EL CALOSTRO, UN TESORO

Muchas culturas han considerado —y algunas aún consideran— que el calostro no sirve o es malo y, por tanto, hay que evitarlo. En estos casos, se deja al bebé varias horas, a veces días, sin comer absolutamente nada o se les alimenta con preparados tradicionales.

Pero nada más lejos de la realidad, ya que el calostro es un alimento único y adaptado a las necesidades específicas de un bebé recién nacido.

El calostro empieza a producirse entre las 12-16 semanas de embarazo y, a veces, su presencia es visible pero otras veces no, y este hecho no tiene la menor importancia ni determina el curso de la futura lactancia ni la producción de leche que la madre tendrá. Es más habitual observar la presencia de calostro en el segundo embarazo con el primero, ya que el pecho después de una primera lactancia está mucho más preparado.

Cuando un bebé nace le basta con el calostro. La primera función del calostro para el bebé es la de protección y, la segunda, la alimentación. Por lo tanto, un bebé debe ir tomando pequeñas cantidades, de 8 a 12 veces al día, de calostro durante unas setenta y dos horas.

Las cantidades siempre son mínimas y perfectamente adaptadas a la capacidad estomacal del bebé. A medida que el bebé ingiere el calostro, este va tapizando su mucosa intestinal y le protege de infecciones. Habitualmente, los recién nacidos se muestran ansiosos y demandantes, quieren estar pegados al pezón y succionar de manera continua. Este “trabajo” que realiza el bebé garantiza la llegada de la leche de transición, que es la leche que precede a la leche madura, y el buen establecimiento de la lactancia y no debería ser interpretado como una falta de alimento.

¿Cómo es el calostro

El calostro es visiblemente diferente a la leche madura, es de color amarillo o anaranjado ya que está saturado de vitaminas, en especial de betacarotenos que tienen un efecto antioxidante sobre las células del bebé.

Pero el rasgo más distintivo del calostro es su composición única que le hace parecerse mucho a la sangre, es un cóctel inmunológico, una primera vacuna especial y única.

El calostro, además, evita la adherencia de patógenos y reviste la mucosa gástrica de una capa protectora que evita que las bacterias puedan penetrar en ella. El calostro está lleno de células vivas que trabajan para proteger al recién nacido. Estas células transmiten información inmunológica de madre a hijo por lo que ofrecen una protección tanto a corto plazo como en la edad adulta. Se ha demostrado científicamente que en caso de un trasplante de órganos entre madre e hijo, si éste fue amamantado, tiene más opciones de que el trasplante sea un éxito, ya que el cuerpo del receptor “reconoce” ese órgano como propio y no lo ataca.

El calostro tiene altas cantidades de sodio, potasio, cloruro y colesterol que tienen la función de estimular el crecimiento óptimo del corazón, el sistema nervioso central y el cerebro.

El calostro también tiene muchas más proteínas que la leche madura, que tienen una importante tarea de protección, nutrición y, además, controlan los niveles de azúcar en sangre del bebé. Esto es especialmente importante pues los bebés que tienen dificultades para mantener sus glucemias.

La lactoferrina es una proteína presente en el calostro, con actividad antibacteriana y antifúngica, aparece en la orina de los niños que lo han tomado, y parece ser que de esta manera el sistema urinario se protege también frente a las infecciones que suelen afectar a los recién nacidos con mucha facilidad.

¿A partir de cuándo se deja de producir calostro?

Habitualmente, la madre produce calostro durante las primeras 48 a 72h tras el nacimiento del bebé. Si, lejos de este plazo de tiempo, todavía seguimos produciendo calostro puede ser significativo de que algo puede estar interfiriendo nuestra producción de leche y será recomendable acudir al ginecólogo.

¿Me puedo extraer calostro?

Pueden existir diferentes situaciones por las que una madre necesita extraer calostro para su bebé. Si es el caso, el método más recomendable y práctico es la extracción manual.

¿Y puedo extraer calostro durante el embarazo?

Sí, en algunas circunstancias es incluso recomendable extraer calostro durante el embarazo. Tener una pequeña reserva de este calostro prenatal, puede ser de mucha ayuda para poder administrarlo al bebé en las primeras horas posteriores al nacimiento, en especial cuando, por ejemplo, la madre sufre diabetes gestacional.

El calostro es, en definitiva, un tesoro, oro amarillo, que se sirve en la medida justa en el momento justo para garantizar la mejor protección y la mejor alimentación.

Autora: Alba Padró. www.blog.lactapp.es

 

El tipo de lactancia recibida influye en la salud mental de niños y adolescentes

Mucho se ha escrito sobre los beneficios sobre la salud física de madre y bebé de la lactancia materna.  Pero no tanto acerca de cómo el modo de lactancia influye en el vínculo afectivo madre-bebé, y en la salud mental de las niñas y niños. Según la Dra. Ibone Olza, psiquiatra infantil, la lactancia materna es la herramienta fisiológica del vínculo afectivo.

