El Hierro y la Lactancia

Por Carlos Gonzalez

La leche materna es pobre en hierro, pero ese hierro se absorbe muy bien, mejor que el de cualquier otro alimento. La de vaca también es pobre en hierro, que además se absorbe muy mal. Y la leche de todos los mamíferos que se han analizado es pobre en hierro. Cuando a una madre se le dan suplementos de hierro, la cantidad de hierro en su leche no aumenta. Lo cual resulta muy llamativo, porque si a esa misma madre le damos una aspirina, la cantidad de aspirina en su leche sí que aumenta. Existe, al parecer, un mecanismo biológico que impide, activamente, que en la leche haya demasiado hierro. ¿Será que el exceso de hierro no es bueno para las crías? Se dice (pero no hay pruebas, que yo sepa) que el exceso de hierro en el tubo digestivo del bebé podría facilitar la diarrea, porque varios de los microbios malos que producen diarrea necesitan mucho hierro para vivir, mientras que los microbios buenos, los lactobacilos que forman la flora digestiva de los niños de pecho, pueden vivir con muy poco hierro. En un par de estudios, los niños sanos, sin anemia, a los que se daban suplementos preventivos de hierro, al cumplir el año pesaban y medían un poco menos que los del grupo control, sin suplementos de hierro. Parece que darle mucho hierro a un bebé que no lo necesita no es del todo inocuo, y tal vez convendría evitarlo (estoy hablando de los que no lo necesitan. Si su hijo tiene anemia y le han mandado hierro, por supuesto que se lo tiene que dar).

Y si la leche tiene poco hierro, ¿por qué no tienen anemia todos los bebés, desde que nacen? ¿De dónde sacan el hierro? No lo sacan de ningún sitio; los niños ya nacen con depósitos de hierro.

El hierro forma parte de la hemoglobina, la molécula que transporta el oxígeno por la sangre. El feto toma el oxígeno de la sangre de la madre, a través de la placenta. Imagine la placenta como una red, a uno y otro lado dos equipos juegan a pasarse la pelota. El que se queda la pelota gana. Pero la naturaleza no puede permitir que la madre gane ese partido; si la madre se queda con el oxígeno, su hijo muere. Así que hace trampas. El equipo del feto tiene más jugadores, y son todos profesionales. El feto tiene un tipo de hemoglobina especial, la hemoglobina fetal, que se engancha más fuerte al oxígeno que la hemoglobina normal. Y además tiene muchísimos glóbulos rojos, más (por mililitro) que su madre e incluso más que su padre (los varones adultos tienen más glóbulos rojos que las mujeres; pero el feto tiene todavía más).

El resultado es que, cuando nace, el feto tiene un montón de glóbulos rojos sobrantes. Rápidamente se destruyen no solo los que sobran, sino todos, porque ya no necesita hemoglobina fetal. Y al mismo tiempo se van fabricando los nuevos glóbulos rojos, con hemoglobina normal. La hemoglobina que se destruye se convierte en bilirrubina; por eso a los recién nacidos les sube un poco y se ponen ictéricos (amarillos). Entre el mes y los dos meses se alcanza el punto más bajo, cuando quedan pocos glóbulos rojos fetales pero aún no se han fabricado suficientes glóbulos normales, y el bebé tiene una anemia transitoria, la anemia fisiológica del lactante (fisiológico quiere decir que es normal, que no es ninguna enfermedad).

El hierro de aquellos glóbulos rojos sobrantes se almacena, y se va empleando poco a poco para fabricar nuevos glóbulos. Así que el gran problema es: ¿cuánto durarán los depósitos? Cuando el hierro almacenado se acabe, el poco hierro de la leche materna resultará insuficiente, y el bebé necesitará comer otros alimentos ricos en hierro.

