BLACK BREASTFEEDING WEEK: del 25 al 31 de Agosto de 2019

Mucha gente no conoce este evento (Black Breastfeeding Week), hace solamente 4 años que se celebra y este año tiene lugar entre el 25 y el 31 de agosto.

¿De verdad hace falta una semana mundial de la lactancia específica para las madres y los bebés de raza negra? ¿con la que celebramos la primera semana de agosto no es suficiente? Pues claramente no es suficiente.

Si miramos la presentación de la organización que lidera el proyecto (abajo), la lactancia materna en mujeres afroamericanas es notablemente inferior y los bebés tienen serios problemas de salud relacionados con no haber sido amamantados. En su presentación explican que la lactancia de mujeres negras tiene diferencias culturales que hay que tener en cuenta y, sobre todo, que necesitan un apoyo especial que las acompañe y ayude a conseguir la lactancia que desean.

5 razones por las que necesitamos una Black Breastfeeding Week:

La Semana Mundial  específica para madres y bebés negros se creó porque durante más de 40 años ha habido una enorme disparidad racial en las tasas de lactancia materna. Los datos más recientes de el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) muestran que el 75% de las mujeres blancas inician la lactancia frente al 58,9% de las mujeres negras. El hecho de que la disparidad racial en la iniciación e incluso una más elevada en lo que se refiere a la duración de la misma, ya es razón suficiente como para dedicar 7 días para reflexionar sobre el tema, pero aquí hay unas cuantas razones más:

  1. La alta tasa de mortalidad infantil en bebés de raza negra: los bebés negros doblan la tasa de mortalidad (en algún lugar, casi lo triplican) de bebés blancos. Esto es un hecho. La alta tasa de mortalidad infantil entre los bebés de raza negra se debe sobre todo a haber nacido enfermos o prematuros. Estos bebés necesitan mucho más la inmunidad y los beneficios nutricionales de la leche materna. Según el CDC, el aumento de la lactancia materna entre las mujeres negras podría disminuir las tasas de mortalidad infantil hasta en un 50%.
  2. Las altas tasas de enfermedades relacionadas con la alimentación: cuando nos fijamos en los beneficios de la leche materna – como el primer alimento más completo-  que ha demostrado reducir los principales riesgos de salud de los niños afroamericanos. Desde infecciones en el tracto respiratorio superior, la diabetes tipo II o el asma, el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL) y la obesidad infantil. Y la leche materna es la mejor medicina preventiva que la naturaleza ofrece.
  3. La falta de diversidad en el campo de la lactancia: no sólo hay flagrantes disparidades raciales en las tasas de lactancia materna, existe una disparidad evidente en el liderazgo de la lactancia materna también. No es discutible que el liderazgo pro lactancia materna está en manos de las mujeres blancas. Esto es un problema. Por un lado, por desgracia perpetúa la idea errónea de que las mujeres negras no amamantan. También significa que muchos de los profesionales de la lactancia, aunque bien intencionados, no están culturalmente preparados, ni suficientemente capacitados o sensibles para tratar adecuadamente a las madres afroamericanas. Esta es una semana para discutir la falta de diversidad entre los especialistas en lactancia y para cambiar nuestra narrativa. Un tiempo para resaltar, celebrar y mostrar los campeones de lactancia materna en nuestra comunidad que a menudo son invisibles. Y para asegurarse de que el liderazgo de la lactancia materna también refleja la misma paridad que buscamos entre las mujeres que amamantan.
  4. Barreras culturales específicas entre las mujeres negras: si bien muchas de las trampas para una lactancia son universales, las mujeres negras tienen además barreras culturales propias y una historia compleja conectada a la lactancia materna. Desde el papel de nodrizas en la esclavitud siendo obligadas a amamantar y a cuidar de los hijos de sus dueños a menudo en detrimento de sus propios hijos, a la falta de modelos y apoyo multi-generacional, a sus propios estereotipos dentro de su comunidad, tienen un discurso diferente en torno a la lactancia materna y que necesita una atención especial.
  5. Condiciones “desérticas” en sus comunidades: muchas comunidades afroamericanas son auténticos “desiertos” en cuestión de apoyo a la lactancia -desierto es un término que acuñé para describir las condiciones en muchas áreas urbanas donde las mujeres no pueden acceder a ayuda para ofrecer el mejor alimento a sus bebés. No es justo pedirle a la mujer, a ninguna mujer, que amamante cuando se vive en una comunidad que carece de apoyo. Tiene todos los números para fracasar.

Fuente: Alba Padró. blog.lactapp.es

 

Elaboran nuevas directrices de seguridad para mejorar el COPAP (Contacto Piel a Piel)

Los beneficios de esta práctica son innumerables, pero no debe descuidarse la vigilancia del bebé y de la madre

Un estudio coordinado por Carmen Pallás desde el Hospital 12 de Octubre, y que se ha llevado a cabo en 10 hospitales españoles, muestra que la frecuencia de episodios de saturación de oxígeno inferior a 90 por ciento, en las dos primeras horas de vida del recién nacido, se reduce en un tercio en los niños cuyas madres están incorporadas a 45º sobre el plano horizontal de la cama en comparación con los niños cuyas madres están incorporadas a 15º.

“Una intervención simple como aumentar el ángulo de inclinación de la cama de la madre mientras realiza el contacto piel con piel con su hijo recién nacido, durante las primeras 1- 2 horas de vida tras el parto, podría favorecer la estabilidad hemodinámica y respiratoria del recién nacido contribuyendo así a reducir la aparición los colapsos neonatales súbitos e inesperados durante este procedimiento” asegura la doctora Isabel Izquierdo, portavoz de muerte súbita del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría.

