolescentes -en su mayoría a partir de embarazos no deseados-; hacen tareas hogareñas desde muy chicas y a muchas les interesa dedicarse al ámbito de la salud aunque la mayoría no terminó el secundario. Consideran, además, a la maternidad como un atributo ligado a la femineidad, como algo valioso que les da identidad y que está relacionado a la “función de sostén”, más allá del vínculo biológico (“Madre es quien quiere, quien cría, quien educa a sus hijos”, dicen). Y si bien la “compensación económica” que reciben -alrededor de 8.000 pesos cada vez que donan- es uno de los principales incentivos, la idea del altruismo está presente como también la de la red de ayuda entre mujeres. “Su condición social y su propia historia las convocan a ayudar”. Estas son algunas de las observaciones del estudio “La otra cara de las TRHA (técnicas de reproducción humana asistida): las mujeres donantes. Investigación cualitativa de carácter exploratorio”, el primero de este tipo hecho en la Argentina sobre un tema que, de la mano del anonimato y la falta de regulación estatal, suele quedar entre sombras. Una práctica que crece año a año: la ovodonación, según la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, era el 14,3% de los 1960 tratamientos en 2004 y en el 2016 representó el 25,8% de los 21.000 realizados. Pero, a pesar de este aumento, la donación termina siendo un convenio entre privados y cuya modalidad varía según de qué médicos y de qué centros de fertilidad se trate.

Para poner algo de luz al tema y visibilizar la figura de las donantes, las psicólogas especialistas Laura Wang y Diana Pérez trabajaron sobre las respuestas de cuarenta posibles donantes de un centro de fertilidad de la Ciudad de Buenos Aires. Fue a partir de dos entrevistas individuales realizadas por Wang entre 2012 y 2016. El estudio no tiene valor cuantitativo sino cualitativo.

“Las mujeres entrevistadas tienen estrategias de defensa frente a la vulnerabilidad. Ante la escasez de recursos económicos, la solidaridad se hace presente. Cuentan con recursos psíquicos para sobrellevar las dificultades”, dice el estudio.

Las psicólogas, a su vez, señalan que la donación de óvulos no tiene el mismo reconocimiento que la de un órgano pues “no está equiparado, en el discurso social, salvar vida con crear vida”. Este factor, entre otras cuestiones, lleva a su invisibilidad. Sumado a que la mayoría de estas mujeres guarda el tema en reserva pues, cuando lo cuenta, suele encontrarse con cierta condena. “Mi cuñada dice que donar es regalar hijos”; “Mi amiga me dijo riéndose que tengo un montón de hijos por ahí”, relataron las entrevistadas.

“La desinformación es el principal obstáculo para un cambio social. La donación de óvulos se evidencia como una trama compleja entre lo social, lo cultural y la subjetividad”, afirman Wang y Pérez.

Ana tiene 32 años, “tres bellos hijos” de 7, 8 y 16, el pelo dorado que le llega arriba de los hombros, contextura muy delgada, ojos almendrados y un piercing que se asoma debajo del labio. Está sentada en un rincón de un consultorio -al que ha accedido Clarín- mientras la psicóloga la evalúa para saber si es o no apta para donar. Se enteró de la posibilidad como la gran mayoría de las entrevistadas del estudio: “Por el boca en boca”. En su caso, charlando con una amiga cuya hija ya había donado. “Y vos, que siempre estás ayudando ¿Por qué no?”, le preguntó. Y a ella le picó la curiosidad. Buscó en Internet para saber de qué se trataba. Su padre golpeaba a su madre, su pareja la maltrataba psicológicamente y, después de separarse, empezó a visitar una ONG contra la violencia de género del oeste del conurbano, en donde vive; se convirtió en una militante.