Un estudio (1) llevado a cabo por un equipo dirigido por la Dra. Wendy Oddy, del Instituto Telethon de investigación en Salud Infantil, en Australia, nos ofrece datos interesantes sobre los efectos a largo plazo sobre el tipo de lactancia.  El estudio comenzó en 1989 con 2366 mujeres que entonces estaban embarazadas de 16 a 20 semanas.  Se hizo un seguimiento sobre la forma de alimentación de sus hijas e hijos, y otros datos relativos a su desarrollo cuando los niños alcanzaron uno, dos, tres, cinco, ocho, 10 y 14 años.  El seguimiento incluía la respuesta a cuestionarios sobre el comportamiento y las psicopatologías de los niños.

Una de las conclusiones es que los niños que habían disfrutado de una lactancia más larga, de más de seis meses, tenían menos problemas de salud mental en general, incluso una vez llegados a la adolescencia.

Entre las posibles causas apuntadas por los científicos, además de su efecto positivo sobre el vínculo afectivo, está el beneficio que el contacto con la madre ejerce sobre los sistemas neuroendocrinos de respuesta al estrés del bebé.  Es un hecho que la leche materna es un alimento inteligente cargado de hormonas del amor como oxitocina, prolactina y endorfinas, que ejercen una influencia muy positiva sobre el neurodesarrollo del bebé y sobre el vínculo con su madre, ambos relacionados entre sí  (2)

El hecho de que la lactancia materna implique muchas ocasiones y mucho tiempo de contacto físico y afectivo entre madre y bebé es sin duda un factor importante que también influye en la calidad del vínculo y en el neurodesarrollo.  Por eso la Dra. Olza recomienda, en caso de no dar pecho, dar el biberón como si fuera el pecho.

Otro factor que podría influir -según los investigadores- en la presencia en la leche materna de ácidos grasos de cadena larga y de componentes bioactivos que influyen en el equilibrio neuroendocrino del bebé, en un momento crítico de desarrollo cerebral.

Las dos primeras horas de vida y el vínculo de apego

Hay factores de la atención al parto y el posparto que influyen tanto en la calidad del vínculo entre madre y bebé y en el éxito de la lactancia materna. Un estudio (3) realizado en Rusia sobre las prácticas en el posparto (dejar al bebé piel con piel con su madre o separarlo de ella) reveló que el contacto piel con piel y la lactancia temprana en las dos primeras horas después de nacer potenciaba la sensibilidad de la madre hacia el bebé, la capacidad de autorregulación de éste y el apego entre ambos.  Eso es así porque las dos horas que siguen al nacimiento es una etapa crítica en el establecimiento del vínculo afectivo, para todos los mamíferos. 

Como se asista el posparto tiene un impacto muy grande no sólo en el vínculo, sino también en la lactancia materna.

El apego y la prevención de la drogadicción

Otro estudio (4) interesante relacionado con la influencia del contacto físico en la primera infancia sobre la salud mental es el realizado en la Universidad de Duke (EE UU) y la Universidad de Adelaida (Australia) y publicado en The Journal of Neuroscience, que ha demostrado que las caricias y el contacto físico en las especies mamíferas tiene efectos biológicos positivos sobre las crías, y entre otros efectos reduce la susceptibilidad a las adicciones.  En un experimento realizado con ratas, se constató que el contacto estrecho de las crías con su madre hace que su sistema inmune aumente la producción de una molécula llamada Interleucina-10, que entre otras funciones influye en la respuesta del cerebro ante sustancias potencialmente adictivas, al desactivar las reacciones de “recompensa” responsables de la adicción. La neurocientífica Staci Bilbo y sus colegas comprobaron que las crías que habían recibido más caricias maternas tras nacer tenían más genes activos destinados a producir esta sustancia en su cerebro, en una proporción directa con la cantidad de caricias y “arrumacos” recibidos.

Acceso a estudios:

(1) The Long-Terms Effects of Breastfeeding on Child and Adolescent Mental Health: A Pregnancy Cohort Study Followed for 14 years

(2) Emergent Synchronous Bursting of Oxytocin Neuronal Network.

(3) Early contact versus separation: effects on mother-infant interaction one year later

/4) Early-Life Experience Decreases Drug-Induced Reinstatement of Morphine CPP in Adulthood

Fuente: www..terramater.es

 

La leche materna: un oro líquido que la industria jamás será capaz de igualar

La dosis ideal de nutrientes y defensas que requiere un recién nacido en sus primeros meses se encuentra en esta única sustancia viva que proviene de su madre

La lactancia materna es la mejor manera para que los órganos de un bebé se terminen de formar correctamente después de su nacimiento. La leche humana actúa como alimento, pero también muchas veces como medicina, pues tiene la capacidad de darle al recién nacido exactamente lo que necesita y en la dosis adecuada.