Hace ya varias décadas se hicieron cuidadosos cálculos, y se llegó a la conclusión de que esos depósitos se pueden agotar entre los seis y los doce meses. Y eso coincide bastante bien con la realidad: a los seis meses se empiezan a ver algunos bebés con anemia, a los ocho meses algunos más, a los diez meses, más todavía… Basándose en aquellos datos se suele decir que «a partir de los seis meses, el hierro en la leche materna es insuficiente, y por lo tanto hay que introducir la alimentación complementaria». Pero, claro, eso es solo una simplificación muy exagerada. Sería más correcto decir: «A partir de los seis meses, algunos bebés pueden necesitar alimentación complementaria, mientras que otros tienen suficiente hierro solo con el pecho hasta los doce meses» (o puede que más). El problema es saber quién necesita hierro y quién no.

Esos cálculos se hicieron en una época en que era costumbre pinzar y cortar el cordón umbilical nada más nacer. Hoy sabemos que es mejor cortarlo unos minutos después, y que así disminuyen los casos de anemia al año de edad.

El posible déficit de hierro a partir de los seis meses es uno de los principales argumentos para iniciar la alimentación complementaria a esa edad.

Muchos niños de pecho se niegan en redondo a comer otras cosas hasta los ocho o diez meses, o más; y cuando digo en redondo quiero decir que ni una cucharada. Y otros muchos apenas comen tres o cuatro cucharadas, y aquí viene otro desacuerdo sobre la nomenclatura, porque cuando un niño come tres cucharadas, las madres suelen decir: «No come nada»; pero yo digo: «Sí que come».

Personalmente, creo que los niños que se niegan a comer papillas es porque ya tienen hierro suficiente, y que en el momento en que necesiten hierro (o cualquier otra cosa) ya espabilarán para comer. Así que los padres lo único que tienen que hacer es ofrecerles alimentos ricos en hierro, y pueden quedarse tranquilos, tanto si el niño se los toma como si no. Pero es solo una creencia, no conozco ningún estudio científico que lo demuestre.

Otros creen todo lo contrario: que el déficit de hierro les hace perder el apetito, y por eso no quieren papillas y les falta aún más hierro y entran en un círcu lo vicioso. Y en esa situación, los padres no deberían estar nada tranquilos. Pero es solo otra creencia; tampoco conozco ninguna prueba científica.

En cualquier caso, cuando un niño se niega a comer no se le puede obligar. No solo es contrario a la ética (no se puede obligar a comer a un ser humano), sino que es inútil. Decenas de miles de madres pasan horas intentando que sus hijos coman, y no consiguen nada. El consejo (tantas veces escuchado) de «no darle teta, y así cuando tenga hambre ya comerá otra cosa» es absurdo y aberrante: la leche materna es el mejor alimento que existe, y contiene cientos de ingredientes; no tiene ninguna lógica privar a su hijo de todos ellos solo para que tome un poco más de hierro.

Hay una opción mucho más sencilla. Si el niño rechaza todas las papillas y solo quiere pecho, y los padres o el pediatra están preocupados por la posibilidad de que le falte hierro, solo tienen que hacerle un análisis. Si está bien, todos tranquilos, puede seguir sin papillas. Y si de verdad le falta hierro, pues se le dan unas gotitas de hierro, y santas pascuas. Con pecho y hierro puede seguir sin papillas todo el tiempo que quiera.

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Fuente: “Comer, amar, mamar” de Carlos Gonzalez

Sabías que?

De acuerdo a investigaciones recientes, se ha descubierto que es el bebé quien activa el parto. Muchos piensan que los síntomas que experimenta la madre que le anuncian el parto, nacen en ella.
La señal que activa el trabajo de parto viene de los pulmones del bebé. En los pulmones del bebé se encuentra el botón que inicia el parto. Los especialistas del Southwestern Medical Center de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, han realizado este hallazgo.
Cuando cae una manzana? Cuando está madura. Por esto los bebés necesitan que éste órgano esté maduro para poder permanecer en el exterior.
A las personas pueden fallarnos otros sistemas y sobrevivir de todas maneras. Sin embargo, si falla el sistema respiratorio entramos en crisis y corremos peligro. Es por ello que el bebé necesita que sus pulmones estén maduros para nacer.
De acuerdo a investigaciones científicas, se considera que los pulmones están maduros cuando están completos los niveles de surfactante pulmonar. El surfactante es un elemento presente en todos los humanos dentro de los alvéolos, su función es la de hacer posible la respiración. Esta sustancia evita que los pulmones se queden totalmente sin aire cuando se vacían al respirar.
Explican los investigadores, que en el útero hay una sensibilidad al incremento de éstas sustancias por lo cual se genera una respuesta. Bien, los pulmones del bebé se llenan de surfactante, en consecuencia aumenta la cantidad presente en el líquido amniótico. Como respuesta, el útero de la madre se inflama y entra en fase de parto.