Ana llegó apurada porque está por cumplir los 35 que, sabe, es el límite de edad que algunos médicos consideran aceptable para la donación; después la calidad de los folículos cae en picada. Sin embargo los suyos, le dijeron, son especialmente buenos y ovula en cantidad. El dato lo desliza con un énfasis que denota cierto orgullo. No sabe cuánto le van a pagar, dice, ni tampoco preguntó. Tiene tres conocidas que no podían tener hijos, “les costó mucho tiempo, plata y angustia, una sola lo logró con una inseminación… ¡Y yo me ligué las trompas!”. “Es muy importante el compromiso con esta causa porque como vos que pusiste el cuerpo, del otro lado también hay una mujer que se preparó físicamente y que está esperanzada”, dice a este diario en relación a la rigurosidad con la que los médicos les piden a las mujeres que donarán sus óvulos que se inyecten diariamente en la panza, a la misma hora durante unos diez días, una medicación que vale alrededor de tres mil pesos para estimular la producción de folículos (que expulsarán, o no, luego los óvulos).

Además del visto bueno de una psicóloga -algo que según las fuentes del mundo de la fertilidad algunos centros piden rigurosamente y tienen sistematizado, otros de forma inconsistente y otros ni siquiera consideran- a la donante se le hacen estudios clínicos, hormonales, genéticos e infectológicos y se la consulta sobre antecedentes de salud familiares, de manera más o menos exhaustiva según cada institución.

La Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, la única que de alguna manera regula el tema otorgando acreditaciones a los centros (hay en Argentina unos 30 acreditados sobre alrededor de 65), tiene un Código de Etica. En él sugiere que las donantes sean mayores de edad; que las receptoras no tengan más de 50 años; mantener el anonimato entre el donante y el receptor de los gametos y que no los una ningún tipo de vínculo; que todas las personas concebidas con gametos donados tienen el derecho a conocer su origen genético. También recomienda que la donación sea altruista y anónima, aunque pide considerar la compensación económica “por lucro cesante, viáticos, etcétera”. Sostiene también que personas nacidas y donantes deben ser protegidos de las probables consecuencias de tener muchos hermanos e hijos genéticos, “por lo que los gametos provenientes de un mismo donante deben ser usados por un número limitado de receptoras”; que las receptoras tienen derecho a contar con información clínica relevante del donante para un correcto cuidado de la persona nacida y que el centro debe velar por la atención médica necesaria y adecuada de los donantes de gametos y de sus complicaciones.

Los médicos “preparan” a las mujeres donantes con pastillas anticonceptivas, explica el médico Adan Nabel. Luego vienen las inyecciones hormonales diarias y las ecografías trasvaginales dos o tres veces por semana, hasta la aspiración de los óvulos en el quirófano mediante una cánula a través de la vagina, “leve sedación” mediante (se las duerme durante el procedimiento). Se recomienda un día de reposo. Esta última etapa dura unos veinte días.

A Ana lo que más miedo le da es la anestesia, pero dice sentirse confiada por el buen trato de la médica. Lo mismo opinan respecto a su relación con los profesionales las mujeres entrevistadas por Wang, “destacan el sentirse cuidadas, aunque también manifiestan cierta aprensión para preguntar; cierta intimidación por el lugar asimétrico de la figura del profesional”.

Muchas de las mujeres que donan óvulos, en general de localidades pobres del conurbano, no tienen obra social. “Construyeron una posición subjetiva (modo de estar en el mundo) basada en el cuidado del otro y el servicio al otro. Correspondientes con sus primeros aprendizajes familiares: cuidar su propia casa, cuidar de sus familias (…). Saben de un cuerpo doliente, muchas veces se vieron sometidas a violencia física y psicológica. En compensación para estas mujeres saberse “fértiles” representa un resarcimiento narcisista (“La verdadera mujer es madre. Un hijo te completa como mujer”, dicen)”.