“Al menos el 80 por ciento de los recién nacidos, por parto vaginal o cesárea sin anestesia general, son colocados en contacto piel con piel inmediato o en los primeros cinco minutos tras el parto. Los beneficios descritos de este primer contacto entre madre e hijo son innumerables, por lo que se debe estimular su práctica de manera segura y supervisadafavorece la adaptación a la vida extrauterina, disminuye el estrés, facilita la regulación térmica, la glucemia y la estabilidad cardiorrespiratoria, disminuye el tiempo de llanto, fomenta el establecimiento del vínculo, beneficia el agarre al pecho, disminuye la ansiedad materna y aumenta la frecuencia y la duración de la lactancia materna, entre otros”.

Las dos primeras horas son las más críticas

Sin embargo, la implantación del contacto piel con piel como práctica habitual en las maternidades ha puesto de manifiesto la aparición de episodios de colapso post-natal súbito e inesperado que, aunque continúan siendo un fenómeno muy poco frecuente, puede tener consecuencias graves. Los datos sobre la incidencia, tendencia, evolución y pronóstico son variables debido a la falta de consenso en su diagnóstico, considerándose actualmente una infraestimación de los casos.

“Las horas más críticas son especialmente las dos primeras horas de vida del bebé, aunque podríamos extender este tiempo hasta las 24 horas. De ahí la necesidad de protocolizar el contacto piel con piel”, asegura la experta, que explica cómo debe realizarse esta beneficiosa práctica en los recién nacidos a término sanos: “En primer lugar es fundamental informar correctamente a los padres y contar con su consentimiento y colaboración”, asegura Izquierdo.

El secado y estabilización del bebé se realizará sobre el vientre materno, se comprobará el llanto, la respiración, el tono el color del bebé y se realizará el test de Apgar al 1 y  5 minutos de vida, se realizará el pinzamiento del cordón umbilical. “Es fundamental, llegado a este punto colocar a la madre y al recién nacido en una posición correcta que evite la obstrucción de las vías respiratorias del bebé”, concluye la experta.

Posición de seguridad del recién nacido durante el contacto piel con piel

  • Cara del recién nacido visible, nariz y boca descubiertos.
  • Cabeza del recién nacido inclinada y girada hacia un lado
  • Cuello recto, no doblado
  • Hombros del recién nacido rectos contra   la madre
  • El recién nacido se encuentra pecho con pecho con la madre
  • Se pueden sentir los movimientos torácicos y la respiración
  • Cubrir la espalda del recién nacido con una manta
  • La piel del recién nacido está sonrosada y caliente
  • Madre reclinada, No tumbada
  • Supervisión de ambos si se quedan dormidos en contacto piel con piel

“Atender a los más pequeños es una enorme responsabilidad, no solo clínicamente hablando, sino también socialmente. Estamos tratando a las futuras generaciones y del pediatra, como médico experto en su cuidado, depende que dicha atención se enmarque en unos parámetros excelentes de seguridad y calidad”, asegura Josefa Rivera, presidente del Comité Científico de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

Por este motivo, en el 67º Congreso de la AEP celebrado en Burgos, se abordaron estos dos aspectos desde la perspectiva de cómo el pediatra ha de responsabilizarse de que la atención que ofrece sea segura desde el momento mismo del nacimiento del niño.

Fuente: Redacción Médica / Pediatría. España.

 

La exterogestación: ¿Por qué el recién nacido necesita estar cerca de ti?

Tras nueve meses de embarazo, el recién nacido aún necesita mucho de su madre. El hecho de que haya empezado una nueva vida, fuera del vientre materno, no significa que esté preparado para enfrentarse solo a las adversidades del medio, sigue necesitando que su madre lo alimente, le mantenga calentito y le ofrezca seguridad. Se trata de algo que la mayoría de las madres asumen de forma instintiva pero que en el ámbito científico se conoce como exterogestación.

El término exterogestación es un concepto relativamente moderno, aunque en realidad es una práctica que tiene siglos de historia. Antiguamente, las mujeres solían pasar gran parte del tiempo con su hijo a cuestas mientras trabajaban, realizaban las labores domésticas o incluso cuando acudían a los eventos sociales. De hecho, en algunas culturas, como la china y la africana, la práctica de portear al bebé durante las labores diarias se considera completamente normal ya que dicha costumbre ha permanecido intacta con el paso de los siglos. En la cultura occidental la hemos perdido, pero deberíamos intentar recuperarla.

¿Por qué es importante la exterogestación?

Básicamente, la exterogestación es como un segundo embarazo fuera del vientre materno. Se trata de una práctica que aboga por la cercanía de madre e hijo durante al menos los primeros nueve meses tras el nacimiento y que sienta sus bases en el desarrollo biológico de nuestra especie.

Lo que sucede es que la duración del embarazo humano se ha reducido a lo largo de la evolución. Una gestación en condiciones normales dura entre 37 y 42 semanas, muy poco tiempo para que un bebé pueda desarrollarse completamente. Asimismo, el estrechamiento de la pelvis provocado por la bipedestación ha causado que los bebés tengan que nacer antes de que sus sistemas maduren para poder atravesar el canal de parto.