La Lecha Materna: Oro Biológico

Aunque lleva acompañando al ser humano desde el principio de los tiempos, la leche materna no se ha estudiado demasiado hasta la fecha. Así se explica en un artículo publicado recientemente en la revista Science que, bajo el título, La primera comida funcional de la naturaleza, despliega todas las virtudes de este alimento, que van mucho más allá de la nutrición del bebé.

Según Ardythe Morrow, epidemiólogo del Cincinnati Children’s Hospital de Ohio, durante el último medio siglo se ha ignorado el estudio de la leche materna por considerarse algo “no moderno”. Ahora, sin embargo, las tornas han cambiado y este “producto” se ha convertido en un área de interés para la ciencia.

Según este experto, este resurgimiento tiene una explicación: durante mucho tiempo se ha sabido que la leche materna es abundante es oligosacáridos, carbohidratos complejos que, teóricamente, los humanos no pueden digerir pero en los que las bacterias ‘buenas’ sobreviven y prosperan.

Hace 50 años, cuando estos oligosacáridos se descubrieron, no existía la tecnología necesaria para conocer su estructura y determinar su efecto en lo que hoy se conoce como el microbioma del intestino del bebé. Incapaces de progresar en el conocimiento de este asunto, los científicos -siempre según el artículo- perdieron interés en la posible conexión entre leche y microbios.

Las cosas han cambiado recientemente, tanto por los avances en química analítica como por el creciente interés en la fauna microbiana presente en el organismo humano, así como por el movimiento que ha popularizado la lactancia materna, cuyos beneficios son resaltados hasta por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Así, en el artículo se explica que estas conexiones se están investigando con entusiasmo otra vez. Algunos investigadores se han centrado en hacer un mejor uso del microbioma impulsado por la leche, mientras que otros han documentado como la leche materna va más allá de alimentar al recién nacido y su flora bacteriana “buena”. La leche materna, sostienen, contiene también toda otra serie de componentes que reducen los patógenos, impulsan un sistema inmunológico robusto y llevan a cabo otras funciones.

De hecho, en los últimos tiempos se han descubierto que las madres traspasan a sus hijos enzimas inactivas que, una vez en el intestino del bebé, fomentan la presencia de moléculas bioactivas de otras proteínas presentes en la leche. “La leche es un fluido genial que ha sido escandalosamente infraestudiado”, afirma David Mills, de la University of California en Davis. “Si podemos identificar los componentes de la leche materna humana que son importantes, podremos entender la “inteligencia” de este producto y descifrar todas sus ventajas”.

A primera vista, la leche materna es toda una mezcla de grasas, proteínas y azúcares. Pero también tiene células del sistema inmune, como macrófagos, células madre aptas para la regeneración y entre cientos y miles de moléculas bioactivas. La leche “no consiste sobre todo en nutrición, más bien en protección inmunológica”, subraya Morrow en el texto.

En realidad, es algo de lo que se empezó a sospechar hace nada menos que 130 años, cuando se vio que los niños amamantados naturalmente sobrevivían más que los que tomaban leche en biberón. En esa tesis se avanzó hasta que, en la década de 1950, dos premios Nobel -Richard Kuhn y Paul György, demostraron que esto se debía a los oligosacáridos que promovían el crecimiento de unos microbios llamados bifidocacterias. Y es ahí cuando las investigaciones dejaron de avanzar. Hasta casi cinco décadas después.

