Características del niño de 2 años. Relación madre/padre – hijo.

En esta etapa se integra aún más lo planteado en las etapas anteriores, como la importancia de la comunicación y vinculación por medio de la acción y el lenguaje. Comienza a adquirir mayor relevancia el juego, y la relación con el mundo externo.

A través del juego el niño expresa aspectos internos, lo utiliza como herramienta para crear, procesar, elaborar y representar las diferentes situaciones que incorpora del mundo externo. El niño busca activamente el intercambio, la exploración y la experimentación. El niño se encuentra en un estado de extrema vulnerabilidad. Se derrumba emocionalmente muy rápido. Se frustra con facilidad cuando no logra lo que quiere y llora desconsoladamente.  No puede decodificar sus emociones por lo que el adulto debe respetar sus iniciativas, sus expresiones y ponerle en palabras lo que va sucediendo, nombrando aquellos estados emocionales que se van presentando de forma clara y precisa. Todo esto facilita el registro y expresión de sus necesidades, desarrolla la empatía ya que se siente comprendido y reconocido por un “otro” que lo acompaña y lo cuida con ternura y respeto. La necesidad de contacto corporal continúa sobre todo en aquellos momentos que el niño se siente ansioso, enojado y triste. Es muy importante comprender y ser pacientes frente a la expresión de la agresión, con el acompañamiento adecuado y la regulación afectiva por parte del adulto el niño podrá ir desarrollando la capacidad de manejar su agresión, al mismo tiempo que la posibilidad de reparación, y la adquisición de la empatía en los vínculos y relaciones. 

En esta etapa comienza el proceso de control de esfínteres, ya que el niño se encuentra más maduro tanto emocional como físicamente para lograrlo. Es una etapa intensa con relación a su desarrollo, en la cuál expresará intensos y diferentes sentimientos con relación a su mamá y su papá, comienza afianzarse su propia identidad. Se afianza el proceso de construcción de límites y normas

La función de la madre es de manipulación (handling), las necesidades del bebé-niño cambiaron, por lo tanto la forma de vincularse con él también. Según Jorge Martínez, la interacción entre el niño y su medio ambiente, en el que sus padres desempeñan un rol fundamental, dará como resultado la clase de niño y persona que será. Los padres son los primeros y más importantes maestros del cerebro y la mente de un niño. Es fundamental el rol que los padres desempeñan en estructurar el circuito neuronal que ayuda a los niños a regular la respuesta al estrés.

El sentido de seguridad de los niños surgirá de las relaciones seguras y confiables con sus padres, de las experiencias de todos los días. Esta es una etapa difícil porque el niño se encuentra entre el mundo del bebé y la primera infancia. Para la percepción de su padres, puede parecer más independiente, sin embargo necesita de su presencia y el contacto. Unos padres disponibles le recrean un ambiente facilitador.

Es importante brindarle al niño un entorno seguro, afectuoso y de atención constante, sin ninguna vivencia negativa. La flexibilidad es una cualidad que debería estar presente en la crianza. Cuando hablamos de amor, hablamos de tiempo y es lo que necesita el niño para una crianza adecuada a sus necesidades. 

Al finalizar esta etapa el niño se encuentra emocionalmente más fuerte, más autónomo (independiente). Incorpora la noción de Temporalidad (comienza a comprender el pasado-presente-futuro). Es muy importante acompañarlos, favorecerles y estimular sus logros con relación a su autonomía al mismo tiempo que contenerlos en los momentos que se frustran por lo que aún no pueden hacer por sí solos. Si el proceso del desarrollo madurativo se fue produciendo favorablemente, el niño internalizará aún más la figura materna y sus funciones de cuidado, lo cual lo habilitará y preparará para su socialización con el mundo externo fuera de su familia. Así va constituyendo su identidad (su personalidad), tiene la necesidad de afianzar sus elecciones.

Los padres deben estar muy atentos al bebé y sus señales, ya que él irá indicando el camino de cada una de sus metas. Un niño al que se le respeta su ritmo de adquisición se considera respetado y comprende que lo que hace está bien. Aumenta su autoestima.

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