Se trata de dos factores que han hecho que el bebé nazca totalmente indefenso y dependiente, y que necesite de algunos meses más para poder valerse por sí mismo. Durante esta segunda etapa el organismo del bebé terminará de desarrollarse y empezará a adquirir nuevas habilidades para desenvolverse en su entorno. Por eso, es importante que la madre se mantenga cerca de su hijo y que le apoye incondicionalmente, al menos otros 9 meses más, una edad en la que el niño ya será capaz de comenzar a gatear, lo cual le otorga una cierta independencia y confianza en sí mismo.

Los beneficios de la exterogestación para el bebé

1. Potencia el desarrollo cerebral

Cuando el bebé nace solo tiene desarrollado el 25% del cerebro. Durante los primeros años de vida, y en especial durante los primeros meses, se empiezan a establecer las conexiones neurales que serán la base de su aprendizaje. Por eso, es fundamental ofrecerle una estimulación temprana que facilite el desarrollo de esas conexiones. Para lograrlo, nada mejor que estar cerca de él para aprovechar cada oportunidad de aprendizaje y transmitirle confianza y seguridad.

2. Estimula el control emocional

La sensación de seguridad y el amor incondicional que le transmite la madre a su hijo durante la exterogestación son fundamentales para su futuro desarrollo emocional. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Montreal demostró que los bebés que disfrutan de la exterogestación lloran un 43% menos que el resto, lo que se explica debido a que, al sentirse más seguros, aprenden a regular mejor sus emociones y se sienten más relajados y tranquilos.

3. Mejora su alimentación

Se ha demostrado que la cercanía física entre madre e hijo estimula la segregación de oxitocina y prolactina en la mujer, dos hormonas relacionadas con la producción de leche materna. De esta manera, la madre no solo es capaz de producir leche con más frecuencia sino que también tiene más oportunidades para alimentar a su bebé, con todos los beneficios desde el punto de vista nutricional que esto conlleva.

Autora: Jennifer Delgado

“Amamanté a mis tres hijos con solo un pecho tras haber sufrido un cáncer”

Pese a sufrir una mastectomía, María logró mantener la lactancia durante más de seis años y nunca se planteó que no fuese capaz.

Anticipa que no se considera ninguna heroína, que su experiencia con la lactancia es tan natural y simple como la vida misma y que tampoco nunca se planteó que no fuese capaz de hacerlo. Sin embargo, el caso de María -una arquitecta que ahora tiene 49 años- no es habitual. Esta lucense dio de mamar a sus tres hijos con un solo pecho, el derecho, el único que tiene tras una mastectomía que sufrió hace veinte años cuando se le detectó un cáncer de mama.

“Nunca pensé que no pudiese ser capaz. Es que ni siquiera me lo planteé. El cuerpo siempre se adapta a ti y la leche siempre es suficiente. Si una mujer puede amamantar a más de dos niños a la vez, ¿por qué yo con un pecho no iba a poder? Por otra parte, hay bebés que prefieren un pecho y sus madres acaban dándole solo ese. Lo mío no es ninguna heroicidad. El cuerpo es sabio y di de mamar como algo natural, como si no hubiese ocurrido nada”, afirma.

María tiene tres hijos de 12, 9 y 3 años. A la mayor le dio pecho durante dos años y medio; al del medio, durante quince meses, y el más pequeño todavía lo dejó el verano pasado. Esta lucense se quedó embarazada siete años después de habérsele declarado el cáncer y de la radioterapia, la quimio y la posterior terapia hormonal. No congeló óvulos porque -dice- “ni sabía que existía ni me lo plantearon” y la única información sobre la lactancia, previa al primer embarazo, le vino a través de las clases de maternidad y de un libro, Un regalo para toda la vida, de Carlos González.

“En ese libro, se desmontan muchos mitos como que no todas las mujeres tienen leche, que la leche puede salir aguada… Todo eso son leyendas urbanas. Dar de mamar es lo más cómodo y lo más bueno y siempre llega la leche para alimentar al niño aunque, al principio, cueste y se produzcan grietas en los pezones que duelen como si te clavasen alfileres. Pero es solo unos días. Mis hijos mamaron hasta que ellos quisieron y la producción de leche se adapta a tu ritmo de vida, la leche nunca se acaba. Vas a producir siempre lo que el bebé va a mamar. Se puede decir que mis hijos pasaron de la teta al vaso”, insiste María.

Esta mujer no tenía especial interés en la lactancia antes de quedarse embarazada pero, a través del libro, descubrió que era una de las mejores cosas que podía hacer por sus hijos. “Es lo mejor que puedes hacer por ellos y por qué no lo vas a hacer si puedes. ¡Es como darles la merienda!”, comenta.

María reconoce que, todavía hoy, las madres que dan el pecho a sus hijos son consideradas por algunos como “perros verdes”. “Yo era el perro verde porque ninguna de mis compañeras le daba la teta a sus hijos. Sin embargo, eso nunca me echó para atrás. ¡Tonta sería! Para mí, era la mejor opción y la más cómoda porque me evitaba tener que ir con el biberón a todas partes. Tampoco nunca tuve reparos para dar el pecho donde estuviese. ¡Incluso estuve en los vinos dando la teta!”, cuenta.

María también tuvo que enfrentarse a la presión de algunas personas de su entorno, e incluso algún pediatra, para cambiar el pecho por el biberón. Me recomendaron varias veces: “Dale un biberoncito, ¡a ver si se va a quedar con hambre! Eso me lo dijeron incluso algunos pediatras”, afirma esta lucense, que defiende la puesta en marcha en el Hula de un servicio de asesoramiento a las madres que acaban de dar a luz y tienen un montón de dudas.