Fue en 2006 cuando el químico de los alimentos Bruce German, también de la UC Davis, volvió a mostrar interés por las conexiones entre la leche materna y el microbioma. Y fue también entonces cuando la tecnología acompañó al avance de la ciencia, ya que fue la espectometría de masas y alguna otra técnica sofisticada la que ayudó a identificar estos oligosacáridos exclusivos de la leche materna.

Sin embargo, en ese primer intento solo una bacteria se logró aislar, la Bifidobacterium longum biovar infantis. Un año después, tras su secuenciación, el equipo de Mills demostró que la bacteria llevaba los genes necesarios para que los oligosacáridos de la leche pudieran digerirse.

El conocimiento en torno a esta bacteria sigue avanzando. Y los científicos quieren que se use no solo para conocer mejor a la leche materna, sino también para prevenir una enfermedad que afecta a los prematuros, la enterocolitis necrotizante. Se especula con la posibilidad de que el microbioma de los bebés nacidos antes de tiempo no sea tan “amable” con los oligosacáridos y genere una sobrerreacción inflamatoria que haga que el cuerpo no los pueda tolerar. Quizás la introducción de la bacteria de forma suplementaria podría ayudar a que esto no ocurriera.

Los científicos no son los únicos que han vuelto con fuerza a poner sus ojos en el estudio de la leche materna. También lo han hecho las empresas que fabrican leche de fórmula. “La primera compañía que consiga introducir un oligosacárido en su producto, marcará la diferencia“, explica el nutricionista Lars Bode, de la UC San Diego.

Este auge de la investigación, concluye el artículo, pone de manifiesto lo que ya es indudable: la complejidad y los poderes de la leche que cada madre fabrica de forma natural para sus recién nacidos. “La evolución ha creado el alimento funcional más poderoso. Ahora solo nos falta entenderlo”, concluye Mills.

Fuente: http://www.elmundo.es/

Crisis de los 2 Años. Socorro!

El próximo 8 de octubre cumpliremos 2 años de lactancia materna, el mínimo recomendado por la OMS y digo mínimo porque, como dice Elisa Medina en una entrevista para Eroski Consumer, “la duración de la lactancia materna no es “hasta los dos años”, sino, a partir de los dos años, tanto tiempo como madre e hijo quieran”. Jamás pensé que llegaríamos hasta aquí, y no porque no sea posible llegar, sino porque me he pasado gran parte de este tiempo pensando en plazos: “a ver si llegamos a los 6 meses”, “a ver si llegamos al año”…
Nuestro camino comenzó con algunas grietas sin importancia, algo de desconfianza y con varias “crisis de crecimiento”. Atrás quedaron los miedos e inseguridades y a medida que Mara fue creciendo, y la lactancia se fue consolidando, yo también fui aprendiendo de ella(s). Pero cuando creíamos que todo era perfecto, absolutamente normal, y que éramos grandes expertas en esto de la teta… Zas! Llegamos a los dos años y, como si nos hubiéramos montado en el DeLorean, retrocedemos a 2013: Mara con 22 meses demandaba teta como si fuera un bebé de semanas.