La leche materna es una sustancia viva; primero, porque es un fluido corporal y, segundo, porque es un alimento emocional. Los anticuerpos y las sustancias bioactivas vienen a producir una serie de cambios y protección en el cuerpo del bebé”, comentó Lilliam Marín Arias, enfermera obstetra e investigadora del Instituto de Investigaciones en Salud de la Universidad de Costa Rica (Inisa-UCR).

Aun después de nueve meses en gestación, el cuerpo del infante nace todavía inmaduro, pues no ha terminado de desarrollarse. El sistema respiratorio, el sistema nervioso central, el sistema inmunológico y, especialmente, el sistema digestivo son los que más necesitan las sustancias bioactivas, los macro y micronutrientes que la leche materna posee para que terminen de formarse.

Algunos de los componentes de este “oro líquido” son las enzimas, glucosa, grasas y calcio que, junto con la atención y cuidado de la madre y la familia, garantizan un organismo saludable y el crecimiento necesario en los primeros años de vida del pequeño.

Dichos elementos jamás podrán ser igualados por las leches de fórmula, cuya industrialización no permite la reproducción exacta de ciertos compuestos que produce la madre de manera natural como, por ejemplo, las proteínas del suero. Estas contienen factores anti-infecciosos y factores de crecimiento, por ser fuente de aminoácidos esenciales, según se afirma en un estudio del Simposio Nutrición en la Gestación y Lactancia.

Pero ese no sería su único aporte. Según las necesidades del bebé, el cuerpo de la madre adapta la composición de la leche de acuerdo con las enfermedades que tenga el menor. Así, este alimento se convertirá en su nuevo aliado contra las alergias, inflamaciones y hasta infecciones.

La mejor opción para su bebé

La leche que se compra en el supermercado, es decir, la que proviene de la vaca, es rica en hierro y proteína, pero no por eso su dosis es ideal para un bebé humano.

“La leche humana tiene menos proteína que la leche de vaca. La humana posee un 0,9-1,1 g/100 ml de proteína, mientras que la de vaca tiene 3,0 g/100 ml exactamente, esto se debe a que la leche de vaca alimenta a un ternerito que momentos después de nacer ya está caminando. Son organismos muy distintos”, señaló Marín.

Por otro lado, la leche materna tiene más lactosa que la de otras especies de mamíferos, pero es justo la cantidad que necesita el pequeño para que se termine de formar su intestino con las bacterias probióticas provenientes de esta. La alta concentración de lactosa favorece la colonización intestinal, lo cual mantiene un ambiente ácido en el intestino y evita que crezcan microorganismos que pueden producir enfermedades.

“Si una leche de tarro viene con bacterias, es porque está contaminada y, si le damos al bebé fórmula, entonces esa leche de vaca va a llegar a un intestino inmaduro. Como tiene menos lactosa, va a tener más problema en desarrollar la flora bacteriana intestinal junto con otras bacterias que viven en el intestino y lo protegen. Cada especie produce leche para sus crías, por eso, la leche de vaca no es la más óptima para el crecimiento de un bebé”, indicó.

La toma de leche materna, es decir, esos 30 o 40 minutos en que la madre amamanta al bebé, tiene tres fases de composición. La primera es la “solución”, constituida por hidrosolubles, agua, anticuerpos, enzimas, glucosa, lactosa y minerales. A esta fase le sigue la “suspensión”, rica en proteínas, calcio y fósforo. Por último, llega la llamada fracción de “emulsión”, la cual cuenta con glóbulos de grasa, ácidos grasos libres, vitaminas liposolubles y colesterol.

“En una toma de leche, el 90 % es agua. Por eso, en los primeros seis meses, lo único que necesita consumir el bebé es leche materna pues elimina la sed. El 10 % que queda van a ser macronutrientes, micronutrientes y sustancias bioactivas. De estos, el 50 % es azúcar y lactosa, que es la azúcar de la leche, y el 30 % restante son las grasas y los lípidos. Solo un 5 % de esa toma van a ser proteínas”, explicó la investigadora.

 

Fuente: www.ucr.ac.cr  Autora: Valeria García Bravo, Universidad de Costa Rica

 

 

“Amamanté a mis tres hijos con solo un pecho tras haber sufrido un cáncer”

Pese a sufrir una mastectomía, María logró mantener la lactancia durante más de seis años y nunca se planteó que no fuese capaz.

Anticipa que no se considera ninguna heroína, que su experiencia con la lactancia es tan natural y simple como la vida misma y que tampoco nunca se planteó que no fuese capaz de hacerlo. Sin embargo, el caso de María -una arquitecta que ahora tiene 49 años- no es habitual. Esta lucense dio de mamar a sus tres hijos con un solo pecho, el derecho, el único que tiene tras una mastectomía que sufrió hace veinte años cuando se le detectó un cáncer de mama.