Autora: Isabela Corbelle, El Progreso.es

 

Semana Mundial del Parto Respetado o Parto Humanizado

Del 13 al 19 de mayo se celebra la Semana Mundial del Parto Respetado bajo el lema ¨El poder de parir está en vos¨.

La mujer en el parto tiene derecho:

  • A un parto respetuoso de los tiempos biológico y psicológico, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados.
  • A ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pueden tener lugar durante el parto y postparto y participar activamente en las decisiones que acerca de las distintas alternativas, si es que existen. En este sentido, la futura mamá podrá elegir el lugar y la forma en la que va a transitar su trabajo de parto (deambulación, posición, analgesia o medicamentos, acompañamiento) y la vía de nacimiento. El equipo de salud y la institución deberán respetar tal decisión, en tanto no comprometa la salud de madre e hijo.
  • A ser considerada como persona sana, de modo que se facilite su participación como protagonista de su propio parto.
  • A ser informada sobre la evolución de su parto, el estado de su hijo y, en general, a que se le haga partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales.
  • A estar acompañada por una persona de su confianza y elección durante el trabajo de parto, parto y posparto, cualquiera sea la vía de parto (vaginal o cesárea).
  • A tener a su lado a su hijo durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales. Teniendo en cuenta la importancia del contacto piel con piel entre la mamá y el recién nacido, y con el objetivo de favorecer el vínculo precoz, el equipo de salud deberá fomentar desde el momento mismo del nacimiento, e independientemente de la vía del parto, el contacto del recién nacido con su madre y familiares directos y/o acompañantes que ella disponga.
  • A ser informada, desde el embarazo, sobre los beneficios de la lactancia materna y recibir apoyo para amamantar.
  • A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados de sí misma y del niño o niña.
  • A ser informada específicamente sobre los efectos adversos del tabaco, el alcohol y las drogas sobre el niño o niña y ella misma.

El recién nacido tiene derecho:

  • A ser tratado en forma respetuosa y digna.
  • A su inequívoca identificación.
  • A la internación conjunta con su madre en sala.
  • A que sus padres reciban adecuado asesoramiento e información sobre los cuidados para su crecimiento y desarrollo, así como de su plan de vacunación.

En el caso de bebés prematuros o bebés nacidos en otras situaciones de riesgo, el padre y la madre tienen los siguientes derechos:

  • A recibir información comprensible, suficiente y continuada, en un ambiente adecuado, sobre el proceso o evolución de la salud de su hijo o hija, incluyendo diagnóstico, pronóstico y tratamiento.
  • A tener acceso continuado a su hijo o hija mientras la situación clínica lo permita, así como a participar en su atención y en la toma de decisiones relacionadas con su asistencia.
  • A un consentimiento informado sobre cualquier práctica médica que se le realice al niño o niña.
  • A que se facilite la lactancia materna de la persona recién nacida
  • A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados especiales del niño o niña.

 

¿Por qué es importante lavar las manos cuando tratas con bebés?

Son muchos los bebés recién nacidos que se contagian de enfermedades de personas adultas solo porque no hay una buena higiene en las personas que tratan con los bebés. Parece una tontería, pero no lo es en absoluto. Un bebé es un ser muy frágil que si es contagiado por una enfermedad, por muy leve que sea en los adultos, puede llegar a ser mortal para un recién nacido. En este sentido, toda precaución es poca y lavarse las manos es primordial.

La importancia de lavarse las manos

Un acto tan simple como lavarse las manos antes de tratar a un bebé podría salvarle la vida. Son precauciones que todos los adultos deben tomar antes de tocar a un bebé. Hay enfermedades realmente graves que se pueden contagiar, pero otras leves en un adulto como una gastroenteritis o un resfriado pueden ser mortales para un bebé recién nacido.

Sobre todo durante los primeros meses de vida del bebé es necesario tener las manos siempre limpias para evitar transmitir enfermedades a los pequeños. Los bebés son seres muy vulnerables que pueden enfermar rápidamente y al tener un sistema inmune bastante débil que se recuperen rápidamente o con éxito puede ser bastante complicado, requieren hospitalización inmediata en muchas ocasiones.

Cómo y cuándo lavarse las manos

Las manos tendrás que lavártelas tantas veces como quieras levantar al bebé. Sobre todo cuando le vayas a dar de comer, después de asearle o si te has tocado la nariz o la boca  (por ejemplo, después de estornudar o de sonarte las secreciones nasales). Es importante que te laves las manos con agua y jabón y de forma concienzuda para evitar la propagación de bacterias.

No te canses en decir  a otras personas que interactuan con tu bebé que también lo hagan. Los hermanos mayores, los abuelos, los tíos o cualquier otra persona que toque a tu bebé en sus primeros meses de vida deberán tener las manos siempre bien limpias. Si además, alguien está enfermo de cualquier virus o bacteria deberá lavarse las manos con mayor frecuencia.

Aunque si hay alguna persona que tiene un virus infeccioso o alguna enfermedad viral, entonces más que lavarse las manos lo que resulta más importante es que simplemente no toque al bebé. Cuantas menos probabilidades haya de transmitir enfermedades al pequeño mucho mejor, y si deben estar unos días sin acercarse porque están enfermos, no pasa nada. Más vale prevenir que curar.