¿Qué es la crisis de los dos años?
En plenas vacaciones en Portugal, y sin previo aviso, llegó. Mara comenzó a pedir teta como si tuviera semanas y sólo quería estar en mis brazos, algo que me produzco cierto desconcierto y muchísimo agotamiento. Así que me puse a investigar a través de Internet si había por ahí alguien más a quien le hubiera sucedido lo mismo que a mi. Y así era. Estábamos inmersas en la llamada crisis de los dos años.
“A los dos años viven su primera “adolescencia”. Son muy independientes y hacen muchas cosas solitos pero a la vez todo les da miedo. El mundo es enorme y la teta es su refugio, algo así como su salvavidas, el lugar donde encontrar paz. Y todo el día están de aventuras por lo que todo el día, o gran parte de él, están pidiendo teta”, me explica Alba Padró, consultora IBCLC y asesora de lactancia materna. Y ahí estábamos nosotras. Inmersas en un mar de descubrimientos.
El asunto no acaba ahí. Junto a ese aumento exponencial de la demanda de pecho, Mara comenzó a pedirlo con urgencia, diría que con enfado: “Mamá teta aquí, teta aquí”, repetía a gritos una y otra vez en cuanto intentaba bajarla al suelo o correteaba durante un rato. ¿La explicación? Me la daba Alba Padró: “Su sed de independencia se junta con el tema de su reafirmación y la etapa del “no” por lo que cuando tardas en darles la teta, o lo quieres aplazar, se lo toman muy mal. A los dos años el lema es: ¡teta, aquí y ahora! Y como se te ocurra no darles la teta se enfadan mucho, que por otro lado aunque sorprendente es lo que toca y lo que deben hacer. Las madres se suelen sorprender mucho porque su dulce bebé pasa una temporada de enanito gruñón. Y no es que la teta les haga gruñones o maleducados o, peor aún, tiranos. Es, simplemente, un proceso natural que tiene principio y fin. Si les recibimos de la manera más amorosa posible cuando piden de manera poco adecuada, les damos pecho en la medida que podamos o les expliquemos que por lo que sea no podemos en ese momento van a ir aprendiendo poco a poco a pedirlo de otra manera.” Y todo pasa. Mara siempre ha sido muy demandante. Mucho. Pero estos niveles de demanda y exigencia eran de campeonato. Poco a poco parece que ese ansia se ha ido calmando. Al menos de momento. Atrás han quedado varias semanas de demanda extrema y muchos brazos de mamá.

Agitación por el amamantamiento
Como recoge Alba Padró en este texto en Espacio Lactancia, se estima que el destete o fin de la lactancia en el ser humano se sitúa entre los dos años y medio y los siete. En el tiempo que una madre amamanta se pueden sentir infinidad de sentimientos, muy diferentes unos de otros. Como bien dice Alba “ser madre es duro y las madres suelen tener las emociones a flor de piel, experimentado, a veces, una montaña rusa de sensaciones.”
La demanda excesiva de Mara junto con los gritos, las rabietas y el agotamiento provocaron que en muchas de las tomas sintiera un rechazo brutal a seguir dando el pecho. Era un sentimiento raro, confuso, desagradable que me hacía sentir enormemente culpable. Encontré que podría ser lo que llaman “agitación por el amamantamiento” y que no es otra cosa que el rechazo hacia el niño/a cuando mama. Necesitaba que Mara dejara de demandar de esa forma. Poco se ha escrito al respecto sobre esto, creo que no es un tema del que se hable de forma abierta. Marta Gual del blog Mapellcor en mayo de 2013 contaba una experiencia de rechazo similar causada por su lactancia en tándem. Cristina, de Madre y autónoma, también explicaba en este post un sentimiento muy parecido al darle el pecho a su hijo, algo que le condujo a plantearse el destete. Y es que, no es fácil decir abiertamente que ya no puedes más. Por un lado, sientes miedo a los “te lo dije” o “¿lo ves?”, comentarios nada afortunados y carentes completamente de lógica. Por otro, te sientes culpable por sentir ese rechazo sin sentido, por no controlar ese sentimiento que nos sorprende y nos derrumba a partes iguales.
Pero, como decía más arriba, todo pasa. Y todo ha vuelto a la normalidad. Por lo que cuenta Alba Padró, “se desconocen las razones por las que aparece el sentimiento de rechazo, pero se cree que quizá aparece por la necesidad inconsciente de acelerar el crecimiento de nuestros bebés. De la misma manera que las hembras de los pájaros animan a sus polluelos a salir del nido, nosotras en un determinado punto de lactancia necesitamos que se hagan mayores.“