“Nunca pensé que no pudiese ser capaz. Es que ni siquiera me lo planteé. El cuerpo siempre se adapta a ti y la leche siempre es suficiente. Si una mujer puede amamantar a más de dos niños a la vez, ¿por qué yo con un pecho no iba a poder? Por otra parte, hay bebés que prefieren un pecho y sus madres acaban dándole solo ese. Lo mío no es ninguna heroicidad. El cuerpo es sabio y di de mamar como algo natural, como si no hubiese ocurrido nada”, afirma.

María tiene tres hijos de 12, 9 y 3 años. A la mayor le dio pecho durante dos años y medio; al del medio, durante quince meses, y el más pequeño todavía lo dejó el verano pasado. Esta lucense se quedó embarazada siete años después de habérsele declarado el cáncer y de la radioterapia, la quimio y la posterior terapia hormonal. No congeló óvulos porque -dice- “ni sabía que existía ni me lo plantearon” y la única información sobre la lactancia, previa al primer embarazo, le vino a través de las clases de maternidad y de un libro, Un regalo para toda la vida, de Carlos González.

“En ese libro, se desmontan muchos mitos como que no todas las mujeres tienen leche, que la leche puede salir aguada… Todo eso son leyendas urbanas. Dar de mamar es lo más cómodo y lo más bueno y siempre llega la leche para alimentar al niño aunque, al principio, cueste y se produzcan grietas en los pezones que duelen como si te clavasen alfileres. Pero es solo unos días. Mis hijos mamaron hasta que ellos quisieron y la producción de leche se adapta a tu ritmo de vida, la leche nunca se acaba. Vas a producir siempre lo que el bebé va a mamar. Se puede decir que mis hijos pasaron de la teta al vaso”, insiste María.

Esta mujer no tenía especial interés en la lactancia antes de quedarse embarazada pero, a través del libro, descubrió que era una de las mejores cosas que podía hacer por sus hijos. “Es lo mejor que puedes hacer por ellos y por qué no lo vas a hacer si puedes. ¡Es como darles la merienda!”, comenta.

María reconoce que, todavía hoy, las madres que dan el pecho a sus hijos son consideradas por algunos como “perros verdes”. “Yo era el perro verde porque ninguna de mis compañeras le daba la teta a sus hijos. Sin embargo, eso nunca me echó para atrás. ¡Tonta sería! Para mí, era la mejor opción y la más cómoda porque me evitaba tener que ir con el biberón a todas partes. Tampoco nunca tuve reparos para dar el pecho donde estuviese. ¡Incluso estuve en los vinos dando la teta!”, cuenta.

María también tuvo que enfrentarse a la presión de algunas personas de su entorno, e incluso algún pediatra, para cambiar el pecho por el biberón. Me recomendaron varias veces: “Dale un biberoncito, ¡a ver si se va a quedar con hambre! Eso me lo dijeron incluso algunos pediatras”, afirma esta lucense, que defiende la puesta en marcha en el Hula de un servicio de asesoramiento a las madres que acaban de dar a luz y tienen un montón de dudas.

Autora: Isabela Corbelle, El Progreso.es

 

¿Que es un lactario o sala de lactancia?

UNICEF define el lactario como un espacio digno e higiénico, acondicionado para que las mujeres en periodo de lactancia puedan extraer su leche durante la jornada laboral y asegurar su adecuada conservación durante la misma.

Existen 7 recomendaciones de OMS e UNICEF para promover y favorecer la continuación de la lactancia materna una vez que la madre regresa al trabajo:

1.- Realizar un compromiso formal del personal directivo con sus colaboradores

2.- Desarrollar e implementar políticas para prevenir la discriminación hacia las mujeres embarazadas y madres, en particular durante el periodo de lactancia.

3.- Sensibilizar al personal sobre la importancia de la lactancia materna.

4.- Capacitación sobre lactancia materna

5.- Establecer una red de voluntariado entre los empleados.

6.- Implementación de lactarios o salas de lactancia

7.- Facilitar opciones a las madres para promover la continuidad de la lactancia hasta que los bebés cumplan 2 años de edad.

Para la instalación del lactario se recomienda asignar un área limpia, cuyo tamaño dependerá del número de mujeres en edad fértil y las condiciones del espacio físico de cada empresa. No se necesita una gran inversión, más bien se requiere voluntad y la información necesaria.