No tienes que sentir vergüenza o apuro en pedir a los abuelos o a otras visitas que se abstengan de tocar o acercarse a tu bebé si tienen las manos sucias, si no tienen posibilidad de lavárselas en ese momento o si tienen alguna enfermedad viral. Deben comprenderlo puesto que es por la salud y bienestar de tu bebé. No te sientas mal y si tienes que poner límites para que tu bebé no caiga enfermo, simplemente, ponlos.

Todos podemos transmitir gérmenes

Aunque no se tenga ninguna enfermedad viral todos podemos transmitir gérmenes. Nos pasamos el día tocando cosas y objetos que también han tocado otras personas por lo que no podemos saber a ciencia cierta si tenemos las manos totalmente limpias o no, por lo que lavarlas siempre será una apuesta segura para salvaguardar la salud del recién nacido.

Si por el motivo que sea en el lugar que te encuentras no hay agua y jabón, siempre será una buena opción tener en el bolso una botellita de desinfectante de manos, toallitas antibacteriales o alcohol en gel. Desinfectan las manos al instante sin necesidad de usar agua y jabón y es una opción más que acertada sobre todo cuando sales a la calle a pasear y te encuentras con conocidos que quieren tocar a tu pequeño bebé.

Como ves, toda precaución es poca para que puedas proteger a tu bebé de los gérmenes de otras personas (y también de los tuyos propios). Tener las manos bien limpias es muy importante y todos los que están a tu alrededor deberán tenerlo presente si quieren tocar a tu bebé, levantarlo o incluso acariciarle la cara. Un bebé es vulnerable y hay que protegerlo entre todos.

Autora: María José Roldán. Maestra, Pedagoga Terapéutica, Psicopedagoga, escritora, redactora y madre…

Carlos González: «Jamás hay que obligar a comer a un niño»

El prestigioso pediatra ofrece en esta entrevista algunas claves sobre la relación de los padres con sus hijos. Carlos González es uno de los pediatras de moda. Quizá porque sus ideas resuman mucho sentido común.

– A los padres les habla, entre otros asuntos, de alimentación infantil. ¿Qué les aconseja?
– Pues por ejemplo que los niños comen mucho menos de lo que la gente imagina, es algo normal. Jamás de los jamases hay que obligar a comer al niño por ningún concepto, de ninguna manera y con ningún método. Ya tenemos en España un 30% de niños con obesidad, solo faltaría que comieran más todavía. Te puedes ahorrar muchos problemas si desde el primer momento, es decir, desde los seis meses, en vez de darle a tu hijo purés y papillas especialmente preparados y en vez de metérselos tú con la cuchara y además distrayéndole con los «Teletubbies» pues le das comida normal y corriente, la misma que comes tú, y le dejas que la tome con la mano y se la lleve a la boca para que coma lo que quiera y lo que no quiera, no.

– Pero en nuestra cultura, madres y abuelas han sido siempre propensas a «embutir» a los niños.
– Las abuelas no tanto. Por ejemplo, no hacían purés. Yo recuerdo cuando mi madre se compró un «minipimer», antes no había y los niños comíamos comida cortada en cachitos. Y ahora niños de tres años están comiendo purés y si encuentran un trocito que quedó sin triturar les dan arcadas y entonces ya no comen en todo el día. Eso ocurre por haberles dado purés mucho tiempo y llega un momento en que al niño se le pasa la edad de empezar a probar. 

– ¿Tenemos que hacer caso al niño cuando dice quiero más o no quiero más?
– Sin el menor género de dudas. El niño es el único que sabe lo que necesita comer, como cualquier ser vivo. Un mosquito, cuando tiene hambre, pica. Y tiene cerebro de mosquito. Entonces, tu hijo claro que sabe comer, si hasta los mejillones comen.

– ¿Y cómo hacemos para que coman pescado?
– A la mayoría de los niños el pescado no es lo que más les gusta. Pero no pasa nada. Los niños pasan por etapas bastante típicas: durante los primeros meses lo prueban todo, de hecho comen papel de periódico o van gateando y le quitan las galletas al perro. Un niño que es capaz de comer papel de periódico también es capaz de comer lechuga. A partir del año o año y medio, según el niño, típicamente empiezan a decir «esto no me gusta», «no quiero» y llegan al menú infantil. Si mañana llega a comer a tu casa un niño de ocho años ¿qué preparas?, ¿acelgas?

– Creo que no.
– No, harás macarrones, porque sabes que los niños de ocho años comen macarrones, pollo, patatas fritas, flan. Y bueno, alguno habrá que pruebe las acelgas, la lechuga o el pescado, aunque no muy entusiasmados. Y luego vuelven a cambiar y hacia la adolescencia o un poco después vuelven a comer de todo. Si a un niño le dejan en paz y no le presionan, comerá muchos más macarrones que verdura, mucho más pollo que pescado, pero la mayoría comen un poquito de verdura y pescado. Si insistes, lo que consigues es que lo aborrezcan para siempre.

– Ha hablado también de la autoridad de padres y madres. ¿Cuál es su punto de vista?
– Hay que comprender que todos los padres y madres tenemos autoridad sobre los niños que es natural, inevitable y proviene del hecho de que somos más altos, más fuertes, más viejos y tenemos más experiencia para saber lo que hay que hacer. Y sobre todo proviene de que nuestros hijos nos quieren muchísimo y están deseando obedecer. Los niños nos obedecen casi continuamente, pero hay que ser consciente de que la obediencia al 100% no se puede conseguir, es imposible.