La maternidad tuvo para ellas, dicen Wang y Pérez, un efecto de empoderamiento, les brinda un lugar en el mundo pero, a la vez, obstaculizó la posibilidad de terminar sus estudios, desarrollar un oficio o profesión, o encontrar un trabajo acorde a sus capacidades e intereses (“Me dejé estar, me embaracé y me estanqué. Este último tiempo no me siento útil”; “Estaba estudiando, pero con la nena se me complicó bastante”).

En la decisión de Miriam (32) pesó al principio lo económico pero, cuando se fue interiorizando, se acordó de una amiga que no puede tener hijos y le gustó la idea de ayudar. Cambió del todo su idea el día en que la llamaron para contarle que la receptora estaba embarazada, algo que no es frecuente en los centros. “Fue una bendición. Tengo ganas de llorar cuando hablo de eso”, dice a Clarín. Donó óvulos cuatro veces y si pudiera -sus horarios laborales como maestranza de limpieza se lo impiden- lo haría las otras dos veces más, permitidas por el centro. “Ser madre es lo más lindo del mundo”. Es madre soltera y, “si las cosas fueran distintas, si tuviera otra situación económica”, tendría otro hijo. “De alguna manera es como que cumplí el sueño”, agrega. Tiene varias amigas que donan, se enteró por una de ellas, “que sólo lo hace por plata”, de la posibilidad. Su pareja la apoya. Para su familia es “una loca de mierda”. Es paraguaya, donde se recibió de enfermera, pero vive en Argentina hace diez años e intenta terminar el secundario con el plan Fines. Dice que siente su cuerpo “más robusto, más acomodado”, pero que menstrúa de manera irregular y sufre unas leves puntadas que antes no tenía. “Si algún día se apareciera esa persona nacida con mis óvulos -dice- no tendría problema, le explicaría por qué fue que doné”.

La madrina de María Julia (29) nunca pudo tener hijos. Cuando ella la llamó para contarle que había donado óvulos se conmovieron las dos. María Julia tiene tres hijos, los nenes del barrio se la pasan en su casa. “Me emocionaba cuando la doctora me contaba que había una receptora esperando”. El proceso de donar no le pareció invasivo ni molesto, “incluso” se siente mejor. Trabaja de camarera. Donó dos veces y lo cuenta sin reservas: “La gente se imagina que estás donando una criatura. Yo les explico que es algo que ayuda y que se necesita constantemente. Es algo que tenés que hacer con mucha dedicación. Yo lo hago pensando en esa mujer que busca, en lo que yo sentí cuando estuve embarazada, que fue lo mejor de mi vida”, explica a este diario.

Alejandra (23) se enteró de que podía donar a través de una amiga y lo hizo en distintas clínicas “más de 15 veces”, pero no lo cuenta. Se hincha y se deshincha aunque no tiene otras molestias. Hace changas como costurera, tiene una nena, es de la zona sur del conurbano y está terminando el secundario. Al principio le daba un poco de miedo pero como la trataron muy bien le tomó “la mano”. No tiene obra social y planea tener otro hijo más adelante. “No me cuentan y no pregunto qué pasa con los óvulos. Sí, alguna vez tuve la fantasía de que se me apareciera algún chico pero como firmo los papeles me quedo tranquila. Después de donar la llevé a mi cuñada y a una chica amiga, me dan un dinero por eso”. Volvería a donar porque con eso puede pagar sus cuentas, y la situación económica, dice, está difícil.

“Las mujeres que donan no confunden material genético con maternidad -dicen Wang y Pérez como conclusión en su estudio. “Nuestra perspectiva considera a la donante como una mujer que compromete su cuerpo, que aporta su deseo como sujeto y merece no quedar reducida a ‘material genético o subsumida a objeto de la ciencia’”.

Por Luciana Mantero

Nota publicada en www.clarin.com el 8/1/17

 

Como estos pulpitos de crochet están cambiando la vida de los prematuros

Los tentáculos de los pulpos les recuerdan a los bebés el cordón umbilical y los reconforta.