Ahora bien, ya seleccionada el área, es importante cuidar ciertos aspectos:

  • CÓMODO Y ACOGEDOR: La finalidad de un lugar cómodo es favorecer a las madres la extracción la leche, pues como sabemos, la producción de la misma requiere de la producción de dos hormonas, entre ellas la oxcitocina, también conocida como “la hormona del amor”. Se sugieren colores cálidos, decoración mínima, temperatura agradable e iluminación amarilla tenue, así como sillas o sillones cómodos, acolchonados y erguidos.
  • ACCESIBLE Y PRIVADO: Debe estar disponible en todo momento para las madres en su jornada laboral, sin trabas ni filtros, de fácil ubicación. Así mismo debe protegerse la intimidad y tranquilidad de las madres que se están extrayendo la leche, impidiendo el acceso a toda persona que no esté lactando o bien instalando módulos individuales.
  • HIGIÉNICO: Este espacio debe contar con un lavabo, dispensador de jabón, gel antibacterial, toallitas para secado de manos, cesto de basura y agua potable para enjuagar el extractor de leche. Debe asegurarse la conservación higiénica de la leche materna, facilitando un refrigerador o frigobar de uso exclusivo para el lactario y asegurarse de que se realice aseo diario.
  • EDUCATIVO: Se debe facilitar información precisa sobre extracción y conservación de la leche materna, así como de los beneficios de continuar la lactancia. Además de programar capacitación y pláticas de sensibilización. Un pizarrón de corcho es de gran utilidad para que las mujeres compartan artículos de interés y se involucren en la parte informativa.

Invitamos a todos los empleadores a instalar centros de lactancia  en sus lugares de trabajo, o bien si el número de mujeres en edad fértil es mínima, puede adecuar una sala de juntas u otro espacio higiénico para en determinado horario, funcione como lactario, lo importante es generar acciones para que amamantar y trabajar sea posible.

 

La evolución del lactante amamantado

En todo el mundo hay bebés con distintos pesos y medidas y la gran mayoría de ellos son bebés sanos y saludables, la variedad de peso y talla de los niños sólo muestra la diversidad dentro de la raza humana. Dicho eso, recordar que los bebés amamantados deben ir aumentando de peso y talla progresivamente y acorde a su edad.

En términos generales podemos afirmar que los bebés nacen con un peso determinado, de ese peso suelen perder entre el 7% y el 10% durante los primeros días de vida. A partir del quinto día de vida deberían empezar a recuperar el peso para recuperarlo totalmente alrededor de los 15 días posteriores al nacimiento.

Esta evolución es la que se produce en bebés sanos nacidos en la mayoría de hospitales del primer mundo a principios del siglo XXI, con una calidad asistencial evaluada, por lo que se refiere a la atención fisiológica al parto y la lactancia materna, más bien baja, según los estándares de OMS/UNICEF.

Se sabe que si se mejora la calidad asistencial al parto y la lactancia materna las pérdidas de peso son inferiores, pero desgraciadamente esto solo se produce  todavía en un pequeño grupo de hospitales de todo el mundo. El Proyecto IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la lactancia) nació en 1992 impulsado precisamente por OMS/UNICEF para mejorar la calidad asistencial en hospitales y maternidades.

Las ganancias de peso aproximadas de los bebés son:

0-6 semanas: 20 g/día
Menos de 4 meses: 100-200 g/semana
4-6 meses: 80-150 g/semana
6-12 meses: 40-80 g/semana

El crecimiento de un niño debe ser controlado por el pediatra en la consulta una vez al mes o cuando sea necesario. Pesarlo con más frecuencia en casa o en la farmacia puede conducir a errores en el manejo de la lactancia materna.

¿Qué son los percentiles?

Los percentiles son tablas donde se representa el crecimiento normal de los lactantes sanos. Existen 5 curvas ascendentes marcadas sobre una tabla que corresponden a los percentiles: 3, 15, 50, 85 y 97. Estas curvas no son más que la representación de la normalidad en cuanto al peso y la talla de los niños, por tanto tan normal es que un niño sano esté en el percentil 3 como en el 90. Tan sano está el bebé que se sitúa en un percentil 15 como el que se sitúa en 97. Los adultos también somos diferentes y tenemos complexiones físicas diferentes, porque todos tenemos un padre y una madre y una genética diferente.

Hace unos años los percentiles que utilizaban la mayoría de pediatras eran unos antiguos percentiles elaborados con una muestra relativamente pequeña de niños americanos que tomaban biberón y a los que se introducía la alimentación complementaria a los pocos meses de vida debido a las carencias nutricionales que presentaban por tomar una leche deficiente.

En 2006 la OMS presentó sus propios patrones de crecimiento infantil, elaborados con una gran muestra de bebés amamantados. Ciertamente los percentiles de la OMS no difieren demasiado de los antiguos pero sí son mucho más correctos en cuanto a su elaboración. Han sido hechos con niños alimentados con leche materna de 6 países diferentes.

Los percentiles que vemos representados en el papel (las curvas) no son realmente la representación exacta del crecimiento real de los niños. Los bebés no crecen dibujando este arco tan regular y tan perfecto. Los arcos no son más que el resultado de pulir los datos y hacer las líneas más simples y más bonitas. Realmente los percentiles son peldaños irregulares que es justo lo que los bebés suelen hacer durante su crecimiento, no seguir la curva y fluctuar dentro de distintos percentiles. Por tanto una bajada o un aumento paulatino en los percentiles es algo absolutamente normal en la mayoría de ocasiones.