– ¿Y cómo actuar?
– Tienes que comprender que hay cosas más importantes y otras menos importantes. Las cosas realmente importantes todo el mundo sabe hacerlas. ¿Vas a dejar que tu hijo beba lavandina, se tire por la ventana o le pegue a otro niño? No. Pero nadie tiene dudas sobre esto. No hay ningún padre que se plantee comprarse un libro sobre cómo poner límites a los niños porque cuando va a beber lavandina no sepa qué hacer. ¿Cómo es posible que haya gente planteándose cómo aprendo a poner límites? Porque no estás hablando de los límites normales, que ya los sabías poner, sino de límites que no son lógicos, razonables, sino que son solo para demostrar quién manda aquí. Esto se hace por santas narices mías.

– Pero a veces los padres también están presionados.
– Les marean mucho con ese concepto de que una vez que le has dado a un niño una orden es importante no ceder, no echarte atrás porque te toma el pelo, tiene superioridad. Eso son chorradas. El que no cedía era Franco, los gobiernos democráticos sí que ceden, tanto los de derechas como los de izquierdas.

– ¿Y no hemos pasado de un modelo en exceso autoritario a otro demasiado laxo, que el niño haga lo que quiera?
– Puede haber alguno, pero realmente hay muy pocos padres que dejen al niño que haga lo que quiera. Y muchas veces en realidad eso no es permisividad, eso es pasotismo. Es decir, es más fácil dejar que el niño vea la televisión durante horas que apagarla y ponerme a jugar con mi hijo, contarle un cuento o llevarle al parque a pasear. Cuando ves padres que dejan ver al niño la televisión durante horas o que les regalan mucho dinero, les compran muchos juguetes carísimos a los que el niño no hace ni caso o les compran muchos dulces hay gente que dice, «le están consintiendo al niño y luego sale un niño malcriado». Pero no le están consintiendo, están ignorando al niño. Los que en realidad están consintiendo al niño, es decir, dándole lo que necesita son los que apagan la tele aunque se tenga que perder el partido de copa y se llevan al niño a las hamacas. Y eso no malcría al niño ni le produce ningún problema, sino que demuestra cariño y respeto hacia el niño. No podemos confundir las dos cosas porque luego hay padres a los que tienen atemorizados: «No le hagas upa porque se malcriará». A ver, puedes hacerle upa a tu hijo todo lo que quieras, eso no hace ningún daño.

Autor: Carlos Gil. Publicado en el Diario de Ibiza

 

Semana Mundial de la Crianza en Brazos

A diferencia de lo que se creía antes, el portear a los niños en brazos es bastante estimulante y otorga grandes beneficios para el desarrollo de su percepción del exterior.
Algunos de los beneficios:
• Enriquece el desarrollo neurobiológico: Al cargar en brazos a nuestros bebés todos sus sentidos se activan y se estimulan.
• Potencia la confianza en sí mismo: Se sienten acompañados, otorgando un vínculo de apego que ayudará a enfrentar y superar de mejor manera los desafíos que se presenten más adelante.
• Fortalece una base emocional segura: Cada vínculo que se genera en esta etapa tendrá una implicancia en los sentimientos de seguridad, autoestima y posteriores relaciones sociales.
“Estamos en  la semana mundial de la crianza en brazos.”
Cerquita, pegados piel a piel, abrazados y contenidos. Los bebés en brazos no se “malcrian”.  Los brazos son una NECESIDAD de los seres humanos ( por algo nacemos sin saber caminar)

Actualidad: «El contacto con bacterias los mil primeros días de vida es clave para el sistema inmunitario»

Mª Carmen Collado, Investigadora del CSIC en transmisión del microbioma de madres a hijos: «Adquirimos nuestro primer montón de bacterias en el canal de parto. En un futuro el trasplante de heces se normalizará»

Para todas las generaciones que aprendieron biología con la serie de dibujos animados «Érase una vez la vida», los microbios, familia de la que forman parte las bacterias, eran unos bichos narigudos con el pelo «punky» de color naranja y malos, muy malos. Aunque en el colegio todavía se estudia a los microbios como enemigos, lo cierto es que nuestra relación con ellos es más beneficiosa que patógena. En nuestro cuerpo, además de las células humanas, viven 40 billones de microorganismos, forman un ecosistema al que llaman microbioma, son 100 veces más la cantidad de estrellas que hay en la Vía Láctea y tienen un rol importante en nuestro sistema inmunitario. De ello se habló en el congreso internacional organizado por IrsiCaixa, la Obra Social «La Caixa» y la Generalitat esta semana: «The Barcelona Debates on Human Microbiome». En el que la investigadora del CSIC, Mª Carmen Collado, informó de la transmisión del microbioma de madre a hijo.

-Ahora resulta que los microbios son amigos

-La palabra bacteria ha tenido connotaciones negativas para la salud porque hay infecciones y problemas causados por bacterias patógenas. Pero nuestro organismo contiene bacterias que han evolucionado con nosotros y ejercen efectos beneficiosos. Las bacterias que vivien en nuestro organismo se conocen con el nombre de microbiota. Es un complejo ecosistema que si se desequilibra por estrés, una infección vírica o bacteriana crea problemas. El símil para entender el cuerpo humano es imaginar un ecosistema como el de la selva, el león sólo nos puede parecer malo pero juega un papel muy importante en el equilibrio de esa fauna y cuando se rompe ese equilibrio las consecuencias son negativas.

-¿Cómo incorporamos las bacterias a nuestro organismo?