Tips que me han servido para superar la crisis de los dos años
Vivir una crisis de lactancia, y superarla, es algo agotador. A los tres meses vivimos la peor, yo diría que la crisis que puede marcar el fin de tu lactancia si no dispones de la información (y de la paciencia) adecuada. Lo contaba aquí Un papá en prácticas. Y que conste que con esto no quiero decir ni que dar el pecho sea un sacrificio, ni que sea algo complicado o cosas similares. Simplemente creo que es importante saber que estas cosas pueden ocurrir para que, si suceden (que no tienen porqué), podamos enfrentarnos a ellas. A mi me pilló por sorpresa. Zas!
¿Qué me ha servido a mi para sobrevivir a la crisis de los dos años?
– Paciencia infinita. Esto creo que es algo fundamental para no desatar la tormenta. Sacar paciencia de dónde ya no había y comprender lo que estaba pasando me ha servido para controlar en cierto modo que la situación me superara. La maternidad me ha regalado toneladas de paciencia.
– Hablar de ello. Cuando algo me preocupa o afecta de algún modo negativo lo digo. Eso sí, al principio entro como en una especie de espiral de soledad y no quiero hablar con nadie pero después me viene fenomenal sacarlo. El desahogo es necesario sea en la forma que sea: hablar, llorar, gritar…
– Buscar apoyo. Para mi esto es fundamental. Adrián ha sido siempre un gran apoyo en mi lactancia y aquí no podía ser menos. Sólo con escuchar cómo me sentía ya me ayudaba muchísimo. No necesito más. Creo que también está bien buscar apoyo externo de alguna asociación de lactancia o de una puericultora para sentirnos respaldadas ante una situación similar.
– Un cambio. A veces también es necesario un cambio aunque sea mínimo. Durante nuestra crisis había momentos en los que el cuerpo me pedía salir corriendo. ¿Qué hice? Llevarlo a cabo. Adrián entretenía a Mara con algo que le llamara la atención y yo me tomaba un tiempo en soledad para resetear la mente. Aunque sólo fueran unos minutos, a mi me funcionaba. He leído que muchas madres ante una situación así necesitan destetar y estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Pilar Martínez, asesora de lactancia, sobre ello: “Si la agitación nos empuja a destetar a nuestro hijo tampoco debemos sentirnos mal por ello. La lactancia es una cosa de dos y tanto el bebé como la mamá deberían disfrutarlo”.
– Leer otras experiencias / información. Para mi, encontrar que había información al respecto fue una gran ayuda. Maternidad Continuum (Pilar Martínez) o Espacio Lactancia (Alba Padró) tratan de forma clara y concisa el tema de la crisis de los dos años y la agitación por el amamantamiento.
Quizás lo peor de la lactancia no sean estas crisis en sí mismas sino la poca empatía y desinformación del entorno ante ello. La famosa frase “ese niño lo que tiene es vicio” o “es muy mayor para tomar teta” comienza a resonar a partir de cierto momento de tu lactancia. Y, pese a que no son comentarios con maldad (o eso quiero pensar) molestan enormemente. Ante esto, paciencia y divulgación, my friends.

Nota publicada en 2015 por Diana Oliver, cofundadora de Tacatá Comunicación y periodista española.

Los niños se portan peor con su mamá

Lactancia materna en múltiples

Sabemos que la leche materna está especialmente diseñada para cada bebé; la lactancia materna es la fórmula ideal por naturaleza para nutrirlos. Esto es así independientemente de si llegan solos o acompañados. Los mellizos o gemelos pueden llevar una lactancia materna exclusiva sin problemas y recibir asi todos los beneficios.

Para lograr esto las madres necesitan confiar en sus habilidades y estar informadas para entender las peculiaridades de la llegada de dos bebés.

Saber como se produce la leche humana, la ayuda a reforzar su confianza: la información fidedigna y con base cientifíca será su mejor herramienta. Cuanto más estímulo reciba el pecho, mayor será la producción de leche: si maman dos bebés se producirá leche suficiente para cubrir las necesidades de ambos.

Los bebés tienen que realizar buenas tomas durante el tiempo suficiente para lograr un buen vaciamiento y estímulo. Es importante tener presente en que semana de gestación nacen, observar si hay una importante diferencia de peso entre uno y otro, mirar el ritmo individual y la actitud de cada uno a la hora de mamar, las respuestas frente a los estímulos, la frecuencia de la necesidad de mamar, el temperamento, el comportamiento de cada bebé, la forma de emitir señales, las respuestas frente a la acción de mamar, etc. Partimos de la base que pese a haber nacido juntos, cada uno es un ser único e individual, con sus propios ritmos y procesos madurativos.