También es importante entender que no tiene nada que ver el percentil con el que se nace con la evolución de peso posterior que realizará el niño. Muchos bebés nacen con un peso considerable pero pasados unos meses lo normalizan y bajan de percentil.

Importante: no sólo hay valorar el percentil de peso, hay que valorar también el de altura y ver que estén en consonancia.

Si un niño se mueve en percentiles bajos en ambas tablas seguramente es porque es un niño sano y normal pero de medida pequeña. Hay un 3% de niños sanos por debajo del percentil 3. Si los percentiles son muy discordantes entre peso y talla sería necesario revisar al bebé.

Los percentiles no son más que una manera de valorar el desarrollo normal de talla y peso de los bebés, no deberían ser un examen mensual ni una competición para llegar al percentil más alto.

Del mismo modo bajo ningún concepto todos los bebés deben estar en “la media”. Por su propia definición debe haber tantos bebés por debajo de la media como los hay por encima de ella. Y todos serán igualmente bebés sanos.

Si se quieren ver o descargar, en la web de la OMS están todas las tablas de peso, talla y muchas otras. Eso sí, hay que seleccionar la que corresponda, según sea niño o niña, ya que no crecen igual.

Artículo redactado por Alba Padró. Asesora de Lactancia de ALBA. IBCLC.
Revisado por Eulàlia Torras. Asesora de Lactancia de ALBA.

 

Amamantar más podría salvar 800.000 vidas al año

Recibir los beneficios de la leche materna evita episodios de muertes súbitas, diarrea e infecciones respiratorias. Además, ayuda a reducir los riesgos de cáncer de mama y de ovarios en las madres.

Amamantar salva vidas. Si se incrementara la lactancia materna se podrían salvar 800.000 vidas al año en el mundo, equivalente al 13% de las muertes de chicos con menos de 2 años. Además, podrían prevenirse hasta 20.000 fallecimientos por cáncer de mama cada año en el mundo.

Así lo indica un estudio, publicado por la revista británica The Lancet, que advierte que alrededor del mundo millones de bebés no reciben los beneficios saludables del amamantamiento.

En los países con ingresos elevados, 1 de cada 5 chicos son amamantados hasta los 12 meses, mientras que, de países con ingresos medios y bajos, solo 1 de cada 3 se alimentan de leche materna durante los primeros 6 meses de vida.

Amamantar no solo tiene múltiples beneficios para la salud, sino también efectos dramáticos en la esperanza de vida.”

El estudio de datos extraídos de 28 análisis y meta-análisis sistemáticos indica que, por ejemplo, en los países con altos ingresos la lactancia disminuye el riesgo de muerte súbita del lactante en más de un tercio de los casos, mientras que en los países con ingresos bajos se podrían evitar la mitad de los episodios de diarrea y un tercio de las infecciones respiratorias.

La lactancia materna también incrementa la inteligencia y puede proteger a los niños contra la obesidad y la diabetes en el futuro

Pero amamantar también es una medida preventiva para la salud de las madres dado que ayuda a reducir los riesgos de cáncer de mama y de ovarios en estas mujeres. Sin embargo, se ha subestimado como una necesidad crucial para la salud de la población, recalcan los autores de la investigación.

Razones económicas 

Por otro lado, existen razones económicas para invertir en la promoción del amamantamiento, ya que las pérdidas económicas globales por el desconocimiento de los beneficios de esta práctica sumaron 302.000 millones de dólares en 2012, un 0,49 % del ingreso bruto interno mundial. En países con ingresos por encima de la media estas pérdidas llegaron a los 231.400 millones de dólares, lo que equivale a un 0,53 % de los PBI.

Los autores reclaman la necesidad de un compromiso político fuerte y de una inversión financiera para proteger, promover y apoyar la lactancia en todos los niveles (familia, comunidad, trabajo y gobierno).

Los expertos calculan que promover el amamantamiento para bebés con menos de 6 meses al 90% en Estados Unidos, China y Brasil, y al 45% en el Reino Unido, reduciría los costes destinados al tratamiento de enfermedades infantiles comunes, como neumonía, diarrea y asma. El sistema sanitario ahorraría al menos 2.450 millones de dólares en Estados Unidos, 29.500 millones de dólares en el Reino Unido, 223.600 millones de dólares en China y 6.000 millones de dólares en Brasil.

“Nuestro trabajo claramente muestra que amamantar salva vidas y ahorra dinero a los países, ricos y pobres por igual. Por lo tanto, la importancia de abordar el problema a nivel global es mayor que nunca”, destacó el autor del informe Cesar Victora, de la Universidad Federal de Pelotas en Brasil. A su vez, piden que se regule la industria de los sustitutos de la leche materna, que debilita la práctica del amamantamiento como la mejor vía de alimentación durante la infancia.

