La leche materna: un oro líquido que la industria jamás será capaz de igualar

La dosis ideal de nutrientes y defensas que requiere un recién nacido en sus primeros meses se encuentra en esta única sustancia viva que proviene de su madre

La lactancia materna es la mejor manera para que los órganos de un bebé se terminen de formar correctamente después de su nacimiento. La leche humana actúa como alimento, pero también muchas veces como medicina, pues tiene la capacidad de darle al recién nacido exactamente lo que necesita y en la dosis adecuada.

La leche materna es una sustancia viva; primero, porque es un fluido corporal y, segundo, porque es un alimento emocional. Los anticuerpos y las sustancias bioactivas vienen a producir una serie de cambios y protección en el cuerpo del bebé”, comentó Lilliam Marín Arias, enfermera obstetra e investigadora del Instituto de Investigaciones en Salud de la Universidad de Costa Rica (Inisa-UCR).

Aun después de nueve meses en gestación, el cuerpo del infante nace todavía inmaduro, pues no ha terminado de desarrollarse. El sistema respiratorio, el sistema nervioso central, el sistema inmunológico y, especialmente, el sistema digestivo son los que más necesitan las sustancias bioactivas, los macro y micronutrientes que la leche materna posee para que terminen de formarse.

Algunos de los componentes de este “oro líquido” son las enzimas, glucosa, grasas y calcio que, junto con la atención y cuidado de la madre y la familia, garantizan un organismo saludable y el crecimiento necesario en los primeros años de vida del pequeño.

Dichos elementos jamás podrán ser igualados por las leches de fórmula, cuya industrialización no permite la reproducción exacta de ciertos compuestos que produce la madre de manera natural como, por ejemplo, las proteínas del suero. Estas contienen factores anti-infecciosos y factores de crecimiento, por ser fuente de aminoácidos esenciales, según se afirma en un estudio del Simposio Nutrición en la Gestación y Lactancia.

Pero ese no sería su único aporte. Según las necesidades del bebé, el cuerpo de la madre adapta la composición de la leche de acuerdo con las enfermedades que tenga el menor. Así, este alimento se convertirá en su nuevo aliado contra las alergias, inflamaciones y hasta infecciones.

La mejor opción para su bebé

La leche que se compra en el supermercado, es decir, la que proviene de la vaca, es rica en hierro y proteína, pero no por eso su dosis es ideal para un bebé humano.

“La leche humana tiene menos proteína que la leche de vaca. La humana posee un 0,9-1,1 g/100 ml de proteína, mientras que la de vaca tiene 3,0 g/100 ml exactamente, esto se debe a que la leche de vaca alimenta a un ternerito que momentos después de nacer ya está caminando. Son organismos muy distintos”, señaló Marín.

Por otro lado, la leche materna tiene más lactosa que la de otras especies de mamíferos, pero es justo la cantidad que necesita el pequeño para que se termine de formar su intestino con las bacterias probióticas provenientes de esta. La alta concentración de lactosa favorece la colonización intestinal, lo cual mantiene un ambiente ácido en el intestino y evita que crezcan microorganismos que pueden producir enfermedades.

“Si una leche de tarro viene con bacterias, es porque está contaminada y, si le damos al bebé fórmula, entonces esa leche de vaca va a llegar a un intestino inmaduro. Como tiene menos lactosa, va a tener más problema en desarrollar la flora bacteriana intestinal junto con otras bacterias que viven en el intestino y lo protegen. Cada especie produce leche para sus crías, por eso, la leche de vaca no es la más óptima para el crecimiento de un bebé”, indicó.

La toma de leche materna, es decir, esos 30 o 40 minutos en que la madre amamanta al bebé, tiene tres fases de composición. La primera es la “solución”, constituida por hidrosolubles, agua, anticuerpos, enzimas, glucosa, lactosa y minerales. A esta fase le sigue la “suspensión”, rica en proteínas, calcio y fósforo. Por último, llega la llamada fracción de “emulsión”, la cual cuenta con glóbulos de grasa, ácidos grasos libres, vitaminas liposolubles y colesterol.