Los bebés que nacen con bajo peso o pretérmino necesitan un seguimiento especial, hay que observarlos regularmente para ver la forma que maman y asegurarse así una toma efectiva, para que se alimenten bien. Tener presente cual succiona vigorosamente y saber si existe esta diferencia como manejarse a la hora de colocar al pecho en forma simultánea a los dos bebés; considerar que el bebé que succiona más enérgicamente favorece al que es más somnoliento,  al estar ambos mamando el que tiene una actitud más pasiva se ve favorecido por el estímulo que realiza su hermano y recibe más volumen de leche con menos esfuerzo.

Si bien es importante amamantarlos individualmente, pasados los primeros dias cuando la mamá esté más familiarizada con el temperamento de cada uno, su manera de mamar, el propio ritmo; colocarlos juntos no sólo la llevará a ahorrar tiempo sino también la beneficiará en la producción de la leche. Su cuerpo al hacerlo tal vez tres veces al día registrará la presencia de dos bebés estimulando el pecho a la misma vez, favoreciéndose así el aumento en la producción láctea por estímulo simultáneo, y el ajuste de la producción a los requerimientos.

Todos los bebés saben mamar cuando nacen, aunque necesitan ser cargados por sus madres y estar en contacto para ir al pecho, ya que no sólo encuentran en él el alimento que los nutre fisiológicamente sino que también cubren sus necesidades vitales de contacto para el desarrollo emocional.

Amamantar permite la cercanía que se necesita para conocer en forma única a cada bebé.  Como ya dijimos, es posible y beneficioso amamantar a los dos bebés en forma simultánea, pero también es importante hacerlo en forma individual para facilitar el vínculo con cada uno.

En las familias de gemelos la lactancia favorece un espíritu de solidaridad, todos pueden participar de alguna manera colaborando, facilitándole la tarea a la mamá para amamantar, ayudando con las tareas hogareñas, colaborando en la atención y en la diaria de las actividades de sus otros hijos, permitiéndole de esta manera focalizar su atención en el cuidado de los bebés, en su descanso y recuperación física y emocional. Tengamos en cuenta que es una mamá que acaba de cerrar con el nacimiento, una etapa de embarazo gemelar donde no sólo se vio atravesada por gestar a dos bebés, sino también por la ansiedad que le produce el pensar en la organizacion familiar y el cuidado, atención, y la responsabilidad que implica el tener dos bebés a la vez.

Pedro Arocas – Alba

Crianza feliz

Control de Esfínteres

Lo que hay que saber:

  • El control de esfínteres es una adquisición del desarrollo del niño. Su adquisición tiene una base orgánica: que implica la maduración neurológica necesaria de su sistema nervioso; y una base emocional que implica el adecuado desarrollo psicoafectivo y buen vínculo con su entorno.
  • El proceso es diferente en cada niño, como caminar y hablar. Es un logro gradual, no puede imponerse ni enseñarse.
  • El período crítico o sensitivo óptimo para que el niño logre controlar: entre los 2 y 3 años de vida.
  • Es un proceso con idas y vueltas. Como todo aprendizaje: no es lineal.
  • Es un paso muy importante en el desarrollo mental, emocional y social del niño porqu es la primera vez que el niño toma la decisión de no dejar libre curso a la satisfacción de sus necesidades, implica crecimiento.

Qué necesita su hijo para lograrlo?

  • Ante todo comprensión, respeto y paciencia. Que sus iniciativas sean respetadas. Confiar en sus capacidades. Respeto hacia los propios ritmos de desarrollo.
  • No forzarlo
  • Proponerle juegos de trasvasado de agua, juegos con masas y/o plastilina entre otros.
  • Hablarle para que avise cuando quiera ir al baño sin presiones.
  • Familiarizarlo con el cuarto de baño.
  • Ver a su pares para imitarlos.