Fuente: www.tn.com.ar/salud/pediatria

Hay que amamantar durante la noche

Las hormonas de la lactancia facilitan el sueño de la madre. Además, la leche materna tiene un aminoácido que favorece el sueño del bebé cuya concentración es mayor por la noche

La propia naturaleza sabe que no es necesario producir leche hasta que el bebé nazca, así que al desprenderse la placenta, se producen una serie de hormonas encargadas de desencadenar la producción láctea.

Las principales hormonas responsables de la lactancia son la prolactina y la oxitocina. La prolactina es la encargada de producir leche y la oxitocina desencadena la eyección (salida) de la leche. A más cantidad de prolactina más leche se produce.

¿Qué debe de hacer una madre para tener más cantidad de prolactina? Muy fácil, tener lo máximo posible el bebé al pecho y evitar que la perturben obstaculizando la lactancia diciéndole cosas como «¡Otra vez le estás dando teta!»

Es precisamente lo que necesita, darle pecho y cuanto más mejor. De este modo, los picos de prolactina (la hormona que produce la leche) se mantendrán altos, y esto beneficia al establecimiento de la lactancia.

Por eso, no debemos continuar avivando creencias tan extendidas y sin fundamento como aquellas que afirman que hay que dejar pasar un tiempo entre toma y toma para que los pechos se llenen. Si haces caso de ellas, solo conseguirás que cada vez tus pechos estén más vacíos.

O las recomendaciones de los entendidos de a pie de no dar el pecho durante la noche para que la madre descanse. La madre descansará por la noche y se estresará por el día al ver que cada vez tiene menos leche, puesto que esta práctica repercute negativamente en la lactancia. Durante la noche los picos de prolactina son más altos.

Por lo tanto, si hacemos caso de estas recomendaciones además de preocupar a la madre, fastidiamos al bebé, que al dejar de hacer las tomas nocturnas obtendrá menos leche y con más esfuerzo. También las hormonas de la lactancia facilitan el sueño de la madre, que duerme menos al despertarse para lactar, pero la calidad del mismo es mejor, descansa más.

A su vez la leche materna contiene un aminoácido (triptófano) que favorece el sueño del bebé. Además, la concentración en leche materna de triptófano es mayor durante la noche.

Ante el desconocimiento es preferible estar callados porque generar dudas en la madre sobre «si tiene suficiente leche» o si esta «es buena o no», provoca desconfianza, estrés, miedo, y el organismo ante estas situaciones de alarma responde segregando hormonas (adrenalina, cortisol) que inhibirán a las responsables de la lactancia. El resultado es que, disminuyen su producción o hace que la leche no salga.

Para garantizar una lactancia materna exitosa se necesita una frecuencia adecuada de tetadas (entre diez y doce en 24 horas).

Para conseguirlo, hay que proporcionar a la madre y al bebé un ambiente tranquilo y no tratar de dar consejos a quien en esos momentos no lo necesita.

Así mismo, facilitar no separar al bebé de su madre favorece que pueda alimentarlo inmediatamente después del parto a libre demanda. De este modo, la madre va a tener un mayor volumen de leche a las 24 -48 horas después del parto, cuestión fundamental para tener un buen inicio de la lactancia, ya que en esos primeros días se generan en la madre tantas dudas y/o problemas.

Los hospitales y centros de salud deberían estar dotados de personal especializado en lactancia materna para que la madre que tenga algún problema disponga de la ayuda de personal cualificado que pueda asistir a la madre que desea amamantar. De esta manera se evitaría que un alto porcentaje de inicios de lactancias se vean malogradas.

 

Marihuana: Riesgo MUY ALTO para la lactancia

Contraindicado. Se recomiendo el cese de la lactancia.

Su metabolito, el Delta-9-TetraHidroCanabinol (THC) es liposoluble, se acumula en tejido graso y alcanza en la leche materna hasta 8 veces la concentración plasmática.

Se ha demostrado hipotonía, succión pobre, sedación y retraso psicomotor al año de edad en lactantes expuestos a cannabis a través de la leche materna.

En la orina de estos lactantes se detecta THC hasta tres semanas después de la exposición.

La media de perímetro cefálico acaba siendo menor que en niños no expuestos a cannabis.

Hay mayor riesgo de muerte súbita del lactante si hay consumo de cannabis en el hogar.

Aunque el cannabis reduce los niveles de prolactina no se ha observado disminución de la producción de leche.

La alteración del juicio y la conducta que produce el consumo de cannabis puede interferir con la capacidad materna de cuidados adecuados.

Las drogas psicotropas de abuso pueden incapacitar a la madre para cuidar de su hijo, poniendo en peligro la vida y salud de ambos.

No se recomienda compartir cama con el bebé si se está consumiendo esta droga.