-Llegan a nuestro organismo en el momento del nacimiento, aunque cada vez hay más estudios que demuestran que estamos expuestos a bacterias durante la gestación, incluso, en la concepción. Se sabe que el aparato reproductor femenino y masculino tienen bacterias. Pero la exposición a las bacterias antes del parto es limitada. El entorno en el que vive el bebé en el útero es bastante estéril y es en el momento del parto cuando tenemos contacto con el fluido vaginal, sangre, heces de la madre y el ambiente que las adquirimos y estimulan el sistema inmunitario.

-¿Y qué pasa con los niños que nacen con cesárea?

– Al no pasar por el canal vaginal, su primer contacto son con las bacterias ambientales.

-¿Hay diferencias entre unos y otros niños?

-Tienen una exposición bacteriana distinta. El que nace por parto natural tiene unas bacterias más parecidas a las de la madre y una mayor diversidad bacteriana. El niño nacido por cesárea tiene bacterias adquiridas en el ambiente hospitalario y a través del contacto con la piel. Hay estudios epidemiológicos que señalan que niños que han nacido por cesárea tienen más riesgo de padecer enfermedades no transmisibles como la obesidad o la diabetes.

-¿Y más alergias?

-Sí. La exposición bacteriana en los primeros mil días de vida es clave porque esa colonización se desarrolla en paralelo a la maduración del sistema inmune. Si este sistema inmune no se desarrolla y madura correctamente, hay mayor riesgo de problemas de salud. Hablamos de riesgo, el ambiente y la dieta juegan un papel clave.

-¿Qué importancia tiene la lactancia materna?

-Mucha. Además de aportar nutrientes, proporciona compuestos inmunológicos. La madre le transmite todo su conocimiento inmunológico al bebé. La leche materna contiene una gran cantidad de compuestos bioactivos, proteínas, péptidos, bacterias, oligosacáridos… Cada vez que el niño se alimenta, recibe estos compuestos bioactivos que contienen dianas específicas que fortalece un intestino en evolución.

-¿La leche de fórmula tiene todos estos compuestos?

-No, aunque cada vez son más completas.

-¿Las personas que viven juntas comparten bacterias?

-Y los animales también.

-¿Es una bueno que los niños tengan contacto con los perros?

-Es fundamental el contacto con los animales, excursiones al campo… tener contacto con una variedad de bacterias. Vivimos cada vez en un ambiente más limpio, la comida está más procesada e utilizamos jabones y antibióticos. Nuestra exposición a las bacterias cada vez es menor y eso repercute en la respuesta de nuestro sistema inmune frente a ciertos agentes.

-Y ¿que hay de la utilización de la microbiota para combatir enfermedades como el cáncer o el VIH?

-Los estudios aún son muy incipientes, pero enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la diabetes están relacionadas con alteraciones de la microbiota. Si entendemos qué papel juegan las bacterias en estas enfermedades podremos tener más armas para combatirlas.

-¿Por eso son importantes los bancos de heces que reclaman algunos hospitales?

-Se está investigando mucho sobre el trasplante fecal. Hay un 98% de eficacia en diarreas causadas por «clostridium difficile», la más habitual. Ayuda a equilibrar la microbiota. Se está trabajando también para problemas de obesidad. Pero hace falta más investigación: cómo definir el donante; si son las bacteria o los metabolitos los que ejercen el efecto; con qué método de administran las heces si con un edema, una pastilla o con sondas para llegar al intestino. Es algo en movimiento y lo acabaremos viendo. Barcelona y Madrid ya tienen hospitales que guardan muestras para estudiarlas, aunque no se utilizan como terapia.

-¿Qué futuro nos depara el estudio de la microbiota?

-Aún estamos conociendo su capacidad de interactuar con nuestros genes y de modular nuestra salud. Hay quien dice que somos más bacterias que seres humanos. El genoma bacteriano es más grande que el humano y es la epigenética la que estudia cómo las bacterias pueden controlar a genes que intervienen en una enfermedad.

Fuente> www.larazon.es

 

Actualidad: Siguen apareciendo casos de alergia a la proteína de la leche de vaca por culpa del “biberón pirata”

Durante muchos años, en la maternidad de muchos hospitales se ha llevado a cabo una peligrosa medida para “ayudar” a las madres a que sus hijos estén más tranquilos: darles un biberón mientras la madre no tiene la bajada de leche.

A menudo se ha instado a las madres a aceptarlo: “Dale un biberón, mujer, que así está más tranquilo y luego, cuando te baje la leche, ya lo amamantas”; pero a menudo se ha hecho también a espaldas de sus madres.

A este segundo biberón se le conoce como “biberón pirata”, y es el culpable (junto con el otro, el que se da con el consentimiento de la madre), de muchos casos de alergia a la proteína de la leche de vaca.

 ¿De verdad dan biberones porque no ha bajado la leche?

Estaba haciendo el método canguro con mi hijo mediano en el hospital, en la unidad de neonatos, por haber nacido prematuro, cuando a mi lado pusieron a una mujer que acababa de ser madre cuyo bebé necesitaba atención especializada.

Le preguntaron si quería darle el pecho, y respondió que sí, así que le ayudaron a que lo amamantara. Tras un rato, la enfermera se le acercó con un biberón y le dijo: “Vale, muy bien. Ahora, como todavía no tienes leche, le tienes que dar este biberón para que vaya comiendo”.

Yo me quedé muy sorprendido por dos razones: una, que las mujeres no tienen leche nada más parir, pero tienen calostro (que es mucho mejor que darle ninguna leche), y dos, que los bebés que toman biberón para luego ser amamantados tienen más riesgo de alergia a la proteína de la leche de vaca.