Un hospital en Inglaterra ha cambiado las vidas de sus pacientes prematuros con ayuda de algunos amigos con forma de pulpo tejido a crochet.

En noviembre, el Hospital Poole de Dorset, Inglaterra, anunció en un comunicado de prensa que sus prematuros estaban mostrando efectos beneficiosos  simplemente por acariciar un pulpo tejido a crochet. Daniel Lockyer, matrona de servicios neonatales en el hospital, dijo que las mamás y los papás están encantados de ver a sus bebés prematuros encontrar consuelo en sus pequeños amigos acuáticos.

“Los padres ya nos están diciendo que sus bebés parecen más tranquilos con la compañía de su amigo de pulpo, así que estamos deseando continuar con el proyecto en el futuro”, dijo Lockyer.

Rosie Ryves-Webb, responsable de medios de comunicación y prensa del Hospital Poole, dijo al diario The Huffington Post que el hospital decidió probar el proyecto después de enterarse de los efectos que otros hospitales habían visto con los pulpitos. La idea parece haberse originado con el  “Proyecto Octo” en Dinamarca.

Según el comunicado de prensa del Hospital Poole, los brazos del pulpo les recuerdan a los prematuros el cordón umbilical, que a su vez les recuerda el vientre de su madre, haciéndolos sentir tranquilos y reconfortados. Kat Smith, que dio la bienvenida a sus gemelas en el hospital a las 28 semanas, apoyó este sentimiento y le dijo al Bournemouth Daily Echo que sus niñas “aman” a sus amigos pulpo.

“Cuando están dormidas se aferran a los tentáculos con fuerza”, dijo. “Normalmente estarían en el vientre y jugarían con el cordón umbilical de modo que los pulpos las hacen sentir en casa y seguras”.

 

Actualidad: La leche materna previene la formación de tumores y destruye hasta 40 células cancerígenas

Los componentes de la leche materna aumentan la protección del bebé ante la formación de tumores y destruyen hasta 40 tipos distintos de células cancerígenas, según varios estudios que se presentaron en el XII Simposio Internacional de Lactancia Materna que se celebró en el mes de Abril en Florencia (Italia).

Según los organizadores del encuentro, además de los numerosos beneficios que aporta la leche materna al crecimiento y desarrollo del bebé, también cuenta con un importante potencial en la prevención de distintos tipos de cáncer, incluyendo tumores cerebrales y de piel.

También es beneficioso para las madres, ya que la lactancia reduce el cáncer de mama hasta en un 30%, así como los cánceres de colon y vejiga.

De hecho, la leche humana se presenta como un posible tratamiento del cáncer en adultos. El principal exponente de esta investigación se encuentra en la Universidad de Lund, en Suecia, por lo que la doctora Catharina Svanborg, responsable del departamento de Microbiología, Inmunología y Glicobiología del Institute of Laboratory Medicine de este centro, explicó los últimos avances logrados en este campo en la conferencia que impartió en el simposio, promovido por Medela.

El equipo de la doctora Svanborg descubrió el mecanismo por el cual la leche humana combate las células tumorales, una función de la que se encarga una proteína componente de la leche, la lactoalbúmina. Su unión con un ácido graso conforma un complejo denominado Hamlet (lactoalbúmina alfa humana letal para células tumorales) que induce la muerte de las células tumorales, respetando a las células sanas, un factor esencial para la prevención en los lactantes y para el futuro desarrollo de tratamientos.

Una de las zonas donde más se ha testado la efectividad de este complejo como tratamiento antitumoral ha sido en la vejiga. Los ensayos realizados con pacientes con cáncer han evidenciado la reducción de los tumores en tiempos muy cortos.

En cuanto al cáncer de colon, se ha comprobado en laboratorio con ratones que los tumores reducen su tamaño una media del 60%, aumentando la esperanza de vida de los animales en 40 puntos conceptuales.

Nota publicada en 5/4/17 en el Blog EcoDiario.es