Fuente: e-lactancia.org

 

CLAVES PARA CONSERVAR Y PREPARAR LA LECHE MATERNA EXTRAÍDA

Una vez extraída la leche es fundamental conocer cómo hay que conservarla y descongelarla para que mantenga todas sus propiedades bioactivas. La leche fresca contiene células vivas, los máximos niveles de nutrientes, factores de crecimiento y muchos otros componentes protectores. El paso del tiempo y la exposición a las variaciones de temperatura (ambiente, de refrigeración y congelación), puede reducir la potencia de estos componentes, a la vez que aumenta el riesgo de contaminación bacteriana y la proliferación de patógenos.

Paso 1: preparación para el almacenamiento

Los recipientes ideales para la conservación de la leche son los que están hechos de plástico, bolsas o recipientes de plástico duro de uso alimentario fabricado sin bisfenol A y con tapa hermética. En este tipo de recipientes la leche conservará la mayor parte de sus propiedades inmunológicas. También pueden utilizarse recipientes de vidrio, como los conocidos frascos de yogur.

Paso 2: pautas para el almacenamiento

La leche puede almacenarse de forma segura a temperatura ambiente durante un corto periodo de tiempo. Aunque los estudios difieren en cuanto al periodo exacto recomendado, en general, las altas temperaturas se asocian con recuentos bacterianos más elevados en la leche extraída.

Según las conclusiones de distintos estudios, la proliferación bacteriana, que se restringió principalmente a organismos no patógenos, era mínima a 15 °C y permanecía en valores bajos a 25 °C durante las primeras 4-8 horas, pero aumentaba rápidamente después de 4 horas cuando se conservaba a 38 °C. Los autores concluyeron que la leche a 15 °C era segura durante 24 horas, y a 25 °C, durante 4 horas. Como resultado, la leche extraída puede almacenarse de forma segura durante unas cuatro horas a una temperatura de hasta 26 °C. A una temperatura ambiente más baja, también puede ser razonable un almacenamiento de hasta seis horas en ambientes limpios.

Refrigeración: la refrigeración a una temperatura de aproximadamente 4 °C mantiene la integridad de la leche materna durante más tiempo que cuando se deja a temperatura ambiente. Se ha observado que la refrigeración inhibe el crecimiento de bacterias grampositivas durante tres días, y hasta ocho días en leche con un bajo nivel de contaminación en el momento de la extracción.

Congelación: un proceso óptimo es la congelación a –20 °C durante un periodo de hasta tres meses. A los tres meses se mantiene el contenido de vitaminas A, E y B, proteínas totales, grasa, enzimas, lactosa, cinc, inmunoglobulinas, lisocima y lactoferrina, aunque puede presentarse una pérdida de vitamina C en el transcurso de un mes. La proliferación bacteriana no es un problema significativo durante las seis primeras semanas. Sin embargo, la capacidad antibacteriana suele ser menor que la de la leche fresca debido a la pérdida de células vivas como los fagocitos. Se considera aceptable un periodo de hasta 12 meses en el congelador a < –20 °C, si bien pueden producirse cambios de sabor y olor a –80 °C, dado que la lipasa sigue degradando la grasa para generar ácidos grasos.

Si tienes la opción de elegir, tanto en casa como en el trabajo, siempre es preferible refrigerar la leche materna en lugar de congelarla porque pierde menos propiedades bioactivas. Sobre todo, si los padres saben que la van a utilizar en los siguientes días.

Si la madre está en el trabajo, puede conservarla en el frigorífico o en el congelador, pero, de un modo u otro, siempre hay que asegurarse de etiquetarla adecuadamente (leche materna) para que el resto de compañeros identifiquen los envases claramente. Si la madre no se siente cómoda con esta opción, puede conservarla en una bolsa nevera manteniendo fresca la leche con placas refrigerantes.

Paso 3: descongelación de la leche materna

Si los padres han optado por la congelación como método de conservación de la leche materna,  los pasos a seguir para descongelar la leche de modo seguro son los siguientes:

La leche puede descongelarse en el frigorífico, mediante un recipiente de agua templada o colocándola bajo el grifo de agua corriente templada.

Debe evitarse la descongelación de la leche materna con agua muy caliente, en el microondas y en la cocina, ya que las temperaturas elevadas reducen las propiedades antibacterianas y otras propiedades bioactivas de la leche.

La descongelación es completa cuando la leche congelada se ha vuelto líquida, todavía está muy fría y aún hay presentes algunos cristales de hielo. La presencia de cristales de hielo es un indicador visible de que la leche no se ha descongelado más allá de determinado punto.

La leche descongelada se debe refrigerar hasta inmediatamente antes de su uso, y no se debe dejar a temperatura ambiente durante más de unas pocas horas para evitar la proliferación bacteriana.La leche descongelada por completo hasta la temperatura ambiente no debe volver a congelarse, si bien se ha demostrado que la recongelación de la leche después de la descongelación en el frigorífico mantiene una carga bacteriana segura.