“En una toma de leche, el 90 % es agua. Por eso, en los primeros seis meses, lo único que necesita consumir el bebé es leche materna pues elimina la sed. El 10 % que queda van a ser macronutrientes, micronutrientes y sustancias bioactivas. De estos, el 50 % es azúcar y lactosa, que es la azúcar de la leche, y el 30 % restante son las grasas y los lípidos. Solo un 5 % de esa toma van a ser proteínas”, explicó la investigadora.

 

Fuente: www.ucr.ac.cr  Autora: Valeria García Bravo, Universidad de Costa Rica

 

 

La exterogestación: ¿Por qué el recién nacido necesita estar cerca de ti?

Tras nueve meses de embarazo, el recién nacido aún necesita mucho de su madre. El hecho de que haya empezado una nueva vida, fuera del vientre materno, no significa que esté preparado para enfrentarse solo a las adversidades del medio, sigue necesitando que su madre lo alimente, le mantenga calentito y le ofrezca seguridad. Se trata de algo que la mayoría de las madres asumen de forma instintiva pero que en el ámbito científico se conoce como exterogestación.

El término exterogestación es un concepto relativamente moderno, aunque en realidad es una práctica que tiene siglos de historia. Antiguamente, las mujeres solían pasar gran parte del tiempo con su hijo a cuestas mientras trabajaban, realizaban las labores domésticas o incluso cuando acudían a los eventos sociales. De hecho, en algunas culturas, como la china y la africana, la práctica de portear al bebé durante las labores diarias se considera completamente normal ya que dicha costumbre ha permanecido intacta con el paso de los siglos. En la cultura occidental la hemos perdido, pero deberíamos intentar recuperarla.

¿Por qué es importante la exterogestación?

Básicamente, la exterogestación es como un segundo embarazo fuera del vientre materno. Se trata de una práctica que aboga por la cercanía de madre e hijo durante al menos los primeros nueve meses tras el nacimiento y que sienta sus bases en el desarrollo biológico de nuestra especie.

Lo que sucede es que la duración del embarazo humano se ha reducido a lo largo de la evolución. Una gestación en condiciones normales dura entre 37 y 42 semanas, muy poco tiempo para que un bebé pueda desarrollarse completamente. Asimismo, el estrechamiento de la pelvis provocado por la bipedestación ha causado que los bebés tengan que nacer antes de que sus sistemas maduren para poder atravesar el canal de parto.

Se trata de dos factores que han hecho que el bebé nazca totalmente indefenso y dependiente, y que necesite de algunos meses más para poder valerse por sí mismo. Durante esta segunda etapa el organismo del bebé terminará de desarrollarse y empezará a adquirir nuevas habilidades para desenvolverse en su entorno. Por eso, es importante que la madre se mantenga cerca de su hijo y que le apoye incondicionalmente, al menos otros 9 meses más, una edad en la que el niño ya será capaz de comenzar a gatear, lo cual le otorga una cierta independencia y confianza en sí mismo.

Los beneficios de la exterogestación para el bebé

1. Potencia el desarrollo cerebral

Cuando el bebé nace solo tiene desarrollado el 25% del cerebro. Durante los primeros años de vida, y en especial durante los primeros meses, se empiezan a establecer las conexiones neurales que serán la base de su aprendizaje. Por eso, es fundamental ofrecerle una estimulación temprana que facilite el desarrollo de esas conexiones. Para lograrlo, nada mejor que estar cerca de él para aprovechar cada oportunidad de aprendizaje y transmitirle confianza y seguridad.

2. Estimula el control emocional

La sensación de seguridad y el amor incondicional que le transmite la madre a su hijo durante la exterogestación son fundamentales para su futuro desarrollo emocional. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Montreal demostró que los bebés que disfrutan de la exterogestación lloran un 43% menos que el resto, lo que se explica debido a que, al sentirse más seguros, aprenden a regular mejor sus emociones y se sienten más relajados y tranquilos.

3. Mejora su alimentación

Se ha demostrado que la cercanía física entre madre e hijo estimula la segregación de oxitocina y prolactina en la mujer, dos hormonas relacionadas con la producción de leche materna. De esta manera, la madre no solo es capaz de producir leche con más frecuencia sino que también tiene más oportunidades para alimentar a su bebé, con todos los beneficios desde el punto de vista nutricional que esto conlleva.

Autora: Jennifer Delgado