¿De verdad dan biberones sin que la madre se entere?

Sí, de verdad. Espero que sea una práctica en desuso, pero son muchas las mujeres que explican que se llevaron a sus bebés y que se dieron cuenta de que les habían dado ese biberón.

Algunas explican que fue directamente allí donde estaba el bebé y las pilló dándole un biberón, y otras cuentan que les devolvieron al bebé tan tranquilo y relajado, que al ir a darle el pecho lo rechazaba y que, al preguntar, confesaban haberlo hecho.

¿Y por qué es peligroso?

Porque la leche de vaca, como muchos otros alimentos, no tiene especificidad de especie y no se puede considerar que sea un alimento que los humanos aceptemos naturalmente porque sí. No venimos predispuestos a tolerarla (sus proteínas son extrañas para nosotros), así que nos tenemos que acostumbrar a ella desde el momento en que la ingerimos por primera vez. Y algunos nos acostumbramos, pero otros no.

Cómo se produce la tolerancia oral

El sistema inmune intestinal tiene la misión de defendernos de aquellas sustancias que son peligrosas o ajenas, así que cuando consumimos algo, se pone en marcha para analizar lo que le llega y valorar si hay algún peligro y debe activar o no la respuesta inmunológica.

Cuando un alimento llega por primera vez, con sus proteínas y microorganismos desconocidos, el intestino decide qué hacer. Si considera esos antígenos como “amigos”, a pesar de ser extraños, se dice que se ha producido una tolerancia oral (el bebé consume los antígenos, esas sustancias que no forman parte del cuerpo y le son extrañas, pero el intestino las acepta).

Esta tolerancia se basa en múltiples factores difíciles de explicar, porque aún no se sabe muy bien a qué responde. Se habla de que la tolerancia depende de la predisposición genética, de la naturaleza del antígeno, de la cantidad de antígeno que recibe el bebé, de la frecuencia con que se administra, de la edad al consumirlo por primera vez, del estado inmunológico del bebé (si está con gastroenteritis), si la madre consumía ese alimento embarazada, si lo consume mientras amamanta, etc.

Cómo se produce la intolerancia o alergia

Pues bien, en ocasiones, todos estos factores hacen que en vez de que se produzca la tolerancia, aparezca la situación contraria: que el cuerpo, al recibir ciertas sustancias que no conoce, las considere enemigas y actúe contra ellas. Es cuando se segrega la inmunoglobilina IgE y aparecen los síntomas de alergia. Cuando hablamos de la leche, hablamos de Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV).

¿Pero por qué el intestino de esos bebés decide que no acepta las proteínas de la leche de vaca? Pues entre otros factores (de los comentados), porque la cantidad de leche que consumen es suficiente para provocar una respuesta, pero insuficiente para que haya tolerancia.

Se sabe que las personas, los bebés, pueden clasificarse en dos tipos en base a su herencia genética, en lo que a alergias se refiere: los atópicos y los no atópicos.

Los no atópicos serían los niños con poca predisposición a padecer una alergia, y los atópicos serían aquellos que tienen más riesgo de padecer cualquier alergia, probablemente porque el padre y/o la madre son alérgicos a algo (no tiene por qué ser a la leche).

Los atópicos son los bebés también conocidos como “altorrespondedores”, que quiere decir que tienen un sistema intestinal inmune que responde actuando contra un alimento si no lo recibe en cantidad más o menos elevada. ¿Cuánto de elevada? Depende. Depende del umbral de cada bebé, pero los bebés atópicos tienen un umbral elevado en comparación con los bebés no atópicos, que con poca cantidad ya toleran un alimento.

Así, cuando un recién nacido recibe por primera vez leche de vaca a través de la fórmula para lactantes en un biberón, se produce una inducción de anticuerpos IgE; y en una segunda exposición se produce la diferencia: los “bajorrespondedores” aceptan el alimento aunque lo tomen en poca cantidad y los “altorrespondedores”, o atópicos, empiezan a rechazarlo, porque su intestino segrega aún más cantidad de IgE.

¿Y esto es lo del biberón pirata?

Así es. El biberón pirata y los biberones como suplemento de los primeros días, cuando el bebé come muy poca cantidad, no provocan ningún problema en los bebés no atópicos, pero pueden inducir la alergia en los bebés atópicos porque su administración no es continuada: el bebé recibe poco, una cantidad inferior a su umbral de tolerancia, y en vez de aceptar la leche, la rechaza.

Si desde el principio se les da biberón y cada vez que tienen hambre se les da otro, y así sucesivamente, a demanda, durante todo el día, la cantidad de leche es elevada y es mucho más difícil que el bebé desarrolle alergia a pesar de ser “altorrespondedor”.

Pero si solo se le da algún biberón de vez en cuando y la mayoría del alimento es la leche materna, o si se le da algún biberón los primeros días y luego dejan de tomarlos porque son amamantados, el riesgo es mucho mayor.

Así que ya es hora de que se elimine el “biberón pirata” de las maternidades, que se elimine el biberón por protocolo después de cesárea (también hay hospitales que dan un biberón tras la cesárea por la separación entre madre y bebé) y que solo se haga uso de la leche de fórmula, si el bebé será amamantado, cuando se tenga muy claro que su uso es necesario (si ha perdido peso porque la lactancia no es eficaz y hay que nutrir al bebé cuanto antes).

Autor: Armando Bastida